Musarañas 31

Por: Francisco Segovia

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CURA POR RIMAS

Las lenguas se clasifican según el orden que tienen sus oraciones. En español, por ejemplo, el orden es: sujeto, verbo, predicado (en alemán el verbo va al final). Un nivel más abajo, el español pone casi siempre el sustantivo antes del adjetivo (el inglés lo hace al revés), y por eso una frase puede deshilacharse en una profusión de adjetivos: una casa grande, alta, aireada, arbolada, señorial, roja… Una manera de limitar el exceso de adjetivos, tan denostado en la poesía, es justamente la poesía, pero medida y rimada. Es cierto, desde luego, que uno puede llenar todas las sílabas de un soneto con un solo sustantivo y varias decenas de adjetivos, pero la lección no está exactamente allí, sino en que la rima, comúnmente un adjetivo, obliga a buscar, no lo que viene después, sino lo que viene antes: un sustantivo, un sustantivo que vaya bien con ese preciso adjetivo. De ese modo se invierte la búsqueda. Ya no se trata de calificar una cosa, sino de hallar qué cosa puede adjetivarse así. Si tengo este verso: “Cuando el laurel se deshoja”, y tengo que rimarlo, y lo primero que se me viene a la mente es roja, ¿qué cosas podré poner? Por principio de cuentas, cosas de género femenino, pues sería raro hallar un sustantivo masculino terminado en -a. Un árbol que se deshoja sugiere un clima otoñal, pero otoño es sustantivo masculino; cielo también es masculino, y atardecer, y ocaso… La rima podría ser con hoja, claro, pero está mal visto rimar con la misma palabra o un derivado directo. Mmmm… Podría ser… “Cuando el laurel se deshoja, / a gotas su savia roja…”… ¡Claro! No sé si el ejemplo baste, pero creo que sí. Muestra cómo el adjetivo exige encontrarle a roja un sustantivo ad hoc. Bien o mal resuelta, esta búsqueda es el reverso del exceso adjetival. Por eso hay quien dice que la buena poesía mide bien sus adjetivos y que es la rima —como decía Proust—, y no la mera invención, lo que lleva a los poetas a sus mejores hallazgos.

CANCELAR Y TACHAR

Anoche leí “The Long and Tortured History of Cancel Culture”, de Ligaya Mishan. Su insistencia en comentar el origen y la evolución de las palabras me dejó pensando en una forma de poner en español algunas de sus ideas. Por ejemplo, diciendo que la cancelación no deja de imponer una pena al cancelado. No lo penaliza, es cierto, pues eso es asunto de las autoridades judiciales, pero si lo apena, lo avergüenza, como suele hacer la moral pública cuando emite un juicio pero evita el franco linchamiento. En México (donde “me da pena” significa ‘me da vergüenza’) se ve a las claras que la pena del cancelado es la pena que le impone “el público”: su pena (su condena) es su pena (su vergüenza). Pero aquí el público se parece menos al viejo pueblo que se reunía en la plaza a desahogar agravios que a la audiencia moderna, interesada —en privado, pero en masa— en la vida personal y los escándalos de la monarquía de Inglaterra o Hollywood.

            A juzgar por su origen, la palabra cancelación es algo más que la aplicación de una “ley del hielo”, algo más que ostracismo y exilio: es encarcelamiento y nulificación. Según Corominas, la palabra procede del latín cancĕllus ‘verja o barandilla enrejada’ (su derivado cancel tiene aún hoy ese mismo significado). Así, lo que se cancela es lo que se pone tras un cancel, detrás del enrejado; lo que se aparta y aísla. Como era costumbre tachar las palabras de un escrito cubriéndolas con un enrejado de rayas, para indicar que debían suprimirse o borrarse, cancelar dio en significar ‘dejar sin efecto’, y es así como se usa hoy comúnmente. Se dice, por ejemplo, que un cliente cancela un pedido; es decir, que lo tacha, lo cubre de rayas para dejarlo sin efecto. Un cheque cancelado es aquel que ha sido cobrado y ya no tiene ningún valor (y suele ir “cruzado”; esto es, tachado). En este sentido, quien queda cancelado (en el uso moderno) queda tachado. Y no deja de sorprender que, para aludir a esa misma invalidación impuesta por la sanción pública, el español prefiera usar, justamente, las palabras tacha y tachar, que tienen siempre carga negativa. Una persona a la que se tacha de ladrona adquiere de inmediato esa reputación. En cambio, una persona sin tacha es aquella que no ha sido cancelada; esto es, que no ha sido avergonzada, aislada, invalidada.

            Pero hay más. El diccionario Webster’s habla de una relación etimológica entre cancelar y cárcel. Traduzco a continuación el comentario de este diccionario (https://www.merriam-webster.com/dictionary/incarcerate):

Un criminal sentenciado a encarcelamiento querría que su deuda con la sociedad pudiera ser cancelada. Pero a ese anhelante truhan le sorprendería saber que encarcelar y cancelar tienen relación. Encarcelar viene de incarcerare, un verbo latino que significa “poner en prisión”. La raíz latina viene de carcer, que en latín significaba “prisión”. Los etimólogos creen que es probable que cancelar haya tenido sus comienzos cuando la escritura de carcer cambió a cancer, que en latín significa “enrejado” —un primer significado de cancelar en inglés era “marcar (un pasaje) que debe ser borrado con líneas cruzadas como las de un enrejado”.

Corominas no menciona ninguna relación entre cárcel y cancel, pero no es imposible atisbarla a través del enrejado. Tampoco menciona la otra, la de cárcel con cáncer —que a nosotros nos permitiría abonar una mancha más al cancelado: es un cáncer, una enfermedad que se esparce, como la peste—; consigna, en cambio, la relación entre cáncer y cangrejo. La representación de Cáncer en el zodíaco es un cangrejo, lo que explica San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías argumentando que “cuando el sol […] llega a este signo [Cancrum], comienza a retroceder a la manera de un cangrejo”. Dice Corominas que en español existió brevemente la palabra cangro, derivada directamente del cancrum latín; si no prosperó fue porque los romanos, imitando a los griegos, comenzaron a llamar “cangrejos” a los tumores de toda guisa (porque tenían un núcleo desde el que salían “patas” en todas direcciones), lo que alimentaba las confusiones. Para distinguir tumores de crustáceos, el español formó entonces un diminutivo del viejo cangro y llamó a los crustáceos cangrejos, aunque por otra parte adoptó la palabra francesa chancro (tan parecida a cangro en su formación). Con todo, como ya se usaba cáncer para nombrar a los tumores, cangro pronto cayó en desuso… Parece una historia algo confusa, pero es la que cuenta el mayor etimólogo del español.

            En la órbita semántica del cancelado giran pues el cangrejo (aunque gire al revés: “dos pasos adelante, doscientos para atrás”), la cárcel, la cancelación, la tachadura, el cáncer, el chancro… Un cancelado es todo eso que antes llamábamos “un apestado”…

PERSONIFICACIÓN

Dice el diccionario que reprensión significa “Acto de reprender a una persona…” De acuerdo, pero también a “alguien” que no es una persona pero se personifica, como un perro. Cuando regañamos al perro, el perro no es algo sino alguien. Sin embargo, está claro que la personificación no se hace sobre cualquier ser vivo sino sólo sobre aquellos que muestran al menos cierto grado de voluntad; es decir, sobre los que son capaces de entender un regaño o una orden y cambiar su comportamiento en consecuencia. Se reprende a un perro, a un gato, a un perico, pero no a un escarabajo o a una hormiga. Es “persona”, pues, todo lo que puede regañarse con algún sentido. Se trata sin duda de una categoría algo imprecisa, pero ahí está. Así como se oponen lo inmóvil y lo móvil (y, entre lo móvil, se oponen lo que se mueve por sí mismo y lo que no), así también parecen oponerse los seres que interactúan con el lenguaje humano (los animales domésticos) y los que siguen impertérritos su curso (como las plantas y los insectos).

            Lo que puede personificarse parece ser pues una categoría de la lengua, aunque lo suficientemente plástica como para permitir, por otro lado, la personificación de un grillo (Cri-Cri, Pepe Grillo) y hasta de una piedra. ¿Qué características son necesarias para permitir esa personificación? Y esa personificación ¿aprovecha las características de los animales o más bien se las asigna?           En cualquier caso, cuando un diccionario dice “alguien”, en ese “alguien” incluye todo aquello que pueda personalizarse en una oración.

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