Musarañas 28

Por: Francisco Segovia
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LEXICOGRAFÍA 02
Es notable que, a la hora de las adivinanzas, tanto el poeta como el lexicógrafo echen mano de la definición clásica, aristotélica —esa que mienta primero el género próximo y después la diferencia específica—. De entre los animales que llevan su casa encima, el que camina dando tumbos, dice el poeta; de entre los insectos, el que parece estar rezando, dice el lexicógrafo. Ninguno de estos rasgos es pertinente para la definición zoológica. ¿Por qué, entonces, los destacan el poeta y el lexicógrafo? Porque para ellos sí son pertinentes y, si los omite la taxonomía zoológica, los pone de relieve en cambio la cultura que los nombra. Se trata de rasgos que sirven para precisar el significado de una palabra, echar luz sobre su origen, su derivación, su valoración en una comunidad. A la ciencia —y, con ella, la enciclopedia— le basta definir a la tortuga con apenas más que su clasificación zoológica; es decir, “reptil quelonio” (pues quelonio significa “que está provisto de un caparazón donde puede ocultar su cabeza y sus cuatro extremidades”); el diccionario, en cambio, tiene que insertar a la tortuga en su valoración cultural, donde forma parte de ella, además de su caparazón, el hecho de caminar torpe y lentamente. De otro modo no se comprenderían la expresión a paso de tortuga ni el derivado tortuguismo.
Debo aclarar aquí que el DEM no siempre reconoció estos rasgos culturales. Si bien éstos brotaban aquí y allá al comenzar a definir sus primeros vocablos, se consideraba que eran anomalías en cierto modo espurias. Decir que las ceibas tienen una sombra especialmente apreciada era un añadido a veces tolerado, pero jamás buscado. Sólo tras las prolongadas reflexiones teóricas de su director, Luis Fernando Lara —y, en este caso, empujado por la constante aparición de dichas anomalías y por los ensayos de Alain Rey—, aprendió el DEM que tales rasgos no debían ser vistos como simples pegotes impertinentemente enciclopédicos sino como información culturalmente significativa. Y fue así como, a partir de cierto momento, el diccionario comenzó a incluir, en las definiciones de las plantas —pero ahora sí de manera buscada y sistemática—, la información sobre sus usos en la medicina tradicional.
En esto puede verse que los diccionarios no sólo cambian porque cambie el léxico que contienen, sino también porque cambia su punto de vista sobre la forma en que trata sus asuntos. Y si ésta cambia, sería raro que se conservara siempre igual su estilo, su manera peculiar de definir. La historia del DEM ha determinado que sus definiciones sean, en general, como las de los demás diccionarios, pero tiendan a la enciclopedia cuando tratan de grupos indígenas o movimientos políticos de México; que se inclinen hacia el diccionario cultural cuando tratan de plantas y animales; que no eviten dar ejemplos ostensivos en las definiciones de los estilos artísticos (y bajo barroco, por ejemplo, se nombre a escritores como Quevedo y Góngora, pero también a sor Juana, o a pintores como Rubens, pero además a Cabrera). Y así, si uno hiciera algo de arqueología dentro del propio diccionario, seguramente podría distinguir si una definición pertenece al estilo viejo, y aún no se renueva, o se acomoda ya a los criterios más recientes. Los redactores que entran a trabajar al DEM tardan unos años en empaparse de su estilo, pero, como éste no se está quieto, también los viejos redactores tienen que aprender a redactar constantemente. Como se ve, es el cuento de nunca acabar. “Estribillos de estribillos”. Un inacabable estar sobre lo mismo, siempre corrigiendo. O, para decirlo con unos versos de uno de los más notables maestros tanto de lexicógrafos como de poetas, Samuel Johnson:
Wheresoe’er I turn my view,
All is strange, yet nothing new;
Endless labor all along.
Endless labor to be wrong.
Déjenme ensayar una versión en español:
Dondequiera que volteo,
Todo es raro, mas no nuevo.
Quehaceres de no acabar.
Quehaceres de siempre errar.
O quizá, más claramente, pero cambiando el metro:
Dondequiera que vuelvo yo los ojos,
Todo es raro, mas nada es novedoso.
Mil labores que no tienen final.
Mil labores que siempre salen mal.
Como ven, es cosa de tratar, equivocarse, tratar de nuevo, como al definir un vocablo en el diccionario.
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