Musarañas 17

Por: Francisco Segovia

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17.

Tiempo de exposición : la distancia ~ ¿Qué significa estar presente? ¿Ser percibido ahora, ser causa de un efecto que ocurre en este momento? Si el sol se apagara de pronto —dicen—, tardaríamos 7 minutos en percatarnos de ello. El planteamiento es resbaloso, pues puede hacernos suponer que el sol está vivo y muerto al mismo tiempo. Dejó de emitir luz hace 6 minutos (y está muerto), pero a nosotros aún nos ilumina (y está vivo). ¿Cómo puede pues iluminarnos si está ya apagado? Para nosotros, que vemos aún la luz del sol, lo que es una ficción no es que la luz exista todavía sino que se haya extinguido. Dicho de otro modo: la luz se extinguió hace 7 minutos en el sol, que está situado a 7 minutos luz de nosotros, pero en la Tierra se está extinguiendo ahora (7 minutos después que allá). La luz que vemos un segundo antes de que desaparezca el sol no es la luz de un fantasma. Puede que el sol ya no exista allá, pero acá, para todo efecto físico, sigue existiendo. Paradójicamente, allá es el pasado; aquí es el presente.

Si es verdad que mirar en lo hondo del universo equivale a mirar hacia el pasado, entonces el pasado que vemos está físicamente presente. Puede que ya no exista allá, pero existe aquí. Tal vez por eso los físicos evitan decir que la radiación de fondo es el estallido Big Bang y se refieren a ella como el eco del Big Bang; es decir, una especie de fantasma del Big Bang —algo que está y no está al mismo tiempo. De ahí a decir que el universo es una simple imagen (un holograma) no hay más que un paso (que ha dado Susskind).

Si lo que observamos hoy es el pasado ¿no está para nosotros presente el pasado? ¿no es el pasado un presente?

            Un astrónomo sólo en parte mira el pasado del universo como un paleontólogo mira el pasado de la Tierra. El paleontólogo ve de golpe los distintos estratos geológicos; es decir, ve hoy un registro del pasado. Pero los estratos, siendo todos contemporáneos en cuanto registro, no lo son en cuanto fenómeno. Le presentan sólo un indicio, una huella del pasado. Los huesos del dinosaurio están ahí, es cierto, pero su vida ya no. Lo que mira el paleontólogo es pues un pasado que no interactúa con él en el presente (en todo caso, lo que interactúa con él son sus restos). Si lo que busca es vida, lo que halla son sólo cadáveres. Si el astrónomo, por su parte, busca fenómenos, sólo puede hallarlos en el momento en que están ocurriendo —ya sea en el cosmos, ya sea en su laboratorio. En este sentido, la paleontología es una ciencia histórica y deductiva, mientras que la astronomía, aun cuando se apoye en deducciones e inferencias, es finalmente una ciencia experimental. Eso quizás explique que, en cierto nivel, tengan ideas distintas de lo que significa el tiempo. Pero esto no ocurre en todos los niveles.

            En la astronomía moderna conviven dos nociones de tiempo. Por un lado, la del universo fenoménico (para el que no son pertinentes las consideraciones históricas); por el otro, la del universo evolutivo (que comienza con un hecho histórico —hoy muy discutido—: el Big Bang). ¿Cómo se insertan una en la otra, o de qué modo se repelen entre sí, estas dos ideas del tiempo? Quizá podría hallarse una respuesta en la discusión de Hawking y Susskind sobre la ley de conservación de la información. Si la información se conserva, el universo es fenoménico: si desaparece, es evolutivo.

Universo, biverso y multiverso ~ La física concibe el universo como una unidad, como algo que se vierte desde el principio como un todo, de un solo —aunque largo— tirón, y sólo una vez: uni-verso. Dicho de otro modo, concibe el universo como una unidad regida siempre por las mismas leyes naturales, que son verdad ayer, hoy y siempre. Así que, cuando piensa en otros universos, lo que hace es pensar en otro conjunto de leyes naturales. Un universo alterno, por ejemplo, donde el límite que fija la velocidad de la luz es menor, o donde la constante de Plank es mayor, o donde la gravedad es más fuerte que en el nuestro; un universo que vive sólo unos segundos, o uno que deja de expandirse y empieza a contraerse… Al conjunto de estos universos posibles llama el multiverso. El término es confuso, pues este multiverso no podría ser sino un conjunto de universos regido por un solo conjunto de leyes naturales; es decir, que el multi-verso es también un uni-verso. Pero ¿sería posible un verdadero multiverso; quiero decir, un universo regido por más de un conjunto de leyes? Supongo que habría manera de alegar que el nuestro es un bi-verso, donde la luz se vierte como onda y como partícula, o donde opera un conjunto de leyes (la mecánica cuántica) que no empata con otro conjunto de leyes (la mecánica relativista). Habría entonces una manera de alegar que el uni-verso cuántico es uno y el uni-verso relativista es otro, de tal suerte que el universo donde vivimos nosotros es en realidad un bi-verso. Eso tal vez nos obligaría a pensar que no hubo para él un origen único sino dos, distintos entre sí; o que uno es el padre del otro, pero que aún conviven. Esto quizás incluso nos llevara a pensar que hay ramificaciones del universo como hay ramificaciones en la evolución, y que unas prosperan mientras que otras se extinguen (un universo neandertal que convivió con el universo sapiens por un tiempo)… Es una idea que un físico como Penrose quizás podría desarrollar, pues él ve en la gravedad la causa del quiebre entre el universo cuántico y el relativista, y uno podría argumentar que lo que ve es el parto de un nuevo conjunto de leyes naturales. Realidad y operadores matemáticos ~ La modernidad ha sido una larga lucha por deshacerse de la metafísica; esto es, por renunciar al esencialismo, que definía cada cosa como algo que es, y comenzar a definirla como algo que ocurre en relación con otras cosas. Es la forma en que Saussure define un fonema, por ejemplo: no como un sonido que tiene existencia propia e independiente sino como un sonido que se opone a otro u otros dentro de un sistema. Es el tejido de estas relaciones lo que define cada cosa o, mejor dicho, cada acontecimiento (“Las cosas no son: acontecen”, dice Carlo Rovelli en El orden del tiempo). Del sistema de oposiciones de los fonemas al sistema inercial de la teoría de la relatividad, todo es un tejido de relaciones. Pero, al parecer, estas relaciones no son muchas. Coinciden con el breve catálogo de los operadores matemáticos. En la base de todo hay dos operaciones: la suma y la resta, que expresan siempre un resultado; es decir, una igualdad. Así, todo fenómeno resulta de, o es igual a, una unión (una suma, una multiplicación, una potenciación) o una separación (una resta, una división, una raíz cuadrada). La energía resulta de, o equivale a, multiplicar la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz (e = mc2). En este sentido, las matemáticas son a las ciencias duras lo que el lenguaje a los filósofos. “Los límites de mi lenguaje —decía Wittgenstein— significan los límites de mi mundo”. Con la ciencia ocurre lo mismo: no le es posible ver más relaciones que aquellas que expresan sus operadores.


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