Musarañas 08

Por: Francisco Segovia
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La voz animal: Toth y la verdad ~ Sugiere Wallis Budge (Religión egipcia) que Toth fue originalmente representado como un mono con cabeza de perro (no de ibis) porque monos y perros anunciaban con sus gritos el nacimiento del sol —un “Himno a Ra” citado por él habla de “los monos del amanecer”. Las voces de estos animales le abren paso al sol, le desbrozaban el camino, anuncian su llegada, y nunca se equivocan, nunca dan un mensaje falso, jamás mienten. Por eso son “la voz de la verdad”. Y así, en cuanto dios que no miente, Toth es “animal”; pero, en cuanto animal, es dios de la sabiduría. Es otra manera de decir que los animales saben la verdad, o la sienten, o la presienten. Si los actos de los animales nos parecen a nosotros algo mecánicos y ciegos, a los egipcios les parecían sabios y respetuosos; es decir, conformes a la evidencia de la verdad… Algo así hay también entre los cristianos cuando reconocen la inocencia animal, pero los egipcios no veían en esto una obediencia inconsciente a la ley divina sino un saber claro y consciente. Cuando el mono grita, sabe.
El mito de Isis y Osiris confirma esto. Toth es el dueño primigenio de los conjuros y encantamientos que permiten la resurrección de Osiris. Toth le da a Isis estos encantamientos —se los transmite, como suele decirse hablando de estas cosas… No es extraño pues que los egipcios asociaran a Toth con la palabra, la escritura, la sabiduría, etc. Es extraño, en cambio, que también en la India el mono sea “gramático” y también allá actúe como ayudante sagrado…
“La voz de la verdad” es un grito “animal”. Si no es la verdad misma (porque acaso la verdad es la salida del sol, no su anuncio); si no fuera ella misma la verdad, digo, la voz animal sería al menos premonición de la verdad, el anuncio de que el sol vuelve a nacer.
Osiris y Xipe-Totec ~ A falta de una visita de bulto al sitio, hay que ver al menos la descripción que hace Nicolas Grimal de la tumba de Ti (A History of Ancient Egipt) para darse una idea de la celebración de la vida que se contiene en ella. Es como si hoy pidiéramos que en las paredes de nuestras tumbas pusieran las fotos de los mejores momentos de nuestras vidas, de nuestros hijos, de nuestras casas y coches, de nuestros viajes, etcétera. En la entrada de la tumba de Ti hay, como de costumbre, un mensaje de bienvenida, y a continuación un ruego: por favor pronuncia la letanía de las ofrendas; es decir, haz que se hagan reales las ofrendas, realiza las ofrendas. Leer lo que estaba escrito en las paredes ponía en movimiento todo lo que estaba pintado en la tumba: el alfarero daba vuelta al torno, el amo acariciaba a su perro, los niños correteaban por la casa… Al leer, el visitante encendía el proyector y… ¡ahí estaba Ti, vivito y coleando!
Me sorprende cómo, teniendo tantas cosas en común con las ideas mesoamericanas de los dioses y la muerte, los egipcios no se dieran al pesimismo sino a la celebración. Aunque es también un dios de la muerte, Xipe-Totec es lo contrario de Osiris. El primero gobierna sobre las calaveras del tzompantli; el segundo es dueño de los frescos que se avivan en los muros de las tumbas; uno desollado, el otro cubierto de vendas…
Osiris y Jesús, los héroes y los santos ~ ¿Por qué no se dice que Osiris y Jesús son héroes? … Héroe: joven mortal (aunque a menudo de origen divino) que realiza una o más hazañas en beneficio de los demás y, en haciéndolas, se sacrifica… O algo por el estilo… Para empezar, es difícil sostener que los milagros sean “hazañas” en el sentido de los trabajos de Hércules. Porque en ellos la fuerza no es física sino, en todo caso, espiritual. Esto supone que Osiris y Jesús no vencen cosas mundanas (monstruos) sino, más generalmente, principios, aunque pueda decirse que cada monstruo es el adalid de algún principio, por negativo que éste sea. ¿O no puede verse en todo monstruo el principio del desorden, el caos y, en ese sentido a un representante del mal? … La Academia Española dice que los héroes son “varones famosos por sus hazañas o virtudes”, cosa inexacta, porque las virtudes representan esencias, no actos, y los héroes antiguos eran siempre hombres de acción, y porque en esta definición cabrían por cierto Osiris y Jesús. ¿Qué los hace distintos, entonces? ¿Qué es lo que va de la adoración de los héroes a la adoración de los santos? Quizá sea la resurrección, esa “hazaña” genérica de los dioses que, en muriendo, dejan abierta la puerta a la vida eterna de las almas. No vencer una muerte, y luego otra, y otra, como Hércules, sino vencer a La Muerte, de una vez por todas y para todos. ¿Es la magnitud absoluta de esta hazaña lo que les da un estatuto distinto al de los héroes?
Vampiros y sacrificios aztecas ~ Todos somos dueños de nuestra propia vida; todos, hasta los perros; todos, excepto los vampiros. La vida de los vampiros depende de la vida de otros seres —no de su muerte, como la nuestra.
Si nosotros somos carnívoros, entonces los vampiros no son carnívoros, pues son lo contrario de los carnívoros. Porque no se nutren de cadáveres, como nosotros, sino de algo que debe ser consumido mientras aún está con vida. En realidad, lo nuestro es la carne muerta, cosa, más que de carnívoros, de carroñeros; lo de ellos, la sangre corriente, la vida corriente, la vida viva… Los vivos comemos cadáveres; en retribución, o sea, vengativamente, los cadáveres (vampiros o zombies) comen vivos…
La dieta de Drácula es un largo sacrificio azteca… Su víctima es alimenticia mientras vive; la muerte la vuelve incomestible, inútil… Paradoja: los muertos no sirven a los muertos; los muertos no entierran a los muertos…
Hay en el mito del vampiro una especie de culpa alimentaria. Quizá los sacrificios mesoamericanos expresaran la conciencia de esta culpa.
el hombre lobo, un guerrero jubilado y el vampiro ~ La saga de Egil (Egilssaga Skallagrímssonar) de Snorri Sturluson (comentada por Dumézil en El destino del guerrero) deja entrever que la trasformación de un berserkir (un guerrero extático) en un animal de presa durante el combate puede desdibujarse en la vejez y resultar en una transformación muy rebajada, solitaria y melancólica. El viejo guerrero Ulfr parece dormitar en el porche de su casa al caer la tarde, cuando en realidad su alma de héroe (esa especie de nagual nórdico) ha abandonado su cuerpo y medra por los campos convertida en lobo. Quizá la melancolía del viejo venga de reconocer que sus actos de ahora se hacen en soledad, sin los antiguos camaradas, y la moraleja sea, simplemente, que un soldado que sigue siéndolo cuando ya no tiene ejército se convierte en un asesino en serie, un monstruo.
Dumézil se ocupa de algunos relatos en los que el héroe derrota a un enemigo formidable, pero éste resulta estar ya muerto, o no ser en realidad más que una figura de barro, un monigote de madera, etc. Como en estos relatos el héroe suele ir acompañado de un joven, a quien el héroe hace beber la sangre del vencido, Dumézil propone que estos relatos son descripciones de un ritual de iniciación guerrera. Pero a mí todo esto no deja de recordarme el mito del vampiro, con su “bautismo de sangre” y, sobre todo, su acto de “matar a un muerto”.
Lo extraño es que, aun sabiendo que todo esto es una representación, los relatos presentan los hechos como hazañas verdaderas, no como remedos ni parodias. Así como el relato no dice que el berserkir actúe como un oso sino que se convierte en un oso, así tampoco el rito dice que el héroe haga como que mata al monstruo sino que en verdad lo mata. Porque no lo mata en el mundo de los hechos sino en el mundo del sentido. ¿Podrían ser pues el hombre lobo y el vampiro residuos reciclados de un ritual guerrero? Quizás.
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