Musarañas 06

Por: Francisco Segovia
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Salir de aquí : De Exit, un libro de Lorena Velázquez ~
Digo aquí, apuntando al piso donde tengo puestos los pies.
Digo allá, extendiendo el brazo y señalando el arco del horizonte.
Si avanzo, avanza también el horizonte; si doy un paso adelante, mi aquí da un paso adelante. La distancia entre aquí y el horizonte es constante, como la velocidad de la luz.
Cuando llegue allá, estaré aquí.
Cuando al fin llegue la mañana, será hoy.
Ahora es el momento en que hablo; aquí, el sitio donde hablo. Todo lo que hago y todo lo que digo declara inevitablemente estas tres coordenadas: yo, aquí, ahora.
Siempre es hoy, siempre es aquí, siempre soy yo quien ahora está aquí.
Nadie vuelve aquí porque nadie nunca se va de aquí.
El origen está allá, en aquel sitio donde nunca estamos. Quizás alguna vez estuvimos allá, o tal vez un día logremos llegar allá, pero hoy (y siempre es hoy) estamos irremediablemente clavados aquí.
Las tres coordenadas — yo, aquí, ahora— son la argamasa que nos mantiene juntos a mí, al tiempo y al espacio.
Esa triada, “yo, aquí, ahora”, es la coherencia, la cordura.
Sólo mi imagen y mis palabras burlan la triple alianza de yo-aquí-ahora.
Sólo en espíritu, en fantasma, me escapo de la prisión; sólo en imagen —en mi representación, mi locura o mi muerte.
Dicen que una puerta es un filtro; que permite, o no, pasar de aquí allá. Esto es discutible. En un sentido, una puerta no es más que un punto de referencia para algo tan pobre como establecer a qué lado de su hoja queda el aquí de cada quien. En otro sentido, sin embargo, su referencia puede establecer un dentro y un fuera que no dependan del aquí de nadie; por ejemplo, cuando uno de sus lados da a una casa y el otro a la intemperie.
Aunque es cierto que siempre que cruzo una puerta voy de aquí hacia allá, y nunca de allá hacia aquí —y que, en ese sentido, toda puerta es una puerta de salida—, debo admitir que la intemperie es más grande que la casa, que la casa está fincada en la intemperie, y que la puerta, conduciéndome a la casa, me lleva dentro.
Quien dice aquí, dice aquí adentro; quien dice allá, dice allá afuera.
Desde dentro, todas mis puertas dicen “Salida”; desde fuera, “Entrada”.
La puerta que abro para mí, grita: “¡Sal, sal, sal!”;
la que abro para ti: “¡Entra, entra, entra!”.
De aquí sólo se aparta lo que sale de mí. Lo que viene, en cambio, llega aquí desde cualquier sitio, de todo y de todos.
Hoy, aquí, puede ser un sitio peligroso. Si tiembla, es un sitio aterrador…
¿Cómo huir de aquí, de mí, de hoy?…
Si uno tiene que jalar la puerta para entrar, es que esa puerta es de salida.
La puerta del infierno sólo se abre cuando alguien la empuja desde fuera.
Cuando una puerta se clausura, cierra los ojos de la casa a lo de afuera, pero también oculta la casa a lo de afuera.
Un muro ciego deja ciega a la intemperie.
Si nada cruza jamás la puerta, es que no hay de veras puerta: estás en la mazmorra.
El universo entero se detiene ante una puerta cancelada.
Las puertas más libres son las de las cantinas, que se empujan lo mismo para entrar que para salir. No están hechas para estorbar el paso de las personas sino el de las miradas. Por eso las cantinas tienen algo de la vida íntima del hogar y algo de la vida pública de la plaza.
En una casa, la entrada y la salida comparten la misma puerta. Sólo los edificios públicos destinan una puerta a cada dirección. En ellos la salida nunca es el reverso de la entrada.
El reverso de Exit es, literalmente, un contrasentido.
Quien salió por Exit, no volverá jamás sobre sus pasos.
Exit es siempre un camino hacia afuera. Por él se huye de incendios y temblores, se corre hacia el espacio abierto y libre, lejos de la muchedumbre y el peligro.
Pasando por Exit salvas la vida.
Sacando a las personas de su encierro, Exit las disgrega, las disuelve en la distancia.
Exit es un camino al cielo de la soledad, o a su infierno.
Los muertos ya no tienen un aquí bajo los pies, ya no viven un ahora, ya no son quienes eran.
Los muertos caen, eternamente, fuera de sí.
Quien salió por Exit, no volverá jamás sobre sus pasos.
Sobre la aureola de San Pedro hay un letrero que dice Exit.
A la entrada del infierno hay un letrero que dice Exit.
Los muertos salen por Exit.
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