Magali Lara en espiral

Por: Eli Bartra

Compartir este texto

El paseo por la exposición de Magali Lara en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM es como entrar en un mundo dominado por las nubes, o quizá mejor aún por algodones de azúcar. Produce una sensación de liviandad, como de flotar en el espacio de manera ingrávida.

El recorrido por medio siglo de obra visual es una experiencia más que placentera, es un baile de colores, con predominio de rojos, azules, verdes, marrones y texturas diversas. Al ver los cuadros es como si atisbáramos el mundo imaginario de la artista escrito en taquigrafía o en frases cortas, haikús tal vez. Sin duda se trata de poemas visuales de diversas dimensiones, y al igual que los grandes poemas, afirma ella, dicen y no dicen al mismo tiempo.[1] Mucho más que pensar “qué me dice” el cuadro hay que dejarse llevar por lo que se siente. Es una obra eminentemente sensual. Te atrapa por la vista, pero te recorre todo el cuerpo. Es indiscutible que a lo largo de los años Magali se ha forjado una voz propia, sutil, dulce, pero contundente.

La espiral del título de su exposición nos remite a un movimiento dialéctico, distante del círculo que lleva indefectiblemente al punto de partida. La espiral regresa, en cierta medida, al origen, pero nunca al mismo punto sino a un nivel llamémosle superior. Como la vida humana misma, que transcurre siempre como trazando una espiral, quiero pensar que vertical, hacia arriba y termina en el cielo (para algunas personas), o bien interminable como energía que recarga las nubes. Algunos dibujos de la exposición son, además, claramente espirales.

Magali Lara nació en 1956 en la Ciudad de México y vive en Cuernavaca; ha expuesto su obra en muchos lugares del país y de la ciudad, así como allende nuestras fronteras. A primera vista o al explorar únicamente la obra de manera parcial se diría que es una artista de la abstracción. Sin embargo, a lo largo de su trayectoria ella va entretejiendo, explorando, lo figurativo y lo abstracto, aunque, en términos estrictos, todo es figurativo en la medida en que lo abstracto está conformado, en el caso de Magali, por figuras, a menudo geométricas. A lo largo de su trabajo ha introducido, a veces, palabras que enlaza con las imágenes, las complementa o las explica, incluso.


Hay un elemento importante que se puede apreciar y es la repetición, de figuras, de gestos, de colores -en particular el color rojo- de ideas que permutan en lo visual; esto, paradójicamente, se asemeja al recurrente quehacer en el arte popular, que repite objetos, figuras, colores…

Es posible pensar que al ser su obra creada desde un cuerpo femenino, nos dice ella, espera que se note. Lo intuitivo tiene gran importancia en su proceso y es concebida, no hay que olvidarlo, como una característica de la experiencia femenina por excelencia. No estoy segura de que así sea.

La exposición empieza con un enorme dibujo al carbón sobre el muro blanco del recinto realizado en 2025, negros sobre blanco, lo cual simboliza, para ella, el momento oscuro que vivimos en México, en especial con respecto a las desapariciones, pero no todo es oscuridad, se aprecia también la luz, la esperanza. Este y el primer muro de la exposición que cuenta con una serie de gouaches en negro, a pesar de lo oscuros, son ligeros, ingrávidos. Completan la negritud dos enormes dibujos al carbón que se observan desde el exterior.

Las diversas salas del museo agrupan temática y cronológicamente, su obra. Solo que se empieza por lo más reciente y se termina con lo de la década de 1970. Ella empezó siendo dibujante sobre papel y, alrededor de 1984, poco a poco se deslizó hacia la pintura. Una de las salas está integrada por obra relacionada con la naturaleza presente en árboles y plantas; algunos asemejan el cuerpo humano, femenino en ocasiones. Lo cual todavía entrelaza más aún su idea de que los seres humanos estamos indefectiblemente vinculados con la naturaleza.

Se pueden apreciar un par de textiles que son la traducción de un dibujo a otro material distinto, el textil. Uno de ellos es un gobelino de 1999 colgado en el muro y resulta fascinante ver la traducción de un medio a otro, pasar de un dibujo de 1997, “Ojos”, tinta y lápiz sobre papel albanene, al gobelino y observar el cambio de texturas y de tonalidades. Otro textil se encuentra sobre un futon y no se puede apreciar bien, aunque por medio de la cédula se entiende la intención de que esté ahí, sobre la huella dejada por su fallecido esposo.

La sala con obra más figurativa es tal vez la que integra cuadros sobre interiores de la casa, muy coloridos, lavabos blancos, ropa tendida, camas, ese mueble crucial en nuestras vidas, dice ella, ahí nacemos, soñamos, hacemos el amor, morimos. A lo largo de todo el recorrido se van encontrando vitrinas con sus libros de artista; también en una salita un tanto separada se puede ver cerámica blanca con elementos pintados por ella y dos videos de animación de su obra.  Dibujos de la vida cotidiana, fotografías intervenidas y collages con fotografías integran asimismo este vasto universo de Magali. No podía faltar una especie de diálogo con Frida Kahlo en la Serie “Dos” de 1977, solo a veintitrés años de la muerte de Frida y cuando todavía no era, ni de lejos, el mito en el que se ha convertido hoy.

Además, escucharla hablar en persona o en grabaciones sobre arte, sobre su arte, es una experiencia deliciosa, su habla grave, dulce y pausada, su claridad, lucidez, honestidad y sencillez, son absolutamente deslumbrantes. Les invito a echarse un clavado en las redes y dejarse mecer por la cadencia de su voz, que se hermana con la experiencia de contemplar su obra en este magna exposición.

La exposición Magali Lara: cinco décadas en espiral estará abierta al público en el MUAC hasta el 19 de octubre 2025. Es importante señalar que simultáneamente está abierta una exposición con tres décadas de obra de Magali en el Institut for Studies of Latin American Art (ISLAA) de Nueva York y podrá visitarse hasta agosto de este año.

Créditos fotos

  1. Magali Lara. Fotografía de Olga M. Viso en el estudio de Cuernavaca, 2020.

2. Magali, Lara, Sin título, pintura, acrílico y papel sobre tela, 1993. Foto Cortesía de Galería RGR.

Te recomendamos:

INICIO
LIBROS
EVENTOS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *