Los instrumentos de la noche

Por: Ernesto Priani Saisó
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En el marco del lanzamiento del podcast La Letra Sonora y su primera serie de pláticas conducidas por Ernesto Priani Saisó sobre los sueños les compartimos un fragmento de su libro Los Instrumentos de la Noche que pueden adquirir en Bonilla Artigas Editores.
Introducción
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra.
Jorge Luis Borges
Ocurre una noche muy precisa, la del 23 al 24 de julio de 1895. Sigmund Freud suena que se encuentra en un gran vestíbulo recibiendo a los invitados, entre ellos, una mujer llamada Irma, paciente suya, a la que conduce aparte para “reprocharle que todavía no acepte la solución”. Como ella se queja de dolores y el la ve “pálida y abotagada”, piensa que quizás ha pasado por alto algún malestar orgánico. Conforme examina su boca encuentra manchas y otras formaciones que le lleva a llamar al doctor “M” para que el también la analice. De pronto, junto a él están sus amigos Otto y Leopold (1), quienes también la examinan.
Continua Freud:
M dice: “No hay duda, es una infección, pero no es nada; sobrevendrá todavía una disentería y se eliminara el veneno” […] Inmediatamente nosotros sabemos de dónde viene la infección. No hace mucho, mi amigo Otto, en una ocasión en que ella se sentía mal, le dio una inyección con un preparado de propilo, propileno […] ácido propiónico […] trietilamina (cuya formula(2) veo ante mí, escrita con caracteres gruesos) […] No se dan esas inyecciones tan a la ligera… Es probable que la jeringa no estuviera limpia.
El sueño de Freud tiene como protagonista un dispositivo tecnológico muy preciso: la inyección, que ocupa el espacio más importante del relato onírico. Se trata de un procedimiento médico consistente, según el diccionario, en “introducir en el cuerpo, mediante una aguja unida a una jeringuilla, un líquido o disolución de un medicamento”. Para que tal procedimiento sea posible, es necesario, en consecuencia, contar con una jeringa –de preferencia esterilizada, claro– y un medicamento, en este caso el propilo/trimetilamina.
La jeringa con que Freud sueña que su amigo Otto inyecta a Irma –y que a lo mejor no estaba esterilizada porque, entre otras cosas, no era desechable– fue ideada hacia mediados del siglo XIX por el médico francés Charles Gabriel Parvaz. Parvaz adaptó para ello la aguja hipodérmica hueca que produjo, hacia 1844, un médico irlandés llamado Francis Rynd (3). El primer prototipo de jeringa medía unos tres centímetros de largo por 0’5 de diámetro, era totalmente de plata y se operaba mediante un tornillo en lugar de émbolo para controlar mejor la sustancia inyectada. Es muy probable que Otto utilizara, en el sueño, una jeringa muy similar a esa para inyectar a Irma con los resultados que conocemos.
El ácido propiónico que le inyecta tan descuidadamente fue descrito por primera vez por Johann Gottlieb, el mismo año en que Rynd produce la aguja hueca, es decir, 1844, unos cincuenta años antes de que Freud soñara con ella. Puesto que Freud ve su fórmula en caracteres gruesos, también debemos
considerar como una tecnología presente en el sueño la notación química establecida por Jöns Jacob von Berzelius a principio del siglo XIX. Asimismo, aparecen algunos otros procedimientos técnicos, específicamente en la forma en que los cuatro médicos, Freud incluido, auscultan a Irma.
La presencia de toda esa tecnología en un sueño despierta algunas preguntas. ¿Hay alguna diferencia entre soñar con objetos tecnológicos y soñar con otro tipo de elementos como aves, perros, montañas o árboles? Y si es así, ¿en qué consiste esa diferencia? ¿Qué nos dice acerca del sueño, de la tecnología misma y de quien sueña?
Sabemos que la presencia de objetos cotidianos dentro del sueño se explica porque constituyen residuos de nuestra vigilia. Aristóteles ya pensaba “que no es absurdo que algunas de las imágenes aparecidas durante el sueño sean causa de las acciones relacionadas con cada una”; mientras que muchos siglos después, Freud mismo atribuiría la aparición de la inyección a que “Otto había referido que en el breve lapso que estuvo en casa de la familia de Irma hubo de acudir a un hotel de la vecindad para aplicar allí una inyección a alguien que se había sentido mal repentinamente”. A fin de cuentas, nuestras herramientas del día lo son también de la noche.
Pero soñar específicamente con una inyección, un ácido y ciertos procedimientos de auscultación que se utilizan a partir de un tiempo determinado debe hacernos pensar sobre la forma particular como estas imágenes tecnológicas llegan al sueño. Las más de las veces, los sueños no nos permiten relacionar los objetos con los que soñamos con un tiempo histórico determinado. Soñar con partes del cuerpo, animales, aves, árboles o nubes, o incluso con una casa, una escalera, un muro, por pensar en algunos ejemplos, puede ocurrir en cualquier momento de la historia. Pero soñar con tecnología es diferente, porque su presencia es una marca temporal. Si Freud sueña con una inyección es porque lo hace años después de 1844, cuando las agujas y las jeringas han sido inventadas y las inyecciones son un procedimiento común en la vida de médicos. De modo que soñar con ella tiene un significado para el soñante que puede relacionar la inyección con un procedimiento que conoce. Algo que, antes de la aparición de la inyección, es imposible.
La presencia de tecnología en el sueño permite entonces identificar un arco temporal que va de la fecha de la creación de la jeringa, 1844, a la fecha del sueño, 1895, en que la inyección habría irrumpido, quizás por primera vez, en el mundo de las imágenes oníricas(4). Lo que no es poca cosa, pues quiere decir que las inyecciones y las jeringas se han hecho ya de una significación para el soñante por la cual, finalmente, ha podido pasar del estado de la vigilia al del sueño.
Las implicaciones de este hecho son varias. Primero, la presencia del objeto tecnológico se muestra como marca temporal que ayudaría a fechar algunos sueños, pero segundo y más importante aún, revelaría el carácter histórico de esa imagen onírica. Esto último deja entrever, finalmente, lo que ya se ha descrito: que el objeto tecnológico tras un periodo de gestación a través de su uso regular y cotidiano finalmente ha alcanzado un significado para quien sueña con ellas. Como si naciera al sueño para hacer evidente ese significado, de modo que su presencia pudiera resultar incoherente, pero no carente de sentido.
Estaríamos viendo así emerger la imagen en el sueño, pero también su sentido. Porque no sólo la imagen tiene vida histórica, sino que también la tiene el significado que se le atribuye a esa imagen, si es que se le asigna alguno cuando se intenta comprender el contenido del sueño pues, a fin de cuentas, las imágenes tecnológicas carecen de significado fijo y unívoco. Freud, por ejemplo, interpreta la inyección como la “solución” que él le ha ofrecido a su paciente y con la que Otto no está completamente de acuerdo. De esa forma, un procedimiento médico relativamente reciente entonces sirve a Freud para representar otro procedimiento médico novedoso, el de su terapia psicoanalítica. Hoy, sin embargo, difícilmente asociaríamos la inyección con ésta, porque tanto la forma de la inyección como sus significados posibles han variado.
La irrupción de las imágenes tecnológicas en el campo onírico, primero, y el desarrollo de su historia, en segundo lugar, muestran que existe un proceso constante de renovación de las imágenes con las que soñamos y sus respectivos significados. Es decir, que el mundo de los sueños no está cerrado, ni reducido a unas cuantas imágenes y unos cuantos sentidos, sino que es abierto y en permanente renovación, y lo por mismo está sujeto a la revisión de su pasado.
1 Como muchos de los que transcriben sus sueños, Sigmund Freud tiene la
costumbre de ocultar el nombre de las personas con las que sueña. Pero al final
todo (o casi todo) se sabe: M es en realidad Josef Breuer, colega y amigo de
Freud, coautor de los Estudios sobre la histeria. Otto es Oscar Rie, amigo de
Freud en la época en que éste escribió La interpretación de los sueños. Leopold
es Ludwig Rosenberg, pediatra y amigo de Freud y de Rie. Irma, por último, es
Emma Eckstein, paciente de Freud que, como se ve, hacía soñar.
2 Esta es: N(CH3)3 .La trimetilamina es producto de la descomposición de
animales y plantas, responsable del olor desagradable asociado a los animales
descompuestos y también a algunas infecciones.
3 Los experimentos de la inyección intravenosa comenzaron en el siglo xvii con
la aplicación de cerveza, vino, opio y azafrán en perros, pero su experimentación
con seres humanos no se produjo sino hacia finales de ese siglo. Aun así, hubo de
esperar poco más de cien años para que su uso fuera generalizado, gracias a la
producción masiva y aparición comercial de esta jeringa.
4 Por supuesto, alguien puede haber soñado con una jeringa y una inyección
algunos años antes que Freud, en cuyo caso éstas habrían irrumpido antes en
el mundo onírico. No podemos saberlo con certeza, y eso nos deja siempre un
espacio para contar nuevamente la historia.



