Lenguaje inclusivo o no sexista

Por: Eli Bartra

Compartir este texto:

Ante el uso del lenguaje inclusivo e incluyente entran en juego varias cuestiones, algunas son de carácter político, otras ideológico, ético, estético, de reglas y normas de la Real Academia de la Lengua (RAE) y demás. De ahí que sea un asunto más complejo de lo que debería ser.

No hay un solo lenguaje, tenemos muchos: los lenguajes verbales: el escrito, el oral, y tenemos también el lenguaje no verbal, el corporal, el sonoro, el visual que, en nuestros días de hipervisualidad, es uno de los más importantes y gobierna en muchos sentidos nuestro pensamiento y nuestra acción.

Los lenguajes no son neutros, están profundamente impregnados de sexismo, clasismo y blanquismo. Incluso las normas de la RAE que parecen asépticas y neutras, están cargadas, traen ya los dados cargados de política y de ideología.

Creo que hay muchas maneras de utilizar el lenguaje no sexista, y que estamos en un proceso de búsqueda, que no empezó ayer, esa búsqueda lleva bastante tiempo. ¿De veras cuesta mucho trabajo decir, todos y todas? Todos, todas y todes, si quieren…

Se están buscando formas, las maneras más afortunadas para no destrozar el idioma, sí es importante la estética, como importa lo ético también. Y si tenemos que encontrar la igualdad, la equidad, en el lenguaje, pues hay que irlo buscando.

Afortunadamente está la cuestión de las @’s, las x’s en el lenguaje escrito; me parecen búsquedas muy válidas. En el lenguaje escrito podemos representar “l@s”; sin embargo, no se puede pronunciar, no tiene un fonema, pero gráficamente, visualmente lo entendemos inmediatamente. Entonces escrito, a quien le guste, a quien le caiga bien lo puede usar. “Qué no es admitido” nos da igual, se puede utilizar porque estamos en una búsqueda de a ver qué va a ser lo mejor. Es pesado decir hombres y mujeres, pues se ha dicho mucho: “señores y señoras”, “damas y caballeros”; se han empezado los discursos de esa manera por mucho tiempo. Y ahora resulta que les cuesta decir “profesores y profesoras”… si lo han dicho toda la vida, “ah, no, ¡cómo vamos a estarlo repitiendo!” y se horrorizan porque estamos cargando el español de una multiplicación de palabras innecesarias… yo creo que no pasa nada, pero si se quiere decir y utilizar el “les”, creo que la “e” es una de las más afortunadas o ¿por qué no una i ? No se sabe qué es lo que va a quedar de eso. Creo que nuestra opción hoy en día es ir probando todas las vías, en el escrito puede usarse la arroba, pero en el hablado no funciona. A veces se puede decir los y las alumnas o “alumnos y alumnas”, alumnado o alumnade. Lo que no se debería ya de decir empezando una charla es “Buenas tardes a todos” ya no, habría que hacer el esfuerzo, porque sí requiere un esfuerzo constante ya que ninguna de nosotras ni de nosotros estamos acostumbrades a ello. “Es que es más fácil decir: los licenciados”, sí, es más fácil, más rápido, más cómodo que decir “las personas con licenciatura”. Hay que utilizar lo que se llama la perífrasis, o sea darle vuelta e ir buscando salidas, salidas que no sean sexistas. No tenemos porque decir “los intérpretes de lo poético”, por ejemplo, se puede perfectamente poner “interpretes de lo poético” ¿por qué tenemos que decir los o las en ese caso?, con decir “intérpretes” se entiende perfectamente.

Hay mucha resistencia, una enorme resistencia a cambiar lo que parecía tan cómodo, pero, hay casos en que tenemos palabras que ya funcionan bien, sirven para sustituir las sexistas, no se tiene que decir “el hombre”, se puede usar el “ser humano”, “la humanidad”. Sí, requiere empeño, léxico y a veces un poco de imaginación. 

Ahora bien, este asunto del lenguaje no sexista desde hace mucho tiempo parece un campo de batalla, a ver quién gana… “no, no, no, es que la RAE dice”, “¿en qué parte la RAE dice? En un momento dado ya hasta diríase que son como actos de fe, como cuando se afirma que “en la Biblia dice” o en el “Corán dice” y resulta que ni en una ni en otro se encuentra lo que dicen que dice. Se lo inventan.

Es importante saber cuáles sustantivos son femeninos o masculinos en español y luego, si se quiere, se puede ir a contrapelo y usarlos de otra manera. Pero no se puede argumentar con una retahíla de explicaciones gramaticales que presidente no tiene femenino. “Presidenta no existe, la RAE dice que no existe”, nada más hay que agarrar un diccionario y se verá que dice presidente y presidenta, así es, hay excepciones a la regla del sufijo -ente. Nótese que nunca se cuestiona que se diga “sirviente y sirvienta”. ¿Tendrá algo que ver en ello el sexismo y el clasismo?

Testigo, personaje y cuerpo son sustantivos masculinos, pero si se quieren feminizar por razones políticas, pues muy bien: testiga, personaja y cuerpa. Y, por otro lado, víctima también se podría masculinizar. Si hoy en día nos permitimos decir “les alumnes”, por qué no se puede decir “la testiga” si alguien quiere. Con eso no se va a destrozar la lengua, se destroza con otras cosas quizá más importantes como los anglicismos a diestra y siniestra.

Luis Cabrera (1876-1954) abogado, revolucionario, intelectual y político mexicano, de primer orden escribió un artículo que se llamaba “El género femenino”, publicado a principios del siglo XX, en el que argumentaba que todas las profesiones tienen el femenino, como médico y médica, presidente y presidenta, arquitecto y arquitecta… elabora una lista como de una veintena y se pregunta ¿por qué las mujeres se resisten a usarlo?[*] Es interesante que señala a las muljres y no a los varones por no querer usar el femeninode las profesiones, sin que le falte razón a muchas mujeres no les gusta, pero a los hombres tampoco. Las mujeres mismas rechazan ser médicas, claro, por supuesto, porque médica es devaluado, los femeninos son devaluados, entonces nadie quiere ser devaluada. Él decía que es un disparate, no utilizar los femeninos que existen y que están en el diccionario. Hoy en día se sigue discutiendo lo mismo sobre qué sustantivos son masculinos o femeninos, curioso, las razones políticas e ideológicas que hay detrás de todo ello, y nuevamente, en muchas de las profesiones, por ejemplo: química “es que se confunde con la disciplina”, dicen, matemática lo mismo, ¿y médica? ¿cuál es la excusa?, porque no se confunde con nada. Hay invenciones y revoltijos que se crean con este asunto, por ello tenemos que esforzarnos por utilizar y por buscar nuevas formas, tanto de escribir como de hablar, no sexistas, de la forma más agraciada y menos pesada que se pueda.

Hay muchas cosas que se tienen que ir barajando, probando y modificando, y si los usos y costumbres son de una determinada manera se pueden cambiar.

Creo que el lenguaje escrito no sexista es menos difícil porque es un tanto más versátil, hay más opciones y se cuenta con más tiempo para elegir las palabras adecuadas, hablado a veces resulta complicado, por eso en forma oral se sigue usando con mayor frecuencia el masculino para referirse a un conjunto, pues en ocasiones no es tan fácil generizar.


[*] Lic. Blas Urrea “El género femenino”, Política y Cultura, 1, otoño 1992.

Te recomendamos:

INICIO
LIBROS
EVENTOS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *