Lady Gaga y la poesía mexicana

Por: Alejandro Higashi
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Al hilo de los viajes y los descubrimientos, el cuarto de maravillas aparece en el Renacimiento para guardar y exhibir objetos nuevos, singulares o desconocidos del mundo. Este cuarto de maravillas es virtual y está limitado a rarezas de la poesía mexicana.
La existencia de una escritura femenina es un asunto polémico. En un artículo de 2025 de la revista Lexis, Paula Romero Polo presenta un panorama en su artículo titulado “El Evangelio de Elisa Victoria (2021) y el concepto de escritura femenina” https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/lexis/article/view/31655/27782; ahí, siguiendo a Toril Moi en “I Am Not a Woman Writer” (2008), plantea cómo se relegó el estudio de la escritura femenina dentro de los estudios de género luego de haber tenido una acogida muy exitosa durante las décadas de 1970 y 1980. En ese mismo trabajo, la autora se refiere al concepto de la esquizofrenia de la escritora contemporánea, acuñado por Isabel Navas Ocaña, para referirse a autoras como Rosa Montero o Almudena Grandes, quienes pese a escribir obras protagonizadas por personajes femeninos y reivindicar su relevancia, rechazaron en distintas ocasiones la categoría de literatura femenina.
La historia de la construcción de la identidad de las escritoras y las de los escritores es radicalmente distinta. ¿Pruebas? Hace pocas semanas se estrenó en México Soy Frankelda (2025), película de animación dirigida y escrita por Arturo y Roy Ambriz en su debut como directores. El tema, lamentablemente, nos resulta familiar: una escritora que debe luchar por la autoría de sus historias en un entorno patriarcal que la desconoce por ser mujer. Cuando no hay equidad en las condiciones laborales de escritores y escritoras, ¿podemos aspirar a que sus obras no reflejen estas circuntancias?
Los días 26 y 27 de abril de 2025, Lady Gaga se presentó en Ciudad de México como parte de su gira The Mayhem Ball, luego de haberlo hecho por última vez en 2012. No hay una persona de su comunidad de fans que ignore lo anterior. En 2024 Becky Rubinstein publicó Lady Gaga Lady Dada (con una espléndida traducción de Svetlana Pribilowska Garza al inglés) y, en 2025, Rogelio Guedea, Lady Gaga. Pese a retratar al mismo personaje, el lugar de enunciación de quienes escriben ofrece perspectivas muy distintas: mientras para Becky Rubinstein la cantautora es un modelo de mujer empoderada con el que se identifica, para Rogelio Guedea expresa la seducción de un cuerpo extraño y, paradójicamente, familiar gracias a la sensación de cercanía que ofrecen los medios de comunicación.
Desde el principio, el poemario de Becky Rubinstein muestra una posición política muy clara: Lady Gaga representará el emblema de una mujer empoderada que se rebela contra el orden patriarcal impuesto (perspectiva que refuerza el sobrenombre de Lady Dada en alusión a una rebeldía estética). Sobre esta base, la progresión fragmentaria y elíptica del estilo poético permitirá conectar a este personaje con toda una genealogía de mujeres que a lo largo de muchas décadas nos han inspirado por resistirse a la violencia estructural del sistema y sortear situaciones de abuso muy complejas de forma inteligente y creativa: otra L. G. (Lady Godiva, que cabalgó desnuda para que el conde Leofric bajara los impuestos de Coventry), Brigitte Bardot, Donatella Versace, Lisa Vanderpump, Marilyn Monroe, Madonna, Frida Kahlo, Lady Di y varias más. Clarice Lispector se menciona profusamente, pero el peso mayoritario de su influencia se encontrará en el estilo del poemario: como la narrativa de la autora brasileña, domina la elipsis y un progreso no lineal en el que se van superponiendo capas de sentido y cuyos resultados recuerdan más al collage que al poema.
El poemario estuvo planeado como un complejo prisma de 60 epifanías organizadas en 6 secciones de 10 poemas cada una, a través de las cuales se presentan distintas escenas biográficas de la cantante. La nómina de eventos recordados es muy amplia: su nombre real y sus premios discográficos, su participación en la quinta temporada de American Horror Story Hotel (donde tiene el papel de la condesa Elizabeth), la violación que sufrió por un productor (tema de la canción Til It Happens to You), su perra bulldog, sus zapatos de tacón, la leyenda negra que la liga a Amy Winehouse, la relación de Lady Gaga con las drogas, la posición de la cantante frente al Photoshop y el nombre de Little monsters para sus seguidores, su actuación en El Guasón 2 y varios otros. Como resulta evidente para quien conoce, incluso superficialmente, estos episodios, la alternancia entre éxitos y fracasos termina por ofrecer una imagen muy humanizada de los personajes públicos enlistados; como apunta la misma Becky Rubinstein: “Para llegar al orden –y evitar la ignominia– hay que pasar por el caos. / Las ladies y los lores han pasado por el caos del alma”.
La última decena de poemas muestra la identificación de la autora con una Lady Gaga multifacética que refleja los triunfos y caídas de una vida normal, pero nunca común y corriente. De acuerdo con la poética del retrato lírico, Becky Rubinstein terminará autoexplorándose y reconociéndose en la Lady Gaga de papel que construyó a lo largo del libro:
Se lamenta con sus fans
–sus “pequeños monstruos”–
de la monstruosidad de ser literalmente “auténtica”.
Nuestros defectos nos embellecen –dice–.
Entre tantos dimes y diretes
Entre tantos dimes y diretes
Esta idea, central para el poemario, aparecerá como un leitmotiv en distintos momentos (y con mayor profusión en la última parte del libro):
Confieso:
Hablar de tanta lady me ha convertido en una:
En Lady Writer.
“Creo que dejar de escribir es dejar de vivir”
–Clarice dixit–.
Cuando la muerte llega, todo queda en suspenso.
Hasta el punto final
La Lady Gaga (2025) de Rogelio Guedea camina sobre el filo de la navaja entre la atracción que despierta su físico y un estado de salud precario asociado a la fibromialgia y el lupus eritematoso, ambas enfermedades crónicas; esta dimensión humana será clave para que la voz lírica establezca un vínculo unilateral con ella, ni simétrico ni recíproco, a través del deseo y, simultáneamente, la empatía con un cuerpo atormentado por la enfermedad. En la tradición hegemónica del retrato lírico (pienso especialmente en De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios, 1988, de Francisco Hernández), el poemario se aventura por el vínculo entre el dolor y la creación artística para desembocar en una apología, contada a través de diferentes episodios bien conocidos de su vida personal y de su carrera.
A partir de este pacto ficcional, Rogelio Guedea planteará nuevas formas de acercarse a una poesía amorosa muy actual: la que surge en una relación parasocial. Así, el cuerpo de Lady Gaga será percibido a través del dolor que provoca la fibromialgia y por la voz de la enunciación como un objeto de deseo. El mismo cuerpo irradiará dolor para una parte y sensualidad para la otra, como una dualidad donde tormento físico y placer se complementan:
No pude evitarlo:
El otro día te seguí en tu viaje a París.
Parecías un ángel en el balcón de aquel hotel,
viendo el firmamento.
Te escuché cantar bajo la regadera, sola,
como si fuera la primera vez que cantaras.
Danzaban las gotas cayendo sobre tu espalda blanquísima
y tus nalgas de terciopelo.
Luego hablaste del dolor, a solas también.
El dolor: ese trompetero de tu alma
El pacto ficcional también le permite a Rogelio Guedea recrear el vínculo que crece entre la celebridad y sus fans, relación parasocial que se crea de manera unilateral, pero que no por ello tiene menos hondura emocional:
Tu corazón es un lago donde nacen notas negras y redondas.
Un surtidor de poemas tristes y canciones púrpuras.
Por eso yo te amo, Lady Gaga, y creo en ti.
Te amo a pesar de tus vestidos fluorescentes de hojadelata
y tus pestañas de dromedaria.
Te amo contra mí mismo
más allá de hastío y la intoxicación.
En el fondo, el poemario propone un dilema ético en el que esta voz lírica será una representación hiperbólica de su comunidad de seguidores que la atormenta al alimentarse de su intimidad y borra los límites entre la persona (Stefani Joanne Angelina Germanotta) y el personaje (Lady Gaga)… a veces, con la misma naturalidad con que la idolatra.
Una feliz coincidencia editorial nos permite atestiguar una realidad cada vez más evidente en el panorama de nuestra poesía mexicana contemporánea: las notables diferencias en el tratamiento de las problemáticas en las plumas de escritoras y escritores.
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