La urgencia de hablar sobre Venezuela

Por: César E. Valdez

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Cuando ingresé a la universidad, Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Venezuela estaba por todos lados. Si a lo anterior sumamos que formaba parte de una carrera universitaria llamada Estudios Latinoamericanos puede comprenderse que la presencia era todavía mayor. Habían pasado unos cuantos meses del intento de golpe de Estado de abril de 2002 y la Revolución Bolivariana se proyectaba triunfante repeliendo el más rancio intervencionismo y demostrando un fuerte y decidido apoyo popular. Todos comenzaban a hablar del Socialismo del siglo XXI.

            Por esos años, no había curso en el que no se hablara de Simón Bolívar. Tuve la fortuna de asistir a los cursos del profesor Gustavo Vargas Martínez, si bien la materia tenía el nombre de Historia de la Cultura, lo cierto era que la mayor parte del curso estaba dedicaba a la presencia de Bolívar en América Latina. Y como resultado, más o menos lógico, muchos nos comenzamos a sentir bolivarianos, nuestro objetivo y destino debía ser, indiscutiblemente, trabajar por la unidad de América Latina y oponernos sin cortapisas al imperialismo norteamericano, representado en aquel momento por el proyecto ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas) y por supuesto por George Bush, o como lo bautizara Hugo Chávez, “Mr. Danger.”

            Quizá el momento culminante de aquel sentimiento haya sido en noviembre de 2005 cuando, en el marco de la Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata, se pusiera el freno definitivo al ALCA. Evo Morales, Lula Da Silva, Néstor Kirchner, Hugo Chávez y, por supuesto, Maradona, celebraban ante miles de personas. Para nosotros eran los héroes de la diplomacia y la resistencia latinoamericana. Como mexicanos sentíamos que podíamos integrarnos a ese grupo fantástico, pero el fraude electoral de 2006 impidió que nos sumáramos.

            Hoy, 20 años después, América Latina vive momentos de incertidumbre internacional. El 3 de enero fuerzas especiales norteamericanas secuestraron al presidente Nicolás Maduro luego de bombardear diferentes puntos estratégicos de la ciudad de Caracas. El presidente Trump demostró, en unas horas, que la política internacional y sus organismos han dejado de dar tranquilidad al mundo. Los caprichos pudieron más y las narrativas se impusieron frente a los hechos. Tan solo unos días después del secuestro, el mundo atestiguó la desaparición de la principal acusación en contra de Maduro y la total ausencia de cargos relacionados con violaciones a los derechos humanos o violencia política. Mientras la oposición venezolana que grito con gusto ante lo que parecía la inminente derrota del chavismo navega desconcertada ante el reconocimiento y dialogo abierto gobierno norteamericano con la presidenta interina Delcy Rodríguez, nadie sabe nunca para quién trabaja.

            ¿Cómo llegó Venezuela hasta aquí? En 2013 murió Hugo Chávez. Venezuela ya comenzaba a enfrentar acusaciones constantes de ilegitimidad y la economía comenzaba a sufrir los estragos de las políticas norteamericanas y, claro está, de la reducción del precio del petróleo. Esto fue minando la capacidad productiva petrolera y deteriorando el ingreso. La inflación se comenzaba a sentir, pero el carisma y presencia de Chávez parecían suficientes para mantener a flote el barco. Desde que Nicolás Maduro fue seleccionado como el sucesor de Chávez su capacidad política ha sido duramente cuestionada. A eso se sumarían años de hiperinflación en lo económico; la clara y evidente censura a la oposición (incluso de los que antes fueran aliados del chavismo), llegando hasta la prisión política; además de un muro de opacidad que hace tambalear los cimientos de la legitimidad del gobierno. Es notorio que los venezolanos hoy están por todo el mundo, ya sea que hayan salido por cuestiones económicas o políticas, lo cierto es que el país se convirtió en un lugar poco agradable para los planes personales de muchos venezolanos. Eso es innegable y no puede ocultarse.

            Tampoco debe negarse y dejarse de lado que los Estados Unidos han hecho de todo para tratar de derribar la economía venezolana, tanto por motivos de interés económico como de interés político. Mientras la relación económica se mantuvo en buenos términos los gritos entre Caracas y Washington no eran más que ruido blanco para una economía que poco a poco se fortalecía. Sin embargo, mientras más reivindicaba Venezuela su autodeterminación y trataba de solicitar lo justo por sus materias primas, más trabas ponían los Estados Unidos.

            Desde hace años es claro que a Trump no le interesa la democracia. La liberación del expresidente Juan Orlando Hernández, acusado y encontrado culpable de los delitos de conspiración de narcotráfico y portación y tráfico de armas, demuestran que el tema de la seguridad y la salud tampoco le importan. Trump es un empresario y solo le interesa el dinero. Hoy la oposición venezolana se retuerce ante el ninguneo y falta de respeto que ha expresado Trump hacía su principal carta María Corina Machado.

El anuncio de Trump de realizar incursiones militares por tierra es consecuencia del silencio internacional en el caso Venezuela. Hay muchos colegas que están inmersos en el contexto doméstico y no alcanzan a ver lo preocupante de la actual configuración subcontinental. El objetivo de Trump es alinear a toda la región a su favor. Ya alguna vez promovieron dictaduras militares. Ahora promueven el autoritarismo de derechas, en donde ha podido hacerlo electoralmente ha sido con comentarios y dichos inclinados a determinados candidatos. En donde no pueden pretenden hacerlo por la fuerza. Ojalá me equivoque.

            Enero de 2026 va apenas a la mitad y parece que este será el año de las amenazas violentas, 2025 y los aranceles fueron el año de las amenazas económicas. Aún quedan dos años de gobierno trumpista y, lamentablemente, ya no tenemos certezas de que haya un límite a la decadente hegemonía norteamericana.  Finalmente, sigo pensando que no hay momento para dudas. Nunca la intervención norteamericana ha solucionado conflictos. Es claro el interés en el petróleo. No es por la democracia ni por la libertad del pueblo venezolano es una mera actitud extractivista. Es nuestra obligación condenar la intervención y el bombardeo norteamericano en Venezuela.

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