La obscuridad

Por: Andrés Bali Quintanar
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En nuestro corazón habitan las palabras para enunciar un día profundo. Cada pensamiento tiene una forma de irse aunque años pasen antes de que puedan ser dichos. Podríamos comprender cada amanecer y cada día con nuestra mirada. Podríamos comprender el futuro y el pasado con la mirada profunda que abre el tiempo y la obscuridad. Las palabras son una luz que abre el corazón a otras emociones, a otros mundos, a la propia comprensión.
El tiempo es un lienzo donde expresamos el profundo mundo de las emociones. Una bella manera de comprendernos, de entender un propósito de cada día. Somos en el fondo las emociones que van surgiendo del abismo, del vacío, de la tierra, del cielo. La verdadera forma del cosmos es aquello que vamos diciendo poco a poco, cada día, cada eternidad, cada instante.
Es natural entender que cada pensamiento surge de la obscuridad, que antes de la luz hubo un pequeño mundo de ideas que necesitaban comprender su futuro. Un mundo de ideas que fue alumbrándose mientras íbamos nombrando el porvenir. Nuestra mente fue dando forma a las figuras retóricas que fuimos enunciando. La parábolas, las trivialidades, las formas lógicas que fueron apareciendo en nuestro pensamiento.
Antes de nosotros hubo un momento profundo donde surgió la conciencia que, pudimos comprender como la prístina belleza del amanecer, como la bella metáfora de un vagabundo, como la tierna mirada del amor. Nosotros somos un porvenir porque en nuestro corazón abrimos el tiempo a nuestra sensibilidad. Somos nosotros aquello que muere o vive, sufre o goza, entiende o confunde los signos del cielo. Nada le importa a las piedras, a los meteoritos, a los soles qué acontece en el mundo sublunar. Es nuestra piel la que siente el tiempo y sus presagios, su belleza, el color del amanecer.
Antes de la palabra hubo miedo, pero la palabra abre la mente a otros mundos, a otras emociones, a otras bellas verdades que aparecen en la conciencia, que aparecen en nuestros sentidos y que establecen un rumbo a nuestros pasos. Son bellas las palabras, corazón, que abren el pensamiento a las más bellas metáforas que es posible comprender. A la bella y profunda mirada. Es bella tu mirada, como el atardecer. Como una verdad infinita que permite la belleza de la existencia. La bella verdad del tiempo.
Es comprensible la forma en la que sucede el pensamiento, la tarde, la belleza, el ciclo lunar; todo lo que perciben nuestros ojos tiene una forma de decirse, la belleza de nuestro mirar. La belleza de un tiempo vivido, una forma de encontrarse con la vida.
Nuestros ojos tienen una profunda manera de volverse vida, nuestros ojos son un terremoto, un futuro momento donde acontece la existencia, o más bien, una bella forma de besarse y entender el provenir del tiempo en el latido del corazón.
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