La maniobra del artista

Por: Andrés Bali Quintanar

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Son los hilos del tiempo una bella temporalidad. Tejen las nubes y las emociones, tejen la mirada y el pensamiento. Son tenues maneras de amar. Bellas formas temibles. Bellos silogismos que llevan la atención al mundo circundante y más allá de eso, a la misma atención que teje el cielo y ve en las nubes bellas figuras de nube. La tierra suele mirar esta geometría y volver sensible la existencia y nombrar la belleza de todo aquello que respira.

            El tiempo solo existe en la mirada que no ha vista el tejido de la memoria, la tenue y bellísima palabra del amor, la bella entonación de mi corazón. El pensamiento es un tejido que abriga mis noches con una cobija que tejieron las manos de mi pueblo. El pensamiento me arropa de la noche, mi pensamiento me lleva a el fuego tenue de mi corazón.

            Las noches son solo momentos conmigo. Un poco de paz. Un poco de aliento. Las noches representan todo aquello que sé del tiempo. Las noches son un momento de belleza, donde calla el día, y los astros invocan bellas alegorías. Calla mi voz necia que quiere ser dueño del mundo. Y escucho la bella entonación del universo. Soy no’más el tiempo y el canto de las aves mudas. El canto nocturno que como una maquina predice los ciclos y las terribles guerras que cada quien libra en el pensamiento.

            Son los papeles donde escribo maneras de comprender aquello que siento, aquello que deja sin sueño a las aves de la noche. Sentir es abrir el cuerpo a nuevas y viejísimas emociones que llenan el silencio de música. La tierra suele embriagar las noches y las noches son solo maneras de escribir aquello que me inunda.

            Las noches son un lienzo de estrellas.

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