La conciencia de este instante

Por: Andres Balí Quintanar
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Pueden ocurrir los siglos y la mirada fijarse en un punto; la mirada es el cielo del cerebro. Tal
vez cerrar los ojos es también mirar fuera. Y mirar fuera también es mirar los sueños aparecen
ante la conciencia. La conciencia es la mirada, abierta o cerrada, vidente o ciega o ambos.
Puede la conciencia ser el tiempo, la conciencia necesita el tiempo para ser.
El cielo es esa pureza del ojo, de la cornea, del cerebro. Se imprime dentro de nosotros
la vida de la luz. La mirada es solo una metáfora de la vida que sueña este profundo vivir que
habita dentro del corazón. El latido del corazón es un sueño que no puedo agarrar, más que
sintiendo la profunda manera de hablar de las montañas. Sueño que estoy vivo y en mi
conciencia parece la belleza del tiempo. Las eras sucedieron ante la mirada humana; los ojos
nombraron eras al paso del tiempo, le regalaron fechas y horas al acontecer de la existencia. El
nombre de la conciencia solo pude ser pronunciado en una lengua antigua que presenció la
belleza del tiempo sin la máscara del ser humano.
Puede ser real pensar la existencia de otra manera. La conciencia es siempre nueva. Es
la forma de conocer los libros donde datamos los acontecimientos de nuestra mente. Donde
ocurrieron mitos, fábulas, historias. La mente tiene esa gran forma de acordarse de los
gobernantes, de los héroes, de las peripecias de sus artistas. La mente es el lugar donde
ocurrió la historia.
Y unas cuantas estructuras de piedra que honran decir que es verdad aquello que se
nos ocurrió pensar un día.



