Jaan Kross: de Siberia a Tenochtitlan (I)

Por: Stephanie Rendón
Un amigo estonio me dijo una vez que el camino más corto para entender la cultura de Estonia era a través de su literatura. Me tomé muy en serio su consejo y comencé mi búsqueda por desentrañar los secretos literarios de este país. Mi exploración comenzó en el verano de 2014, cuando emigré a Estonia. Allí me encontré con la peculiaridad de que Entre las tres plagas, estaba presente en cada estante de libros de cualquier casa. Sin preguntar las reglas, quise ser parte de ese club de lectura secreto al que pertenecen los de los cabellos color de papa con ojos azules, y compré el primer volumen de esta obra. Era una traducción en inglés que dejé sin abrir, y abandoné a merced de la pátina de polvo y soledad sobre el estante por varios años. Yo no estaba lista, todavía, para el cubetazo denso de historia estonia que viene adjunto a esta obra de aventuras.
Entre las tres plagas es una novela épica, escrita magistralmente por Jaan Kross (1920-2007), quien sin duda es el autor moderno más traducido y celebrado de Estonia. No sobra mencionar que fue nominado al Premio Nobel de Literatura en cinco ocasiones. En esta ingrata carrera de la espera por el premio, le ganó Borges, con ocho nominaciones, y Murakami les gana a ambos por quince. Lo bueno es que Murakami todavía vive y lo podría ganar. Esperemos que tarde o temprano los caballeros de la Academia Sueca le den su merecido premio.
Kross nació en la capital de Estonia, Tallin, y fue allí donde vivió la mayor parte de su vida. Durante la ocupación soviética en Estonia, fue acusado por las autoridades en turno de «nacionalismo estonio», uno de los crímenes más perseguidos de la época. Kross fue sentenciado a ocho años de trabajos forzados en los campos de Siberia. Logró sobrevivir y volver después de cumplir su sentencia para contar su historia y continuar escribiendo. El lector comenzará a imaginar las barbaridades y atrocidades que tuvo que soportar allí, junto con treinta mil paisanos suyos, y decenas de miles de prisioneros de otras regiones de Europa y Asia Central, quienes también fueron arrancados de sus hogares. Por desgracia la gran mayoría de los deportados murió.
En una entrevista al novelista Pérez-Reverte, un joven preguntó qué podía hacer para escribir su primera novela. El muchacho tenía muchas ganas de escribirla, pero no sabía cómo empezar. El escritor español, no sin algo de cinismo disfrazado de fingida timidez, muy clásico de su interesante personalidad, respondió que el mejor consejo que le podía dar era que tenía que vivir, luego vivir, y vivir más. Luego entonces, podría escribir sin tener que preguntar por dónde empezar. Ligo con esta idea el hecho de que varias de las novelas y textos de Jaan Kross son kilométricos, a él parece nunca haberle faltado un ápice de inspiración para relatar una historia. Sus herederos cuentan que el escritor se internaba en su despacho a escribir desde las diez u once de la mañana y se quedaba allí sin salir hasta que le daba hambre en la tarde o noche.
Entre las tres plagas se publicó en Estonia entre 1970 y 1980 en cuatro extensos volúmenes. La versión inglesa se publicó décadas después, dividida en tres libros, hábilmente traducidos por Merike Lepasaar Beecher. El primer libro en inglés, El funambulista, incluye los volúmenes I y II del texto original. El segundo libro, Un pueblo sin pasado, incluye el volumen III, y el tercero, Un libro de falsedades, el volumen IV. Cabe mencionar que ninguno de estos tomos se ha traducido al español, todavía. Dicha tarea requerirá de un valiente y osado traductor que acepte la encomienda de traer estos admirables textos al mercado hispanohablante, así que habrá que hacer lo que escribió Cervantes: paciencia y barajar.
La novela narra la historia, a partir de la infancia y hasta los últimos años, del famoso personaje histórico, el cronista de Livonia, Balthasar Russow (1536-1600). Se trata de una novela histórica, pero no es la típica. Es una obra monumental, que no sólo describe la vida del famoso cronista, sino que trasciende sus límites narrativos para convertirse en un amplio lienzo histórico de proporciones epopéyicas. El primer libro comienza con una escena en la que un Balthasar niño, el protagonista, sube a la torre de una iglesia de Tallin para ver de cerca un grupo de equilibristas, lo que sirve de metáfora para introducir la obra y dar sentido al título.
Balthasar Russow nace en el seno de una familia campesina, aunque sus padres consiguen darle una buena educación, y poco a poco logra ascender por la escala social. De algún modo u otro siempre está en el lugar adecuado, en el momento oportuno. A lo largo de la novela sus enemigos se acumulan, pero también sus aliados. Participa en un movimiento de insurrección contra los gobernantes de su época y consigue escapar a las consecuencias políticas de su intervención. Luego se ordena como sacerdote, contrae matrimonio y comienza a tener un rol importante en la historia de su tierra, pues se dedica a escribir las crónicas de lo que sucede en el entorno político, rural y geográfico de los reinos y poderes. Nadie antes que él se había tomado la molestia de realizar tal proyecto, y cuando personas influyentes en la política se enteran de su propósito, tratan de manipular lo que él escribe, incluso intentan robar sus textos, pues les preocupa saber qué se escribe en esas crónicas. ¿Acaso favorecen a los poderosos, al pueblo o al enemigo? ¿Cuentan verdades a medias, la opinión del cronista o la de quién? De pronto, el mundo medieval se da cuenta de que lo que quede plasmado con tinta y en papel tiene un poder formidable sobre lo que ocurrirá en el futuro. No a todos les gusta que se diga la verdad, y menos, que se escriba sobre ella. Este es un tema interesantísimo que es discutido en la novela de forma maravillosa, y es aquí, cuando es necesario leer con contexto, es decir, esta novela fue escrita durante la época de la Unión Soviética, cuando el pueblo estonio no tenía libertad de expresión, ni soberanía como país. Un pueblo sin memoria está condenado al olvido, y por eso el protagonista decide escribir las crónicas de Livonia. Pero ¿no es verdad que la historia la escriben los vencedores?, ¿quién es dueño de la historia de un pueblo?, ¿el que la escribe, con su perspectiva, su visión, o quizás, son los vencidos quienes deberían crear su versión? Estoy segura de que el historiador y antropólogo Miguel León-Portilla tendría mucho qué opinar al respecto.
La obraestá formada de distintas concatenaciones de hechos, momentos históricos y relatos ocurridos durante las tres plagas de peste negra que asolaron Reval, como se le llamaba antiguamente a la ciudad de Tallin, y de ahí el nombre de la novela. Kross no sólo se refería a la enfermedad como plaga, sino también, metafóricamente, a las potencias extranjeras que buscaban el control de Livonia durante la Guerra de Livonia, entre ellas Rusia, Polonia-Lituania y Suecia, aunque también podría haberse referido a los daneses y alemanes.
No fue, sino hasta hace poco, que leí las tres partes de esta novela, llena de intrincadas y largas descripciones del campo y la ciudad, así como del modo de vida de la gente de la Estonia del siglo XVI. El estilo de la narrativa de Kross es como una sopa de cocción lenta; requiere de tiempo para que los sabores se fundan y suelten sus esencias. Al final del banquete, me quedó un buen sabor de boca. Descubrí aspectos curiosos del modo de vida antiguo en los que nunca me había puesto a pensar. Por ejemplo, hay un capítulo en el que Balthasar Russow tiene la valiosa encomienda de entregar un mensaje a un personaje de la realeza en Finlandia. Esta parte de la historia ocurre en la etapa más cruda del invierno, lo que implica que Russow transitaría a través del mar congelado desde Kalamaja, un vecindario de pescadores a orillas del mar en Tallin, hasta más allá de Helsinki. Hoy en día dicha travesía se puede hacer en tres horas, mediante un viaje a bordo del ferry y un viaje en taxi. A Russow le tomó una semana llegar, pues iba en trineo, y luego a pie, sobre el mar congelado. Dicha anécdota me hizo reflexionar sobre que en la actualidad el mar Báltico que divide los puertos de Tallin y Helsinki no se congela, y por lo tanto nadie puede ir caminando para cruzar a Finlandia desde Estonia. El calentamiento global no ha afectado tanto esta región, como para que el mar ya no se congele. Lo que sucede es que los gobiernos de ambos países realizan labores de mantenimiento para impedir que el mar se congele, lo que garantiza que los transbordadores, barcos y buques de carga puedan cruzarlo sin problemas.
Me acerqué a las obras de Jaan Kross para aprender sobre la historia de Estonia, pues quería entender quiénes son los estonios. He de confesar que casi todos los nombres de reyes, barones, princesas y políticos mencionados en el libro me eran desconocidos, así que tuve que investigar sus historias y orígenes para dar sentido al periodo y las situaciones descritas. Incluso tenía mapas impresos a la mano para visualizar las rutas narradas mientras leía la saga.
Con asombro y bastante antesala, me encontré un capítulo que versa sobre acontecimientos y personajes conocidos para los de mi tierra, y se volvió mi parte favorita de la novela. Me refiero al capítulo cuarto del segundo libro (el tercer volumen en la versión en estonio). El autor comienza describiendo la desastrosa expedición de 1541, ordenada por el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V, también conocido como Carlos I de España, para reconquistar Argel, que había estado bajo el control del emperador otomano Solimán el Magnífico desde 1529. Los dominios de Carlos V incluían España, Alemania, los Países Bajos, la mayor parte de Italia y una parte significativa de América. Su señorío era conocido como el imperio en el que nunca se ponía el sol.
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