Imagina un mago

Por: Ernesto Priani Saisó

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En un texto breve, El misterio del cuarto amarillo, Hugo Hiriart reflexiona sobre las fuentes de nuestra imaginación. Nos dice:

 “Imagina un cuarto, no hay ventanas, la única puerta está cerrada. El piso, las paredes y el techo del cuarto son amarillos. ¿De qué tamaño imaginaste el cuarto? Puedo suponer que de cuatro por cuatro metros, más o menos, de lado y tres de alto. No había instrucciones al respecto, ¿por qué lo imaginaste de ese tamaño?”

La última pregunta es una provocación, claro. Pero su razón la encontramos más adelante, a propósito de la solicitud de imaginar una mesa y una pecera.

 “Lo que quiero mostrarte es que, aunque la pecera es tuya, y tú la imaginaste, tú no la hiciste a tu voluntad sino que ella apareció delante de ti, sin tu esfuerzo. Tú no hiciste nada, oíste la orden y de pronto, pum, ahí estaba la pecera en el centro del cuarto amarillo, sobre la mesa.”

Este giro de la historia abre paso a una reflexión sobre la independencia de la fantasía con respecto de nuestra voluntad. No imaginamos aquello que queremos, sino lo que parece sobrevenirnos, como en los sueños. Pero ¿por qué, cuando nos piden imaginar una pesera la imaginamos de una forma y no de otra?

Hiriart no ofrece una respuesta a esta pregunta en concreto. Pero hace algo que apunta en la dirección dónde podríamos encontrar una respuesta. Imaginemos ahora que quien va a entrar al cuarto que hemos imaginado y donde hay una pecera, es un mago:

“La imaginación sólo afirma, es muy asertiva, así es. Yo imaginé que quien entraba era una anciana. Es el mago dueño del cuarto, sólo que el mago es una anciana. Después calculé que podría, como en el Fausto de Goethe, haber entrado un perro, que ya dentro del cuarto se transfigurara en Mefistófeles. Pero cuando hice esto estaba pensando y recordando. Mi imaginación espontánea me dio a la anciana.”

Tú, ¿cómo imaginaste al mago? Yo no imaginé una anciana. Para mí fue difícil no pensar en un mago de frac y de chistera, en su forma más tontamente tradicional, porque me parece que ya ni los magos son así, llevan años tratando de parecer otra cosa. La anciana y el perro me resultaron trucos de una imaginación familiarizada quizás con otras representaciones de los magos, mucho más rica y fecunda que la mía, ¿quién pensaría en un mago que aparece como anciana?

La anciana, el perro, el mago de chistera son tres formas de imaginar un mago. Independientemente de si el automatismo de nuestra psique elige uno u otro, para ofrecérnoslo primero –los procesos de selección de la psique no son por ahora uno de nuestros problemas-, lo cierto es que cualquiera de los tres pueden ser tomados como un “cuerpo” para el mago –sometido a las circunstancias específicas del tiempo y el espacio- y pueden ocupar el lugar de éste en los sueños, las alucinaciones y las fantasías que tenemos despiertos, cuando voluntariamente nos contamos una historia y en ella hay, por ejemplo, un mago.

El perro –como por supuesto mi más vulgar mago de chistera- nos daría una pista muy ambigua sobre el origen de esos “cuerpos” que la fantasía le otorga al mago: cualquiera que sea la imagen, parece tener una fuente en nuestra experiencia. Esta, a veces, puede ser muy identificable: como el mago-perro de Goethe. Menos precisa, como en el mago de chistera, pero común y conocida. O incluso parecer arbitraria, como el mago-anciana, pero resultar que en el fondo lo es sólo porque se trata de una anciana y no de un anciano, como también suelen ser los magos, por ejemplo, Gandalf o Saruman en el Señor de los anillos.

Pero lo que llamamos experiencia aquí es algo muy confuso, que involucra por igual la percepción directa, como cuando frente a nosotros tenemos a un mago –quizás una mujer joven, en jeans- mostrando sus trucos, pero también la que es mediada a través, por ejemplo, de las obras de ficción, como las de Goethe o Tolkien; o la que se forma a través de las imágenes de un cartel o de las vistas en un cine. La experiencia, pues, se extiende más allá de la simple percepción del entorno, e incluye, por la vía de diversas tecnologías, como el habla, la escritura, el dibujo, la imagen, etcétera, las sensaciones producidas por personajes y eventos a los que accedemos a través de ellos.

Este artículo forma parte de una serie sobre la fantasía.

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