Florencia

Por: Héctor Alejandro Cárdenas Lara
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Ciudad que derrama belleza en museos y en sus calles abiertas a los sentidos. Es la capital de la Toscana, una de las veinte regiones políticas de Italia, tierra de etruscos, o tirrenos, nombre del mar que baña sus costas. Regala riqueza estética y espiritual del Renacimiento, lo que Dante dejó en su “Comedia”, la “Divina” como la llamó Boccaccio, con la transición de la Edad Media.
Se llega por tierra o desde el aeropuerto, a la estación del ferrocarril, frente a la Basílica de Santa María Novella, “Patrimonio de la Humanidad”, levantada al inicio del segundo milenio, nos recibe con la paz de su claustro, sus jardines, y la gran iglesia; en su entrada principal, desde la plaza, impactan sus mármoles blanco y verde, y nos prepara su belleza para iniciar la marcha.
Vamos hacia el Duomo de Florencia, la Catedral de Santa María del Fiore, en el camino nos encontramos con una curiosa cabeza esculpida en piedra, incrustada en la parte alta de la pared del costado de la iglesia de Santa María Maggiore, es la representación de “La Berta”, nombre usado para referir una persona sencilla, ella vendía verduras, pero se distinguía por ayudar a todo el mundo, al grado que dejaron su imagen en la iglesia, una de las bellas leyendas florentinas. Llegamos a la Plaza del Duomo, con asombro de la inmensidad catedral, por la grandeza de Brunelleschi, el baptisterio y sus puertas de Ghiberti, y el enorme campanario de Giotto, con la alquimia representada con su arte, una maravilla. Vamos a la Plaza de la Señoría, con el David de Miguel Ángel, con severa miranda al enemigo, una réplica del original que está en La Academia, en el pórtico de enfrente, la estatua de bronce de Perseo de Benvenuto Cellini. Caminamos por el costado de la Galería de los Uffizi, entre estatuas de artistas, llegamos a orillas del Arno, a la derecha vemos el Ponte Vecchio, cruzamos y vamos al Palazzo Pitti y los jardines de Boboli. Regresamos para ir al museo del Bargello, admiramos gozosos esculturas de Donatello, Verrocchio, Della Robbia, Michelangelo, Cellini y Giambologna. Tesoros visuales.
Luz Elena recordaba un fresco de la Última Cena, “cenáculo” en italiano, lo buscamos por iglesias y ex conventos, no lo encontramos, pero recorrimos Florencia (2019) y vimos más de media docena de otros. Llegamos a Sant’Apollonia, ex convento de clausura, con el primer cenáculo renacentista en Florencia (1447), de Andrea del Castagno pintado al fresco en el refectorio, con la escena descrita en el Evangelio de Juan. Anteriores fueron el de Tadeo Gaddi (1340), en la Santa Croce; el de Andrea Ocagna (1370), en Santo Spirito; posteriores los de Domenico Ghirlandaio en Passignano (1476), en el Convento de Ognissanti (1480), y en San Marco (1482), el de Peruggino en Foligno (1497), y el de Andrea del Sarto en San Salvi (1527).
Desde Florencia recorremos la Toscana, vamos río abajo por el Arno, que baña sus ciudades, hasta Prato, visitamos el destacado Centro de Arte Contemporáneo Luigi Pecci, el principal de Italia y uno de los más
importantes de Europa; seguimos a Lucca, la ciudad de Giacomo Puccini, con su imponente plaza redonda y sus restaurantes, y llegamos a Pisa, con el impactante campo extenso de la catedral, su baptisterio y su torre, que
por inclinada su volvió famosa. Hacia el sur de Toscana vamos a la bella Arezzo, donde se filmó la película “La vida es bella”, y a la atractiva San Giminiano y sus muchas torres, cerca de Siena, con una de las plazas más bellas en Europa, la plaza de Palio, donde hacen la espectacular carrera ecuestre, y luego de regreso a Florencia.
Y para terminar vamos a Fiesole, a la Casa del Popolo, en compañía de Sonia Ziparo y nuestros amigos italianos, a tomar café en su terraza, contemplar el bellísimo paisaje de la Toscana, bajamos caminando para cenar en un restaurante en la Plaza Central, salimos con prisa para tomar el último autobús a Florencia, 8 km abajo, y a seguir soñando el renacimiento.
[email protected] Cantarranas, Cuernavaca 2025
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