Fabulosas imposturas de Fabienne Bradu

Por: Adolfo Castañón

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O

A Fabienne Bradu la debo haber conocido a principios de los años ochenta. Ella llegaba de Francia, y fue nombrada investigadora en el Centro de Estudios Literarios dirigido por Huberto Batis. Otros compañeros del centro eran Armando Pereira y Guillermo Sheridan. De inmediato nos hicimos amigos. Ella antes había estado en Santiago de Chile y tenía un doctorado en Literatura Latinoamericana e Hispánica en la Sorbona.

Fabienne Bradu es una presencia activa en las letras de México desde hace años. Publicó en el FCE diversos títulos. El primero reunía ensayos y perfiles sobre mujeres singulares: Señas particulares de 1987, donde analizaba las obras y perfiles de Elena Garro, Inés Arredondo, Josefina Vicens, Luisa Josefina Hernández y María Luisa Puga. En 1991 dio a la estampa Antonieta 1900-1931. En 1994 las cinco Damas de corazón: Marí Asúnsolo, Consuelo Suncín, Lupe Marín, Ninfa Santos y Machila Armida. En 2008 Artaud, todavía donde comenta el epistolario entre Luis Cardoza y Aragón y Paule Thévenin. En 2002 Otras sílabas sobre Gonzalo Rojas que es el preludio de El volcán y el sosiego. Una biografía de Gonzalo Rojas (2016) y de sus ediciones de la obra en prosa y verso del poeta chileno. Es presidenta de la Fundación Gonzalo Rojas y miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua. Tenemos en común la estima y admiración por la obra de Gonzalo Rojas.

            En Fabulosas imposturas Fabienne Bradu continúa su itinerario por territorios poco transitados del bosque de las letras. Además de estudiar a fondo la obra de Gonzalo Rojas, Fabienne ha levantado un mapa ensayístico sobre las obras y figuras de André Breton, Benjamín Peret, Antonin Artaud y ha escrito sobre Juan Rulfo, Octavio Paz y Roberto Bolaño. Uno de sus libros más recientes en Bonilla es Residencias invisibles, que tiene no pocas afinidades con este otro conjunto de avatares literarios.

            Aunque conozco a Fabienne desde hace un tiempo, el libro ha sido para mí una verdadera sorpresa y me ha dado a conocer a muchos autores que yo desconocía, empezando por Antoine Bello, Nella Larsen y Alexandra Lapierre. A otros los conocía de oídas, pero no los había leído realmente. Los leeré. Las diez columnas que componen el libro son, desde mi punto de vista, están indiscutiblemente asociadas a la figura mayor del italiano Luigi Pirandello. Casi diría yo que el libro es un homenaje a su fecunda e infeccioso ascendiente en las letras europeas contemporáneas. Sé que se trata de un libro de literatura, de bellas letras, y que quizás no cabe aquí introducir el tema antropológico y etnográfico de las dualidades de la identidad abiertas por el chamanismo, puente entre lo visible y lo invisible, entre lo fabuloso y lo material. Este fenómeno que creo que tiene no poco que ver con el juego diabólico y peligroso de las Fabulosas imposturas. Desde ese punto de vista, no sé si también cabría inscribir este libro en la perspectiva literaria de Los poseídos de Fiodor Dostoievski.

            La impostura no siempre es fabulosa, puede ser cruda y corriente, como lo es en la vida cotidiana el fenómeno del adulterio. En la segunda acepción del Diccionario histórico de la lengua española (1933-1936), se encuentra: “Falsificación, mixtificación. ~ «El qual [trigo], para que de él se haga perfecto pan, quiere ser bien maduro, lleno, pesado, enjuto, duro, limpio de todo adulterio.»” 

I

La voz “impostura”, “imposture”, aparece en francés en 1546, es un préstamo del latín imposture, voz relacionada con “imponer”. La palabra “impostor” aparece en Rabelais, en 1532 en el libro III, 3, con el sentido de “aquel que busca engañar o imponerse en provecho propio. Es sinónimo de falsedad, mentira, engaño”. La impostura es la máscara de la verdad; la falsedad una impostura natural, la disimulación una impostura premeditada: la artimaña una impostura que quiere hacer daño; la duplicidad, una impostura que tiene dos fines” dice Vauvenargues, en De l’esprit humain, XI, V; y Rousseau en el cuarto paseo de las Reveries d’un promeneur solitaire: “El error es siempre impostura cuando se da lo que no está en regla con lo que se debe hacer o creer”. Engaño, hipocresía, falsa apariencia. Tambien se registra en una cita de Barbey d’Aurevilly, en Las Diabólicas “El revés de las cartas”, que “para algunas almas, se da la felicidad de la impostura, la espantosa pero embriagante que aflora en la idea de que se miente y se engaña con el pensamiento de que uno se sabe solo, y de que se representa en la Sociedad una comedia de la que ella es la engañada y de la cual se pagan los gastos de la puesta en escena mediante todas las voluptuosidades del desprecio. Las naturalezas que viven con la mano en el corazón no se pueden dar idea de las poderes solitarios de la hipocresia, de quienes viven y pueden respirar con la cabeza envuelta en una máscara”.

Contra esta carga negativa de la palabra reacciona la autora en el texto de la cuarta de forros en que desglosa el índice de este libro nuevo libro suyo:

Ni la moral ni la ley tienen cabida en este libro. La impostura literaria que aquí se aborda, es ajena a lo anatemizado por el decoro y la justicia, y antes bien debe ser considerada como una virtud, hasta un virtuosismo, en el oficio de escribir. La idea de este libro nació de un hartazgo ante la proliferación de relatos autobiográficos, también llamados autoficciones cuando se adornan con mitomanías y mentiras. Se han multiplicado hasta el grado de conformar un territorio bautizado egotopía, un neologismo elocuente de la magnitud perniciosa del fenómeno. Semejante plétora narcisista ha estrechado el horizonte literario, del que se esperaría una dilatada apertura hacia regiones rebosantes de oxígeno inventivo.

La impostura tiene una naturaleza lúdica y responde a una decidida apuesta a la imaginación y, por ende, al poder subversivo de la creación. El novelista francés Antoine Bello; Luigi Pirandello; Mariana de Alcoforado, la monja portuguesa del siglo XVII; los alemanes Thomas Mann y Joseph Roth; tres ficciones norteamericanas que, con Nella Narsen, Belle Greene y Philip Roth, ilustran la corriente del passing y atañen a los negros que se hacen pasar por blancos; Max Aub, Enrique Vila Matas; Emmanuel Carrére; Romain Gary y Fernando Pessoa, son los autores que aparecen en el libro. Me gustaría que los lectores cerrasen el libro repitiendo las palabras finales de Romain Gary que yo misma suscribí al terminar de escribirlo: “Me divertí mucho. Hasta la vista y gracias”.

El libro reúne diez piezas dedicadas a otros tantos libros y o autores, aunque a veces hay sorpresas y detrás o junto están agazapos otros, como en el caso del ensayo sobre Thomas Mann y Joseph Roth.

El libro se deja leer y lleva al lector con feliz facilidad de un capítulo al otro. Al lector o lectora le queda claro el compromiso de la autora con su propia curiosidad y su insaciable avidez para perderse en los bosques de la literatura gozando el encuentro de cada claro, de cada estación y de cada descubrimiento. Tuve la fortuna de conocer este proyecto desde hace al menos un año, en el marco de una amistad literaria que se remonta a varias décadas. De hecho, el libro me hizo recordar una de las épocas más felices de mi vida cuando un grupo de amigos: Guillermo Sheridan, Francisco Hinojosa, Jaime Moreno Villarreal y Fabio Morábito, nos reuniamos dos veces al mes para comentar exhaustivamente una obra. Por nuestros ojos y lecturas pasaron José Bianco y Philip Roth, entre otros. Recuerdo que en el caso de la lectura de Sombras suele vestir del argentino nos demoramos varios meses en la lectura… Ese taller tuvo una réplica en otro que armamos con Fabio Morábito y Jaime Moreno Villarreal y que produjo a la larga el libro colectivo y sui generis titulado Macrocefalia. De hecho, debo confesar que una de las Fabulosas imposturas, la dedicada a Max Aub, tuvo su origen en una comida que tuvimos la autora y yo y que ella reproduce al principio de su ensayo.

II

El hilo conductor de esta decena de perfiles es el juego de espejos entre el sí mismo y la otredad, o la tentación de “ser otro”. De ahí el titulo del último capítulo “A otrarse, dijo Fernando Pessoa”. Ese juego con el otro pasa por la “impostura” y la parodia, la simulación y los juegos y entretelas del desdoblamiento, la transformación de la identidad y la invención o tentación de “ser otro”, ser un espía de sí mismo o huir de sí a través de una suerte de sacrificio.

Desde luego, se da un placer por ese juego de “las cabezas trocadas” para aludir a la novela corta de Thomas Mann que se entrelinea en esa última novela póstuma, muchas veces interrumpida, Las confesiones del caballero de industria Felix Krull o Confesiones de un estafador de Thomas Mann, uno de los ensayos que más me gustó de este libro que sugiero leer no desde el principio hasta el final, sino desde el final hacia el principio.

III

Muchas veces, al asomarme a este libro que me ha acompañado en las últimas semanas, he pensado en que le pregunto a Fabienne si no pensó en mencionar la novela breve de Jean Cocteau Thomas l’imposteur y si al escribir sobre Fernando Pessoa no pensó en Valery Larbaud y en su heterónimo Barnabooth.

También recordé la novela de Manuel Vázquez Montalbán, Los mares del sur, en que el detective Pepe Carvalho debe investigar el crimen de un empresario que apareció muerto en un barrio a las afueras de Barcelona, luego de haber desaparecido misteriosamente. Carvalho logra averiguar que el empresario Carlos Stuart Pedrelll desapareció deliberadamente y asumió otra identidad dentro de la propia ciudad, cansado de la vida que llevaba.

“Otrarse”, la práctica de volverse otro, era una de las facultades poéticas de Fernando Pessoa, cuyas obras leí gracias a su traductor mexicano Francisco Cervantes, quien cultivó en sí mismo ese transformismo de la identidad y se inventó un heterónimo: Hugo Vidal, para desahogar, por así decir, esa fuerza que lo sacaba literalmente de sí mismo, al igual que Eugenio Montejo inventó toda una corte de heterónimos, los “colígrafos”, a partir de Blas Coll.

El tema del volverse otro recorre desde la antiguedad las letras. Pienso en que en la mitología griega sería impensable sin el motivo de las usurpaciones de la identidad.

IV

La arqueología de la identidad dividida que despliega este vertiginoso libro se afina en el ensayo dedicado a las Confesiones del caballero de Industria Felix Krull o Confesiones de un estafador y las Confesiones de un asesino de Joseph Roth. El ensayo se sostiene en una acuciosa investigación en torno a la figura del aventurero rumano Georges Manolescu (1871-1908), autor de unas memorias: Eine Furs der Diebe, que escribió en el manicomio en que estaba encerrado y que dieron lugar a una pelicula de Ernest Lubisch, Trouble in paradise (1932). La novela de Mann fue publicada postumamente, pero consta que fue uno de los proyectos que lo acompañaron a lo largo de toda su vida. La idea de cotejar el libro de Mann con el de Roth le permite a la autora abismarse en esa arquología de la identidad usurpada.

En este ensayo, uno de los más interesantes del libro, la autora menciona de paso una novela corta del autor de Las confesiones del estafador Felix Krull, que tiene que ver, desde mi perspectiva, con el proyecto general del libro. Me refiero a Las cabezas trocadas, Die vertauschten Köpfe, que recrea una antigua leyenda india sobre el inverosímil episodio de una doble decapitación e injerto equivocado de dos amigos, Nanda y Chridaman, que pierden la cabeza en el templo de la Diosa Kali, acompañados por Sita, la esposa de uno de ellos que estaba enamorada del otro.

Los motivos del deseo, la seducción, la incomodidad con el propio cuerpo, la simulación, el pecado, recorren como un relámpago el firmamento de la fábula y, desde mi punto de vista, proporcionan una clave interpretativa, marco teológico para inscribir en el los otros ensayos del libro.

Por lo pronto y más allá de la lectura del ensayo de Fabienne, le agradezco que me haya refrescado estas lecturas de las obras de Thomas Mann y de Joseph Roth.

Fabulosas imposturas es un manantial de lecturas y uno de los eslabones del itinerario de la escritora y crítica de su proyecto en torno a la escritura y reflexion sobre el arte de la biografía.

V

Sobre “Emile Ajar alias Romain Gary”, otra de las piezas de este libro vertiginoso, cabe recordar, además de todo lo que dice la autora, el perfil que hace el poeta, crítico y editor James Laughlin en su libro misceláneo.[1] Laughlin recuerda en ese ensayo la:

… larga historia del doble en la literatura, comenzando por los gemelos en las obras de Menandro y Plauto. Durante la Edad Media y el Renacimiento, los temas del desdoblamiento se vuelven mucho más complejos, ya que incluyen la teología y hasta la magia. Luego aparece el doppelgänger, la sombra de una persona. Tenemos a los “Leute die sich selber sehen”, gente que se ve a sí misma. La psiquiatría moderna se ocupa de esta clase de desdoblamientos, como constatamos en los monumentales volúmenes de historias clínicas de Meyers. Son interesantes las teorías de Freud sobre el unheimlich (lo desasosegante). Para quien sienta curiosidad sobre el doble en la tradición literaria, sugiero como punto de partida un trabajo del profesor V.M. Dimic, “The Double in Renaissance Literature” [“El doble en la literatura renacentista”], publicado en la revista Actes du VIIIe Congrés de l’Association Internationale de Littérature Comparée. The Double in Literature [El doble en la literatura] de Ralph Tymms relaciona el desdoblamiento con el mesmerismo del siglo XVIII. También Doubles: Studies un Literary History [Dobles: estudios de historia literaria] de Karl Miller, A Psychoanalytic Study of the Double in Literature [Un estudio psicoanalítico del doble en la literatura] de Robert Rogers y, por supuesto, el clásico Confessions of a Justified Sinner [Confesiones de un pecador justificado], de James Hogg.

            El doble persiste en la narrativa moderna, por supuesto. Entre los alemanes tenemos Peter Schlemihl (el hombre que vendió su sombra) de Chamisso y muchos cuentos de E.T.A. Hoffman. Están El doble de Dostoyevski y el desdoblamiento de Golyadkin y Devushkin en Pobres gentes. Albert J. Guerard, editor de una antología, Cuentos de dobles, señala que hay desdoblamiento en The Secret Sharer [Un socio] de Conrad. A los franceses les fascina el desdoblamiento: Nerval, Musset, Gautier y Maupassant y más tarde Bardamu en Viaje al fin de la noche de Céline y el Robinson de Michel Tournier. La primera novela de Estados Unidos, Wieland de Charles Brockden Brown trata del desdoblamiento ventrílocuo. En Latinoamérica Borges y Cortázar escribieron cuentos sobre dobles. Fassbinder hizo una película de la novela de Nabokov Desesperación y tenemos Persona de Bergman. Egon Schiele evidentemente dibujaba su doppelgänger en su “Doble autorretrato”.

VI

El índice del libro consta de los siguientes perfiles:

Una impostura psicoanalítica: Antoine Bello, Scherbius, soy yo

Una impostura póstuma: Luigi Pirandello

Transformismo en el siglo XVII: Las cartas de la monja portuguesa

El derecho y el revés de una medalla: Thomas Mann y Joseph Roth

Una impostura en blanco y negro: Nella Larsen, Alexandra Lapierre, Philip Roth

Una impostura pictórica: Jusep Torres Campalans y Max Aub

Enrique Vila-Matas o la suerte de no llamarse como todo el mundo

Emmanuel Carrere contra el Adversario

Émile Ajar alias Romain Gary

A otrarse, dijo Fernando Pessoa


[1] Ensayos fortuitos, editado por Eliot Weinberger en México en 1995, en la editorial Vuelta, con un texto en la cuarta de forros de Octavio Paz, en traducción de Elisa Ramirez Castañeda.

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