Estética feminista ¿qué mil flores florezcan?

Por: Eli Bartra

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Francesca Gargallo (1956-2022) escribió el libro Bordadoras de vida. Aproximaciones estéticas feministas, (México, Viceversa, 2020) y ahora, más que nada para recordar el pensamiento y la vida de Francesca al conmemorarse su nacimiento un 25 de noviembre (día de la no violencia hacia las mujeres) traigo acá unas palabras que sobre ella.

Cuando leo o releo ese libro de Francesca Gargallo siento que le estoy dando continuidad a las conversaciones entabladas durante años sobre un tema que nos encantaba y en torno al cual trabajamos ambas: la estética feminista. Las reflexiones expresadas en este conjunto de textos, que conforman una polifonía, obligan a pensar, y estoy convencida de que harán rumiar y aprender a quienes se acerquen a él.

            Son más que necesarias, imprescindibles, ideas como las de Francesca sobre filosofía del arte feminista, sobre las artes de las mujeres tanto históricamente como en la época contemporánea. A las feministas de ésta y otras partes del mundo les han interesado poco las ideas estéticas, casi nada la historia del arte y menos aún las llamadas “manualidades”, las artesanías y las artes populares. De ahí lo oportuno, lo pertinente y lo importante de un libro como este que aborda todas estas temáticas.

            Francesca Gargallo apuesta, a lo largo de los nueve capítulos agrupados en este armónico volumen, por una liberación estética feminista y ello frente al despiadado mundo que radiografía. Mantiene el necesario enojo y optimismo para querer transformarlo, en cierta medida, por medio de las palabras pero, desde luego, sin olvidar la acción política.

            Un doloroso surco atraviesa todo el libro y es el de la violencia hacia las mujeres con sus mil rostros. Aunque lo luminoso se asoma siempre, hay procesos de liberación posibles y una producción artística que emana de ellos. El eje estructurador dentro de esta temática de violencia sistémica patriarcal es el cuerpo lacerado que requiere liberación y para ello escudriña las artes visuales y escritas. Le interesa tanto la plástica como el performance o el teatro, la fotografía, el cine y la narrativa, pero la poesía lo envuelve todo. La visión poética del mundo la define.

            En el libro la historia de las luchas, del pensamiento feminista y la estética se van entretejiendo con las artes en una infinidad de manifestaciones específicas de mujeres concretas de México y más allá, para conformar la polifonía que he mencionado más arriba. En virtud de esto mismo, su labor es interdisciplinaria pues el hilo de su bordado es tanto la filosofía, (sobre todo la del arte y la ética) como la historia desde un prisma de Abya Yala.

            No se puede dejar de reconocer que cada uno de los capítulos del libro son informativos, didácticos, claros y contundentes, y ponen el acento en la creatividad desde los márgenes. Mujeres, todas, pero de entre ellas no olvida, antes al contrario, a las chicanas, las indígenas, las negras, las lesbianas, las otras, las no “hegemónicas”, por decirlo con su lenguaje.

Lo claro y lo distinto, ya lo señalaba René Descartes, es una virtud que es preciso destacar, subrayar, ya que vivimos aún bajo el influjo de los escritos posmodernos que tan a menudo ofuscan la realidad; Francesca se coloca con su ágil pluma lo más lejos posible de esa jerga posmoderna inextricable.

Le preocupa y se ocupa tanto del sexismo como del racismo y del clasismo. Las feministas son percibidas como sujetos autónomos y en lucha constante por la autonomía. No más igualdad, no más diferencia, aparte de simplemente ser, nos dice.

Va saltando, como en la vida misma, de una idea a otra, pero las va entretejiendo sobre territorios diversos. Su discurso es siempre, invariablemente, contra la dominación, venga de donde venga, y para destacar las diversas resistencias de las personas vencidas; resistencias en femenino, atribuciones subalternas, identidades grupales y utopías rebeldes aparecen en todos y cada uno de los textos, con el telón de fondo de la violencia. Artistas, creadoras, individuales y colectivas conforman parte de la trama.

            Quienes se sumergen en cuestiones de estética y mujeres a menudo acaban tocando el asunto de si existe o no un quehacer específico de las mujeres en las artes, de si se crea de manera diferente de acuerdo con las identidades de género o las preferencias sexuales. La tendencia ha sido la de negar lo femenino en el arte, y se disfraza lo hegemónico masculino de neutralidad. Dentro del feminismo hay quienes hemos pensado que las mujeres, en términos generales, crean en tanto sujetos sexuados y generizados. La existencia de artes y literatura femeninas y el significado de lo “femenino” le preocupa a Francesca, sin embargo, se decanta por la idea de que lo femenino es solamente lo tradicional, el estereotipo de mujer. “Por supuesto, no creo que lo femenino sea lo propio de las mujeres, sino lo que se les atribuye”, afirma Francesca. Yo pienso, en cambio, que lo femenino sí es lo propio de las mujeres, lo atribuido y lo impuesto tanto como lo crítico ante el estereotipo; caben todas las formas posibles de ser mujer en este planeta, en Nuestramérica, el estereotipo y las rupturas, las resistencias ante lo impuesto. Lo femenino es lo que corresponde a los sujetos feminizados y no es, por lo tanto, una cosa única, no es una esencia. Es múltiple y complejo. De la misma manera que el arte feminista no es uno, sino la suma de la multiplicidad, la diversidad y la heterogeneidad del feminismo(s).

            Así como aparece la cuestión de lo genérico cuando se habla de prácticas artísticas, también surge indefectiblemente el asunto de la función del arte; esta ha sido una de las grandes preocupaciones de la estética desde siempre y a Francesca también le interesa al igual que la importancia y el significado de la autoría de las obras. ¿Para que sirven las prácticas artísticas? ¿A quién sirven? ¿Deben de tener alguna función social o ninguna? Sin decirlo explícitamente es evidente que Francesca es contraria a la nefasta noción del arte por el arte. Las prácticas artísticas, indudablemente, sirven para mucho, tienen diversas funciones sociales y políticas y, en un lugar destacado, son útiles para la conquista de la libertad de los seres humanos.

            Ninguno de los capítulos queda al margen de la condena a la execrable violencia hacia las mujeres, como dije. Todo el libro conforma una enorme cruz como las que se colocan en el desierto por cada mujer asesinada en el marco del atroz feminicidio sistémico patriarcal. Los hilos con que se han ido bordando cada uno de los capítulos, uno a uno, conforman esta gran cruz simbólica ante la misoginia.

            Termina con un hermoso texto autorreferencial, autobiográfico incluso, que representa otro fragmento de su inmenso tapiz, entre lo personal, lo familiar, las amigas, lo social y lo histórico. Erudita entre las eruditas nos cuenta historias que conforman la historia. Francesca le da tanto peso específico a “lo personal es político” que cierra su libro con un relato personal, pero eminentemente político.

*Fotografía de Francesca Gargallo: La voz

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