El relámpago del futuro

Por: Andrés Bali Quintanar

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La respuesta más profunda existe en el simple ver del tiempo. Cada pensamiento es una forma de llegar a percibir el tiempo y la existencia. Cada pensamiento tiene una razón de ser, un futuro, una bella metáfora de sí. Podría llegar a sonar un pleonasmo referirse al tiempo y al pensamiento de la misma forma. Soy parte de un tiempo, de un cuerpo, de esta existencia.

            Cada lugar que habitamos, cada pensamiento que ocurre y cada momento que existe tiene en sí mismo una forma de ser parte del cosmos. Digamos, que el magnetismo ordena los cristales, los metales y las ciudades. Así, podemos llegar a referirnos a nuestra conciencia como un orden natural, que responde a las leyes del mundo que le afectan. La metáfora es un trueno. Antes de que un trueno ocurra se acomodan los elementos físicos. La materia se acomoda de tal forma que sucede un relámpago.

            Si tomamos en cuenta que antes de ocurrir el trueno sucedieron muchas cosas que parecían triviales nos damos cuenta que cada instante es hacia el futuro, sin embargo, antes del relámpago ya existía el relámpago. Es de esta forma que un evento futuro afecta el pasado. De alguna manera nuestra conciencia forma un momento antes del tiempo, del suceder de las cosas, antes del relámpago, ya estaba sucediendo que se volviera realidad la materia.

            En el fondo un trueno es un evento natural, y la conciencia es igualmente un evento natural, una forma del universo de entender la existencia, su existencia, su verdad. Los truenos suceden y siempre existe la necesidad de entender cada momento como una forma natural de expresarse de la vida. Los pensamientos también son naturalmente parte del cosmos y nuestros pensamientos se acomodan para que sucedan las cosas futuras. En este momento estamos yendo en dirección de algo que tal vez no somos tan conscientes. Y ese futuro es tan difícil de evitar como para el magnetismo terrestre es imposible evitar la gravedad.

            Cada instante es el acomodo de nuestra conciencia hacia eventos futuros que en este instante se están acomodando involuntariamente, pero con tanta belleza como el océano, los truenos, los huracanes, los silencios.

            Es natural pensar que la conciencia, por más significativa, es simplemente naturaleza. Simplemente vida. Simplemente nosotros.

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