El aborto en México

Por: Eli Bartra

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¿Hace falta repetir que el aborto no es un gusto sino el último recurso? Todavía faltan algunos estados de la República por despenalizar el aborto para que en todo el país se cuente con este derecho y todos los estados acaten la declaración de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de septiembre de 2021 de que su criminalización es aniticonstitucional. Mientras aquí vamos avanzando poco a poco, con la esperanza de que sea sin regreso, en el vecino país del norte van para atrás. Habrá que estar siempre alerta pues los nubarrones y vientos funestos llegan sin avisar.

Martha Santillán Esqueda acaba de publicar un libro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre una historia de la práctica del aborto y la lucha por la despenalización en México titulado El aborto. Perspectivas y debates en la historia de México. Ella es una historiadora e investigadora del Instituto Dr. José María Luis Mora de la Ciudad de México. Resulta sumamente util que la historia de la práctica del aborto y su criminalización (del pecado al delito) se encuentre en un solo volumen y no tener que andar revisando la temática en artículos dispersos. Es importante destacar que Santillán no pasa por alto un hecho prácticamente invisibilizado y que ha quedado en la penumbra de la lucha temprana en favor de no penar la práctica del aborto y dice que “A lo largo de poco más de la primera mitad del siglo [XX], solo hubo dos especialistas, Matilde Rodríguez Cabo y Ofelia Domínguez Navarro […] que hablaron abiertamente del aborto y recomendaron su despenalización” en 1936, la primera era una médica mexicana y la segunda una abogada cubana (p. 38).

A veces se puede tener la impresión de que a las mujeres les encanta correr al médico o a la yerbera, a la menor sospecha de embarazo no deseado para intentar abortar. Sobre todo las adolescentes que no hacen otra cosa aparte de tener relaciones sexuales no seguras (lo cual es una desgracia, pero por otras razones) y embarazarse. Se ha repetido hasta la saciedad, con cifras en la mano, que no son precisamente las adolescentes las que en mayor número se practican abortos, sino las mujeres con más de tres hijos y probablemente católicas. Sea como sea, da lo mismo, la despenalización del aborto significa, ante todo, el ejercicio de la libertad para todas las mujeres. También se ha dicho hasta el cansancio que despenalizarlo no obliga a nadie, a nadie, pero absolutamente a nadie a abortar si no lo desea. Lo mismo sucede con la ley de divorcio, por ejemplo, que no obliga a ninguna pareja a divorciarse si no quiere, pero abre esa opción, para las parejas que lo deseen.

Las actuales leyes sobre el aborto en la mayor parte de México lo permiten. De que sea de manera libre y gratuita, depende. No es ya posible simple y llanamente imponer a toda la sociedad una visión del mundo y de la vida, pues atenta contra la libertad individual. Por este solo hecho, para no ir más lejos, es imprescindible que se despenalice ya en todo el territorio nacional. Las mujeres decidimos, no los gobiernos, no las Iglesias. Hemos avanzado mucho, sin duda, pero todavía falta un trecho. Martha Santillán cierra su libro diciendo “todo indica que México en los próximos años se pintará todo de verde.” Excelente augurio.

Sabemos que se trata de una cuestión que tiene que ver con la fe, las religiones, la moral y, sobre todo, con la Iglesia Católica en tanto institución que se empeña en prohibirlo y lo considera un pecado digno de ser catigado. Sin embargo, en aras de la modernidad, en aras de ahorrarle al Estado mexicano mucho dinero y un grave problema de salud pública y de que sean las mujeres -por fin- quienes decidan sobre su propio cuerpo y su vida es que no puede seguirse discutiendo este asunto -ya se ha hecho por décadas, durante un siglo por lo menos, y siempre había ganado la ultraderecha; por eso mismo cree que puede seguir ganando. En realidad lo que se da no es un debate, no se discuten ideas y muy pocas veces propuestas concretas, se echan al ruedo los principios de cada quien y nadie va a convencer a nadie. Las personas, en virtud de sus ideas, de sus ideales políticos o de sus creencias religiosas y morales, ya tienen una opinión frente al asunto y esta será inamovible. ¿Qué se discute entonces? Lo que es un hecho es que el aborto libre y gratuito representa la puerta abierta a la libertad para que cada persona haga lo que considere.

Las mujeres todas, estamos en contra del aborto, ninguna quiere abortar, no es un gusto pero es, sin lugar a dudas, un recurso al que se recurre –y en el que se pierde fácilmente la vida. En donde es una práctica no permitida, de todas maneras se lleva a cabo constantemente (la mayoría de las veces en lamentables condiciones y a precios exorbitantes).

En pleno siglo XXI es verdaderamente una aberración que aún no se haya despenalizado en todo México. Debería de haber quedado claro, a estas alturas, que no es necesario seguir discutiendo sobre el tema, que no hay que discutir ya con la ultraderecha –ella no quiere debatir, sólo pretende seguir imponiendo su posición-, que mantenga sus creencias, pero que no obligue a aceptarlas a todas las demás personas. No se nos debe de seguir controlando con principios morales y dogmas de fe religiosos a toda la sociedad y menos que sean las leyes que nos rijan dentro de un Estado laico. No más debates, no más discusiones, se deben de tomar las decisiones necesarias para despenalizar el aborto en todos los estados, sin más.

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