De postales y realidades: sol, arena … y crisis urbana

Por: Alejandra Trejo Nieto*

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El Océano Pacífico, salpicado por embarcaciones que navegan, domina la escena. A medida que se desciende, la icónica Bahía de Banderas se despliega con sus playas, rodeadas de hoteles y resorts de gran altura que brillan bajo el sol, alineados en la franja costera. El malecón se distingue como una delgada línea paralela a la playa. Al ampliar la mirada hacia el exterior, se observan los contrastes. En las secas colinas y montañas de la Sierra Madre Occidental, las áreas urbanizadas se muestran amplias y dispersas, revelando colonias con viviendas modestas y calles irregulares, mientras que otras zonas muestran urbanizaciones cerradas con edificios de depertamentos residenciales, algunas con campos de golf.

La expansión de la ciudad se hace evidente con fraccionamientos nuevos y en construcción allí y más allá. A medida que el avión se aproxima al aeropuerto, los contrastes del paisaje son claros: de un destino paradisíaco diseñado para el turismo a una ciudad con retos urbanos que no se muestran en la imagen de postal que suele venderse a los visitantes. Eso es lo que observo en mi visita reciente a Puerto Vallarta, cuya realidad urbana nunca escapa a mi atención. Aprovecho este ensayo para reseñar algunos de los principales desafíos que enfrentan las ciudades turísticas de playa en el país: desde la gestión ambiental hasta la desigualdad social y la falta de planificación urbana.

Las ciudades turísticas de playa

México es reconocido mundialmente por sus destinos turísticos de playa, los cuales han sido clave en la economía nacional. Las ciudades turísticas de playa han sido promovidas como paraísos para el descanso y la inversión. Cancún, Los Cabos, Puerto Vallarta y la Riviera Maya aparecen en postales de ensueño, donde el sol brilla sobre aguas cristalinas y arenas doradas. Sin embargo, más allá de esta imagen idílica, la realidad urbana de estos destinos revela profundas contradicciones y desafíos.

A finales de los años sesenta y principios de la década de los setenta, los destinos turísticos de sol y playa con presencia en el panorama local e internacional eran Acapulco, Veracruz, Manzanillo, Mazatlán y Puerto Vallarta. Acapulco representaba el destino más consolidado, con presencia internacional desde los años cuarenta, y en su momento recibio un fuerte impulso gubernamental.

En los años setenta el gobierno federal planeó el desarrollo de nuevos destinos turísticos a partir del proyecto CIP (Centros Integralmente Planeados) del FONATUR (Fondo Nacional de Fomento al Turismo). El objetivo del fondo fue posicionar México como un destino turístico internacional, con su riqueza litoral como punta de lanza y utilizar esta industria como eje de desarrollo para zonas rezagadas en el país. Los CIP serían polos turísticos en enclaves de especial belleza. Los cinco centros originales fueron Cancún, Los Cabos, Huatulco, Ixtapa y Loreto. Estos destinos fueron concebidos desde cero con infraestructura, servicios y promoción para atraer turismo nacional e internacional.

Todas estas ciudades han crecido exponencialmente debido a la inversión turística, atrayendo millones de visitantes cada año y miles de inmigrantes en búsqueda de empleo o de un lugar para residir sosegadamente. Sin embargo, incluso las ciudades planificadas enfrentan hoy múltiples desafíos y problemas que afectan tanto a las poblaciones locales como al medio ambiente.

El espejismo del desarrollo turístico

Las zona hoteleras y el malecones en las ciudades de playa, generalmente destacan por su orden y diseño, con grandes hoteles, resorts, restaurantes y desarrollos inmobiliarios de alta gama. La cercanía con el mar y la inversión constante hacen que estas áreas luzcan impecables desde las alturas. Se suele argumentar que el turismo es un motor de desarrollo. En efecto, el turismo masivo ha impulsado la economía de estas ciudades. Pero, aunque genera empleo, la mayoría de los trabajos en la industria hotelera y de servicios son precarios, con bajos salarios y escasas prestaciones.

La dependencia del turismo extranjero y la falta de diversificación económica hacen que estas ciudades sean vulnerables a crisis globales, como la pandemia de COVID-19, que afectó gravemente a la industria turística y evidenció la fragilidad de su modelo económico.

Además, los grandes desarrollos turísticos y residenciales de lujo encarecen el costo de vida y desplazan a las comunidades locales a las periferias, donde las condiciones de vivienda e infraestructura son deficientes. Esto ha contribuido a la expansión desordenada y a la aparición de asentamientos irregulares.

Falta de planificación urbana y desarrollo insostenible

La vista aérea de las ciudades de playa desnuda problemas urbanos graves. El crecimiento acelerado ha resultado en problemas de vivienda, infraestructura y servicios públicos. Aunque algunas áreas cuentan con vialidades bien planificadas, los asentamientos en laderas y áreas periféricas muestran calles angostas y carentes de pavimentación adecuada. Ni que decir de los sistemas de transporte público: obsoletos e inseguros. El crecimiento hacia las montañas ha incrementado el riesgo de deslaves. Ciudades como Acapulco y Cancún impresionan por sus colonias irregulares y zonas de expansión con viviendas de autoconstrucción, muchas sin servicios básicos adecuados.

Por otro lado, la falta de una regulación estricta en la construcción de hoteles y desarrollos inmobiliarios ha permitido la proliferación de proyectos que no cumplen con criterios de sustentabilidad.

El costo ambiental de la prosperidad turística

Uno de los problemas más graves de las ciudades turísticas de playa es el daño ambiental. La construcción de hoteles, desarrollos turísticos y expansión residencial ha implicado la deforestación de manglares, la destrucción de ecosistemas costeros y la contaminación de cuerpos de agua. En lugares como Cancún y la Riviera Maya, el crecimiento descontrolado ha afectado los arrecifes de coral, fundamentales para la biodiversidad marina y la protección contra fenómenos naturales como huracanes.

El consumo excesivo de recursos naturales es un problema crítico. La demanda de agua potable en zonas turísticas como Mazatlán es mucho mayor que en otras regiones del país, lo que ha llevado a la sobreexplotación de acuíferos y problemas de abasto para la población local. Mientras los hoteles de lujo derrochan agua en albercas y campos de golf, las comunidades locales enfrentan escasez. Asimismo, el manejo de residuos y aguas residuales sigue siendo un desafío importante.

Turismo para pocos, problemas para muchos

Las políticas públicas han privilegiado la inversión turística sobre la calidad de vida de los habitantes. Los recursos se destinan a embellecer zonas hoteleras mientras barrios enteros carecen de infraestructura adecuada. Se construyen carreteras y aeropuertos para atraer visitantes, pero la movilidad urbana de los trabajadores es un caos. Mientras que la industria hotelera y turística genera empleo, muchos trabajos son mal remunerados, temporales y sin prestaciones adecuadas. El turismo, en su forma actual, profundiza desigualdades.

El auge del turismo también ha traído consigo problemas de inseguridad y gentrificación. En algunos destinos, ha habido un aumento en la delincuencia, el narcotráfico y la trata de personas. Esto no solo afecta la calidad de vida de los residentes, sino que también pone en riesgo la imagen de estos destinos. Por otro lado, la gentrificación impulsada por el turismo ha desplazado a comunidades locales, alterando la dinámica social y cultural de la región.

Propuestas

Las ciudades turísticas de playa en México deben replantear su desarrollo antes de que el espejismo del éxito las conduzca al colapso. El verdadero reto es lograr que el sol y la arena sigan atrayendo visitantes, sin que ello signifique una crisis urbana para quienes viven allí todo el año. Es fundamental implementar políticas públicas integrales y estrategias de desarrollo sostenible, así como promover un modelo turístico que beneficie de manera equitativa a la población local. La diversificación económica, la mejora en las condiciones laborales del sector turístico, invertir en infraestructura urbana adecuada, garantizar el acceso a servicios básicos y fomentar un turismo más responsable y menos masificado son pasos clave para asegurar el futuro de estos destinos. Solo a través de una planificación más equitativa y sostenible será posible que estas ciudades sigan siendo atractivas para el turismo sin comprometer su sostenibilidad y calidad de vida.

*Profesora en el Centro de estudios demográficos, urbanos y ambientales

El Colegio de México

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