Cuestionario Mallarmé reloaded IV

Por: Daniel Téllez
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A partir de aquel célebre juego confesional creado por Stéphane Mallarmé, ofrezco a cada invitado a este espacio, una versión única y posmoderna de la algarabía y el seso y el estupor que conforman las obsesiones, el estilo y el momento actual de su quehacer literario.
La invitada: Mariana Bernárdez (Ciudad de México, 1964) es poeta y ensayista, realizó estudios de posgrado en Letras Modernas y en Filosofía por la Universidad Iberoamericana. Ha sido traducida al italiano, inglés, portugués, rumano, catalán y griego moderno. Algunos de sus libros publicados de poesía son: Nostalgia de vuelo (1992); Luz derramada (1993); Incunable (1996); Liturgia de águilas (2003); Trazos de esgrima (2011); Don del recuento (2012); Escríbeme en los ojos (2013); Nervadura del relámpago (2013); En el pozo de mis ojos (2015); Aliento (2017) y Cuaderno bermejo (2023). Ha sido ganadora del Proyecto Editorial del Instituto Mexiquense de Cultura, en el género de ensayo, en dos ocasiones; en 2005 con La espesura del silencio, y en 2012 con el libro Después de los mares; distinguida con la beca de la Fundación Zambranoagosto-diciembre de 1997; con la del FONCA-SNCAen el género de poesía 2018-2021; Mención Honorífica Únicadel Premio Nacional de Literatura XXXV José Fuentes Mares 2020, con Aliento traducido al portugués por Nuno Júdice, Lisboa, 2018; con el Mérito Universitario Bárbara Andrade, Universidad Iberoamericana, 2020; finalista en el XXXII Premio Loewe de Poesía 2019 con el poemario Rumor de niebla; y Naji Naaman Literary Prize por “La extrañeza maravillada”, 2023, entre otros.
Poesía es conocimiento: Desde la noche de los tiempos…
Lo indecible en el poema: Es lo que reverbera al irrumpir el instante poético.
Silenciosa epifanía: De cuando la escucha es un antes muy antes.
Lo trascendente en la poesía: Es la no-materia del poema.
Un verso de San Juan de la Cruz: Mi Amado las Montañas.
Escribir en el delirio dice María Zambrano: A fin de encontrar el claro del bosque.
Paisaje favorito: La sierra desde la que se contempla el mar.
Un lugar vivido: Mi ciudad de México.
Holganza predilecta: Leer y conversar.
Una comida pródiga: Encharla con los amigos.
Raúl Renán: Rauliteo domador de palabras y amigo entrañable.
Magisterio del poeta emeritense: El que sigue existiendo en su obra y entrevistas.
Temblor o sentir inasible en la palabra: Como un pájaro revoloteando en el pecho.
La mirada es memoria: Si la imagen es el puente entre las orillas del río Me pasa el río que pasa / y yo soy este río / cuando la ventana abierta / hace contagio de ojos y de aguas. (R. Xirau “El río”)
Versos contra la desmemoria: Tan inmensa es la desesperación de Dios / que en la salvaje planicie de los cactos / lo escuché llorando. (Malcolm Lowry, “Muerte de un oaxaqueño”)
Un verso de Dolores Castro: ¿Qué es lo vivido / en qué poro ha quedado / o en qué ráfaga? (Dolores Castro “¿Qué es lo vivido?”)
Trastabillar desde el ensayo: ¿O trastabille del pensamiento?, el ensayo es el mar donde navega el “diálogo del alma consigo misma”. (Platón)
La libertad y el destino en la entrevista: Penden del hilo frágil de la pregunta que busca ensanchar nuestra capacidad de asombro frente al mundo y a los otros.
La mejor entrevista: Es la que sigue transmitiendo la emoción del momento y provocando un mayor entendimiento de nuestra condición humana.
El lado oscuro de las palabras: O el fuego que según mesura las habita.
Una relectura obligada: La del paisaje dibujado por las queridas cosas.
El periplo del lenguaje: Comienza ahí donde la caída es según la gravedad y la gracia, (Simone Weil).
Qué hay después del poema: El vacío y el no vacío.
“La poesía es un arma cargada de futuro”: Y de esperanza.
Una súbita iluminación: Tan súbita como la alegría que sobreviene al reír.
***
Bonus track:
El agua es agua
Un sonido distante que embarcado llama.
Jaime Augusto Shelley, Patria amaneciendo.
Porque uno encuentra amanecer
cuando levanta el alba la niebla
y se abren los ojos a sus raíces
de luz en aguacero de tarde
cuando huele a árbol
en ristra de pájaros
y se presiente de cerca
el trino de su risa queda
y andaba en aquello de decirle
pan al pan y agua al agua
cuando escuché a la sombra revelar
que ese pan de mi boca no era pan
sino leño que habría de quemarse
para alumbrar el camino de allá a lo lejos
allá
más lejos de los cerros
por donde se pierden las trochas
y se echa a suerte
quién de polvo será coronado
y andaba luego en aquello del agua
alejando la humareda que hace llorar
y salvando el azar de los que siembran
con sal
las lomas y los pozos
pero las altas horas se me hacían ciegas
Y contaba estrellas
como quien cuenta borregos
para sentir el numeral de las palabras
con las que habría de decirles
que ni cardo ni zarza
ni cuneta ni abrojo
ni corona ni espina
que el pan es pan y el agua es agua
en esta mi casa de patria amaneciendo.
(La extrañeza maravillada y otros poemas de próxima publicación)




