Cuestionario Mallarmé reloaded II

Por: Daniel Téllez

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A partir de aquel célebre juego confesional creado por Stéphane Mallarmé, ofrezco a cada invitado a este espacio, una versión única y posmoderna de la algarabía y el seso y el estupor que conforman las obsesiones, el estilo y el momento actual de su quehacer literario.

El invitado: Jorge Humberto Chávez (Ciudad Juárez, Chihuahua, 1959). Poeta, gestor cultural e instructor de Poesía. Estudió Ciencias Sociales en la Escuela Normal Superior del Estado de Chihuahua y Filosofía en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Titular del Instituto Chihuahuense de la Cultura en Ciudad Juárez y fundador del Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro, del Festival Internacional Chihuahua y del Encuentro Internacional de Escritores Literatura en el Bravo. Coordinó el área de Literatura en el Instituto Potosino de Bellas Artes, de 2011 a 2016, y fue director de la Biblioteca Central del Estado de SLP de 2016 a 2021.  Ha publicado una veintena de libros en 5 países, entre ellos Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto, que obtuvo el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2013, contando hasta hoy con tres reimpresiones, una segunda edición prologada y dos ediciones en inglés, una en Londres con Shearsman Books y la otra en Vaso Roto USA. Su libro Bar Papillon et Le poeme triste, publicado en Montreal en 2004, obtuvo el Premio Internacional de Poesía Sabines/Lapointe en 2021, que se otorga cada dos años a un poeta mexicano por su obra publicada en francés. Radica en Aguascalientes.

Vino predilecto: Comúnmente Estancia Mendoza o Undurraga; y en días de raya Casa Madero.

Táctica favorita en el poema: Preguntarle qué le duele. Eso ocurre una vez que el poema fue escrito y debidamente guardado un par de días en el refri.

Verso personal preferido: El huracán cesó, y en torno de la estrella / recuerda en mí la soledad su nombre.

El Rimbaud Mexa: José de Jesús Sampedro. Él no tiene antecesores ni discípulos: acaso yo.

Tu Oxxo favorito: El que se atraviese después de las 12 del día, hora en que la Biblia recomienda tomarse la primera del día.

El papasfritas de la cultura fronteriza: Ergo sum.

Un reparado poema: Todos los míos desde que descubrí que el verso es el tema de toda poesía que vale la pena.

Un poema reparador: Las nalgas”, del gran Ricardo Castillo en El pobrecito Señor X.

El mejor premio literario: El Premio Internacional de Poesía con un solo Verso, que pronto voy a instituir financiado con la plata del gran Gerardo Fernández Noroña.

Alquimista favorito: Mi esposa, que es Bruja Tarotista.

Promoción o Difusión cultural: En las dos he sido el papasfritas de Juareztown y Saint Louis Potoyés.

Legado de David Ojeda: La pasión por desentrañar el milagro de la poesía, pero a Ojeda le ayudó otro de mis profesores que se llamaba Jorge Guillermo Federico Hegel.

Joaquín Cosío en tu vida: Lo conocí el 19 de abril de 1983, en el sepelio de mi madre, que murió a los 46 siendo virgen y candidata a la santidad por Juan Pablo I. Joaquín estudiaba comunicación en la uni, era condiscípulo de mi hermano Miguel Ángel y se me acercó a darme el pésame. Yo tenía 23 y él 20; ahora luce de 70 y yo me veo cincuentón.

Tu brotherboy Miguel Ángel: Miguel Ángel Chávez Díaz de León es el más grande poeta de Chihuahua y tiene lectores como arroz.

La maestría de Marco Antonio Campos: La poesía, su pasión como gestor sin remuneración, su calidad de polígrafo y sus patadas altas de karateca.

El maduro Alí Chumacero: El poeta formalmente más perfecto del siglo XX en México. Editor crucial de mi país. Una mañana a mediados de los 50s en el FCE estaban Alí, Arreola y Rulfo trabajando una novelita de Juan que se llamaba algo así como Mis fantasmas en las orillas de Jalisco. “Algo anda mal aquí”, le dijo Alí a Rulfo. “Mira Juan quítale comas a la novela y deja que la prosa fluya. Y cámbiale el nombre, ponle, Pedro Páramo, o algo así”. Eso me lo dijo el mismo Chumacero en los 90s, cuando fui su asistente.

La mejor frontera: Ciudad Juárez por todo; pero en Tijuana hay un paraíso que se llama Hotel Caesars.

El cowboy de la poesía actual: El mismo de siempre, el de la Medianoche, Dustin Hoffman.

Un poema detestable: Los poemas más feos que he leído en mi vida son de dos chihuahuenses. Rogelio Treviño escribió un poema que se llama “El río”. Tiene un único verso: “El río”. Y José Vicente Anaya, en un libro que se llama Astros fugitivos y del que sólo se imprimieron 50 ejemplaras, tiene este poema: “La marrana ya no quiso tener gatos. / Parió anoche.

Ramón López Velarde: El mejor poeta mexicano más horrendamente sacralizado por el gusto banal. Moncho es grande. En “Mi corazón leal se amerita en la sombra” Velarde es un vanguardista total.

Rib Eye o Filete Mignon: Rib eye término medio menos tres segundos por lado.

Poeta favorito en prosa: “Hete aquí a la poesía, que para la prosa están los diarios”. Eso me lo dijo mi profesor de literatura en la secundaria, se llamaba Guillaume Apollinaire, creo que era de Parral.

Un testigo insospechado: Varios: Los Testigos de Madigan.

Una metáfora desafortunada: “. . .y yo aquí / como verga parada / hacia el culo de Dios”. No diré de quién es, pero la leyó en la Cantina La Brisa de Ciudad Juárez, en 1992.

Una comida opulenta: La degustación del Pujol de hace 6 o 7 años: El mole de los mil días y la Jaiba desnuda. Las Navajas de la Rambla en Barcelona. La Sopa Boullaveise de Marsella. Toda la comida del Shangri-La de Ciudad Juárez. La barbacoa del Güero también en la frontera. Y la Ensalada Caesars de Tijuana.

Un poeta cuerdo: Todos los que explican su propia poesía.

Lo irreparable en el poema: La absurda necedad del simbolismo o la creencia de que el poema debe decirte algo.

José de Jesús Sampedro en una palabra: As.

Tu divisa poética: “Arregla eso, hijo”.

Ciudad Juárez es: The number one, como dijo Giovanni Gabrielle.

***

bonus track:

TAXI

El mundo bien puede empezar con lo que está detrás del parabrisas del coche que me aleja de ti esta mañana

la avenida larga hendida por el sol nuevo las bocas de los edificios bostezando la rutina de otro principio

y más allá las ciudades de América tendiéndose en el suelo unidas por un racimo de historias que soy yo y eres tú

igual a un odre cerrado en sí mismo igual a un no en su concha sola como unos ojos determinados a no abrirse

somos nosotros y nuestras palabras resonando en nosotros y solamente por eso el mundo es otra cosa

no se hace preguntas el mundo: es sencillamente y se cumple extendiéndose pero nosotros tenemos un final

lo que está afuera es infinito pero el interior que somos se hace interrogaciones porque esa es la forma de eludir el destino

no hay un para qué en lo exterior pero tu corazón está buscando respuestas que llegan y luego busca más

lo mismo que el sol partiendo las ciudades la luna siguiendo tu avance o este taxi que acelera es el mundo

como el amor derrotado o perdido en un césped o cómo la pregunta de si será necesario amar es el mundo

y tú y yo vamos dentro y somos otra cosa ciegos y únicos siendo movidos de acá para allá sin nada saber y preguntándonos

hubo ocasiones en que afirmé que algo quedaba en ti

pero ahora sé que nada hay en verdad dentro de mí

*Poema tomado del libro Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto, Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2013.

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