Cuatro artistas, un destino

Por: Eli Bartra
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De nuevo mis pies andariegos me llevaron al Museo de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM. Iba en busca de algo que me parecía muy prometedor. Cuatro mujeres exponen su trabajo artístico, las junta el destino. Una mexicana híbrida, Marta Palau (1934-2022), dos extranjeras Delcy Morelos (1967-) colombiana, Rini Templeton (1935-1986) norteamericana mexicanizada y Mercedes Nasta, mexicana. Dos de ellas ya fallecieron (en México).
La obra de Marta Palau abre majestuosamente el recorrido. “Mis caminos son terrestres” nombró ella a una exposición de 1985 y así mismo se llama ésta. Su enorme práctica artística abarcó dibujo, grabado, pintura, cerámica y tapices elaborados con distintas fibras. La curaduría de Imma Prieto y Amanda de la Garza es impecable.
Lo más potente para mí son los tapices. Tierra y cuerpo atraviesan toda su obra y lo femenino cimbra el cuerpo, lo traspasa, con vaginas que surgen por doquier, y lo sensual es mayúsculo en su obra. No es necesario tocar y oler los tapices, solo con verlos comunican sensualidad. Sus caminos son sobre la tierra y los nómadas pies de fango caminan el exilio. Árboles, cascadas, cuerpos desnudos, vaginas, pies, y diseños abstractos evocan naturaleza y cuerpo de mujer entrelazados. Particularmente sensual es la serie de seis desnudos femeninos, sin rostro, (tinta y collage) de 1991. Algunos parecerían tradicionales, más estáticos, y otros eminentemente dinámicos, la mayoría velados, a la vieja usanza. Son además, piezas lúdicas por otra razón: todas tienen un sobre con polvos que sirven a distintos fines, con una leyenda cada uno: “yo domino a mi mujer”, “polvo del olvido”, “domino a mi hombre”, “legítimo polvo chuparrosas”.
Delcy Morelos nos ofrece, en una sola sala, una monumental instalación individual circular (como Cuicuilco y como el Espacio Escultórico) anclada en la tierra. “El espacio vientre”, que remite de manera obvia a la maternidad y a la “madre-tierra”, tiene su entrada por un oscuro tunel a modo de canal vaginal y, para formar las cuatro o cinco terrazas, la autora utilizó materiales de la naturaleza como tierra, madera, paja, clavo de olor, canela, elote chía. La certera curaduría de Alejandra Labastida y Daniel Montero y el numeroso equipo que colaboró nos brindan una práctica artística efímera de una sensualidad en femenino inusual; ella quiere romper con la dictadura de la imagen en este rincón del mundo nuestro oculocéntrico. Para ella, hoy en día, la visión es predominante en las artes plásticas, también llamadas artes visuales. Así, introduce en la experiencia que aporta su obra, el olor a tierra mojada y el tacto. La suave iluminación proviene de la luz natural a través de tragaluces en el techo.

Parecería que nos salimos de un tipo de artes visuales contemporáneas para entrar en el mundo gráfico de Rini Templeton con “Apuntes”. Aunque la obra de Palau y de Morelos tiene un contenido político y eco-político, en el caso de Templeton este es más que explícito, deliberado y el eje de la obra. Esta singular artista sería lo que se denomina artvista. Con su plumón negro y tinta china sobre papel mostró en miles de dibujos todas las luchas sociales de este hemisferio que pudo durante tres décadas (1960,70, 80): la Revolución Cubana, la Revolución Sandinista, las luchas obreras, campesinas, estudiantiles, de los y las trabajadoras universitarias en huelga, el movimiento feminista y la represión por parte de las fuerzas del orden. Las curadoras, Elva Reniche Montfort y Cristine Galindo Adler hicieron un excelente trabajo pues al ser apuntes en cuadernos su exposición presenta dificultades.
Rini Templeton vino a México y se integró al taller de la Gráfica Popular y Estudió en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda. Las mujeres se hallan presentes en casi todos sus dibujos e incluso a veces parece que dominan. Su universo es femenino, muestra a las mujeres comprando en el mercado, vendiendo tortillas, en el trabajo doméstico, pero también luchando en huelgas, en manifestaciones, en reuniones micrófono en mano y niñas jugando. Su obra refleja la vida cotidiana de hombres, mujeres y niños/as pero, sobre todo, gente en movimiento, en lucha. Es una gráfica eminentemente dinámica, de trazos sensuales. Su vida y su obra estuvieron íntimamente ligadas a México y a sus luchas sociales por más de diez años, en los cuales también siguió viajando a otras partes de América Latina y a los Estados Unidos, involucrada en distintas luchas.

Para terminar está Mercedes Nasta, joven compositora y cantante mexicana, que nos ofrece con “Honorata”, 2025, quince minutos de una experiencia sonora deliciosa. Compone con una instrumentación a la manera clásica pero sin usar solo instrumentos clásicos. El cuarto en el que se escucha tiene unos amables muros de madera que encierran la dulce melodía que arrulla, que mece. Me pareció un espacio musical y arquitectónico sensual por excelencia, por lo tanto corporal. Y ella cuenta que justamente la compuso cuando estaba embarazada y atenta a su cuerpo, su vigilia, su sueño, su cansancio. Con ella, nuevamente, (como con Delcy Morelos) de alguna manera la maternidad está presente.
No hay duda de que lo sensual y lo femenino trasminan la obra de las cuatro artistas.
Pies de foto
1. Marta Palau, Mis caminos son terrestres, técnica mixta, 1985.
2. Delcy Morelos, El espacio vientre, 2025.
3. Rini Templeton, Apuntes, s/f.
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