Crónica de la llegada.

Por: Armando Enríquez
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I
Dices que llegué;
que hace mucho que llegué.
Y donde estoy no hay nada.
“No importa llegar primero y solo…”
dice León Felipe.
Cual Herbert llegué a la cima
del monte para encontrar
el agua salobre de la soledad.
II
Para tu bien te quiero.
Para mi mal te llevo a diario.
Solo, en el lugar anhelado,
te evoco,
te invoco.
Llegué sin llegar,
sin sentirlo.
Estoy, y sin embargo,
estaba mejor donde estuve.
Feliz en la ignorancia
de no saberme aquí,
donde hoy me sé.
Me veo y no te encuentro.
Hoy que estoy por fin aquí,
te has desvanecido.
Hoy que me has declarado
vencedor, es cuando más
en vano te busco.
III
Todos los días me levanto
contigo.
Con tu presencia me voy
a la rutina y a la cama.
La sombra de tu voz,
fugaz memoria,
me saluda y me acompaña.
Leo en voz alta;
conjura
inútil,
el campo de juego está
cargado de fantasmas.
Las bases llenas,
nadie al bat,
sin receptor,
sólo el lanzador.
IV
Dices que llegué,
hace mucho.
De tus labios salen
palabras confirmando
el hecho y como Cheshire
sólo tu sonrisa flota
en la lluvia, en el viento,
ese viento del olvido
que cuando sopla mata.
V
Me gustaría quitar los chícharos
de tu arroz.
Beso a diario tu frente.
Deshago tu cola de caballo
diariamente.
Y todos los días sobre el arroz
los chícharos observan.
VI
Sabemos que llegué.
¿Desde cuándo lo sabes?
Imposible decir.
Desde que yo lo sé,
un caparazón me ha crecido.
Se cerraron mis oídos,
ciego, mudo,
incapaz de tocarte,
de besarte.
Hoy sé que llegar
es nada.
VII
Desde que estoy aquí
en la meta,
las horas pasan igual.
Precaria llegada.
Desde este anhelado
paraje, la espera es igual.
¿De qué sirve haber llegado
si has partido?
VIII
Llegué, ví, fui vencido.
IX
Hay palabras que se lleva el viento.
Hay palabras que no se deben decir.
Hay palabras de aliento que descorazonan.
Palabras que al pronunciarlas
pierden su encanto,
que se vacían de significado.
Palabras prohibidas.
Palabras fútiles.
Palabras estériles.
Palabras con tanto significado
que no dicen nada.
Hay palabras que rompen hechizos
destrozando almas
Hay palabras que se dicen con dolo,
alevosía, ventaja, con ganas de chingar, de matar.
Que se dicen para no perder.
Palabras con nombre y apellido.
Palabras venganza.
Palabras vergüenza.
Palabras tan pesadas que se dicen a la ligera.
Palabras que ya no caben aquí.
X
Hace un mes que sé que llegué.
El polvo se asentó.
Sólo polvo, enamorado, sin sentido.
XI
Celebro la Victoria,
más sabrosa que nunca.
Saludo al Sol.
No me acostumbro
a la dicha de estar aquí.
Nunca imaginé
el vino triunfador como
el más amargo,
se bebe solo.
Hoy que ya llegué
es hora de dar media vuelta
y volver solo a casa.
CDMX 2011, el año del apocalipsis en Fukushima también.




