El amor desmedido de las cabezas diminutas

Gustav sostuvo a Gregorio y dijo sin mirarla —Macabro, muy macabro. ¿Crees que voy a encontrarte de joven en la morgue?
“Digresiones y desvaríos” es una columna de Mercedes Rodríguez Abascal, de contenidos exclusivos para Artefacto de Letras

Gustav sostuvo a Gregorio y dijo sin mirarla —Macabro, muy macabro. ¿Crees que voy a encontrarte de joven en la morgue?

Mi mano izquierda amaneció francamente radical. Se negó a llevar el tiempo a cuestas. Se azotaba contra la pared para romper el instrumento de precisión.

El padre ama a la esposa. El niño y el padre compran anillos para llenar las manos vacías. Las manos ensortijadas pesan demasiado.

El desierto de los tártaros, bien podría ser parte del teatro del absurdo, pues, así como la Cantante calva de Ionesco no llega a cenar

Todos en el pueblo lo saben, nadie habla de ello. Mi madre es la amante de mi tío, que es a la vez mi padre. Yo le hablo de usted y le llamo padrino Eliseo. Es el hombre más rico y poderoso de la localidad. Su piel es morena rojiza, muy oscura, como entintado. De niña pensaba que iba a desteñirse con las gotas de lluvia.