Berlín

Por: Héctor Alejandro Cárdenas Lara
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La ciudad más inclusiva que yo haya visitado en los últimos tiempos, desde la llegada se percibe en el ambiente la disposición de ayudar al “extraño”. Luz Elena y yo, llegamos en la mañana a Schönefeld, SXF, un aeropuerto
chico y sencillo, del avión bajamos por la escalerilla al piso, con maleta de cabina en mano no esperamos un equipaje, ni pasamos aduana por llegar en un vuelo intereuropeo, desde Pisa, Italia. Así pronto estábamos en el
área de mostradores que ofrecen servicios de hoteles, renta de autos, y en uno de ellos ofrecían la “Berlín Welcome Card”: una guía para visitantes de uno a varios días, la mayor de cuatro, incluía la entrada a todos los museos y transportes, con ella salimos al andador hacia el tren y empezar.
Nuestro “Airbnb” reservado, en la avenida Invalidenstrasse, frente al Museo de Historia Natural, que mostraba una exposición por el 250 aniversario del natalicio de Humboldt, naturalista reconocido en México por estudiarlo y escribir: Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, ėl recorrió el país y describió sus riquezas y bellezas, desde su llegada a Acapulco en 1803. En esa calle estuvo la Invalidenhaus, fundada para veteranos de guerra en la mitad del siglo XVIII, dos siglos después, al fin de la Segunda Guerra Mundial, esa calle y la ciudad, fue dividida con un muro entre Este y Oeste. La ciudad abre un capítulo de historia a la vuelta de cada esquina.
Con guía y mapa emprendimos la caminata por sitios emblemáticos: la Alexander Platz y su reloj con las horas del mundo, la de México anotada; la Puerta de Brandemburgo con su carruaje superior, estuvo a la mitad de aquel “muro de Berlín”; la bella avenida Unter den Linden; los restos de la Torre de la iglesia católica luterana “Káiser Guillermo”, en la avenida Kurfürstendamm, dejada así como recuerdo de la destrucción de la gran guerra; la Plaza escultórica en memoria de los judíos asesinados en esaguerra; el Check Point Charlie, por donde crucé al Berlín Oriental en 1975; la Plaza Postdam con restos del muro “grafiteado”; el muro original todo pintado, al lado del Río Spree, una galería abierta de más de un kilómetro; la “Isla de los Museos”, con el Egipcio que exhibe la escultura de Nefertity, y en especial por lo impresionante de su acervo, el Museo Pergamon; además de la Catedral. Al rededor cafés y restaurantes, de todos tipos y precios, y los grandes parques y el lago, que dan lo verde por todos lados.
Además de ser espectacular por sus edificios, con la gran riqueza exhibida en sus museos, la carga histórica que marca la transición del siglo XX al XXI, como destacada ciudad del mundo occidental, que ofrece todas las
facilidades para desplazarse de un lado a otro, y todos las demás cualidades que se aprecian en una gran ciudad, sorprende al primer momento y sigue sorprendiendo, la amabilidad de sus habitantes, que se siente y percibe
cuando uno busca el rumbo a mitad de la calle, siempre alguien se acerca y ofrece su ayuda, pregunta “hacia donde quieres ir” o “que se te ofrece”, incluso pregunta a otros transeúntes si él no lo sabe.
La Invalidenstraße y la Chausseestraße, son avenidas no muy anchas pero suficientes para que pase el tranvía, los autos, los taxis, los autobuses, los motociclistas y ciclistas, además de los peatones, incluidos nosotros al salir
del Metro, todos sin prisa, en orden, como en una maqueta de trenes eléctricos, se siente uno incorporado a ellos, con facilidad y prontitud, como si uno ya fuese parte de aquella “coreografía”.
Por dónde empezar siempre es difícil, pero ¿como terminar? también. Conocí Berlín en 1975, regresé varias veces y siempre tuve la sensación de estar en una gran ciudad, pero con distinto ambiente; en 2019 sentí a sus habitantes apacibles, como si habiendo pasado tantas cosas malas y buenas ahí, que bien vale tomar el tiempo para estar bien en todo momento y con todo mundo. Para concluir, creo que lo mejor sea pensar que al volver a visitarla, veremos cómo sigue cambiado, sin dejar de ser la misma gran ciudad, con mucha vida por descubrir.
Cantarranas, Cuernavaca, México.
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