Bárbara

Por: Marcos Límenes
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Me pedía, casi suplicaba, que le hablara pero yo tenía la boca sellada. No era un asunto voluntario, de hecho intentaba decirle algo, muchas cosas, pero me resultaba imposible pronunciar palabra. Joaquín y yo, junto con otros amigos habíamos llegado a ese lugar del Pacífico mexicano –que no en balde lleva por nombre Playa Paraíso- unos días antes con el fin de probar los hongos alucinógenos que en esa época del año crecen en los establos vecinos. Para mi gran sorpresa logramos recolectar varias canastas y por la tarde, temblorosos ya que era nuestra primera vez, los comimos sin reglas ni medidas. Cayó la noche y cada uno de nosotros emprendió su propio viaje, o al menos eso me pareció, ya que me había alejado de la manada. Tendido en la arena pasé no sé cuántas horas mirando la luna y escuchando el mar. Recuerdo vagamente que cuando las nubes cubrían la luna podía percibir las voces de los parroquianos ahogadas en alcohol y en ellas toda la maldad del mundo; cuando se descubría, todo volvía a la normalidad junto con un gran bienestar.
En algún momento Joaquín se me acercó y con avidez empezó a relatarme su propia experiencia: las fosforescencias de las nubes y los astros, el aura de la gente, la compresión del tiempo en el aquí y ahora. Yo lo miraba entre atónito y distante. Quería responderle que me daba gusto, que siguiera adelante, pero me encontraba encerrado en mi cuerpo sin una puerta o ventana a la vista. Pobre Joaquín, creía que lo despreciaba pero me encontraba ocupado con otros menesteres. Del fondo del mar me solicitaban ayuda, una, varias voces. Recordé con toda nitidez la ocasión que, encontrándome de paso en la costa de Normandía, divisé al atardecer a un pescador que solicitaba ayuda desde su pequeña embarcación. Llamé la atención de los vecinos que hicieron sonar una potente sirena antes de remolcar la barcaza a la orilla. Jamás olvidaré el rostro morado del pobre hombre reviviendo a punta de aguardiente.
Aviso o premonición. A partir de esa experiencia he soñado de vez en cuando con el cuerpo inerte de una mujer deslizándose lentamente por el fondo del mar. Tal vez la voz que me llamaba aquella noche en la playa era la de un viejo amor que años después se extinguió cuando el avión en el que viajaba se precipitó al mar. Los cuerpos nunca fueron rescatados.
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