Acoso sexual

Por: Eli Bartra
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El piropo hacia las mujeres puede ser considerado acoso sexual. Sobre todo si es expresado por desconocidos en la calle. Si este acoso se da en el marco de una relación jerárquica se denomina hostigamiento sexual. Por más que a algunas mujeres les parezca halagador y hasta encantador que les digan cosas en el ámbito público, a la mayoría nos parece una opinión no solicitada sobre nuestro cuerpo con frecuencia ofensiva, cuando no francamente repugnante. Aún cuando griten “¡guapa!” es una impertinencia, es comentar nuestros cuerpos en momentos seguramente inoportunos y no deseados. La inmensa mayoría del acoso sexual se da de hombres hacia mujeres, muy específicamente hacia las jóvenes. Las mujeres ancianas no son piropeadas en las calles y no reciben (ni prodigan) prácticamente ningún tipo de acoso sexual. Los hombres, en cambio, a cualquier edad son piroperos y acosadores.
El acoso sexual hacia las mujeres, en todas sus formas, es el ejercicio de un poder, el masculino, sobre las mujeres, es una agresión sexista ultrajante. Esto no es lo mismo que las palabras halagadoras que los amigos dedican a las amigas (y viceversa), no se puede confundir el piropo entre amistades con el piropo callejero, a menudo ofensivo y vulgar.
Los piropos que arrojan los profesores a las alumnas o los jefes a sus empleadas en cualquier ámbito laboral, aunque no se trata de desconocidos, sino al contrario, de personas vinculadas de manera jerárquica, se pueden considerar, muy a menudo, como hostigamiento sexual. No es algo que deba tolerarse y está incluso penado de acuerdo con el Código Penal Federal, pues está de por medio una jerárquía, en la que se da un abuso de poder, que se utiliza para amedrentar y someter a la “víctima”.
La explicación y la justificación de que se debe tolerar porque se trata de una práctica que se incribe dentro de los usos y costumbres de una sociedad no es válida. Por usos y costumbres se ha violado a las mujeres por siglos. Por usos y costumbres se vende a las mujeres. Por usos y costumbres se casa a niñas contra su voluntad. Por usos y costumbres se les mutila el clítoris. Por usos y costumbres se ha mantenido a las mujeres encargándose del trabajo doméstico y la crianza (hoy llamados eufemísticamente “cuidados”). Que el piropo responda a usos y costumbres no quiere decir que sea algo deseable o deseado por las mujeres. El piropo en México es generalmente soez.
El movimiento del #Metoo no ha sido, ni es, puritano ni victimista, al contrario, surge en una sociedad como la norteamericana que tiene mucho de puritana, pero va justamente a contrapelo de ello y no son victimistas quienes levantan valientemente la voz contra las opresiones. Ellas han sido víctimas de hostigamiento y no se hacen pasar falsamente por víctimas, no son victimistas.
El acoso sexual es solo una manifestación de las grandes injusticias hacia las mujeres y es una práctica cotidiana que padecen millones de mujeres en todo el mundo. Si en alguna ocasión se acusa a alguien de haber acosado sin merecerlo será una excepción, de la misma manera que si alguna mujer golpea a su pareja masculina será poco frecuente, aunque suceda. Tan excepción será como que una mujer lance un piropo grosero e insultante a un hombre en la calle. Por su parte, la gran escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie se dice que afirmó recientemente “el acoso sexual es el único delito, el único crimen, en el que en lugar de poner el foco en el perpetrador, se pone en la víctima”.[1] Ella se refería, en particular, al caso de Dominique Strauss-Kahn de Francia.
El movimiento #Metoo ha contribuido a crear conciencia sobre la problemática del acoso y el hostigamiento sexual, y por ello ha sido más que benéfico; ha visibilizado estas prácticas cotidianas pues se tienden a normalizar, a pensar que está bien y que agradecidas deben de sentirse las mujeres porque los hombres las volteen a ver, les digan cosas sexuales, las toquen y demás, eso significa que son bonitas, jóvenes, apetitosas, atractivas y… calladitas. Calladitas, no hay que decir nada, no hay que denunciar porque de lo contrario, no obtendrán la calificación necesaria, perderán el trabajo o no tendrán lo que requieran del sujeto hostigador. El #Metoo, además, ha ido permeando de manera potente en múltiples esferas, por ejemplo, en el ámbito de la cultura visual de muchos países incluidas las produccions cinematográficas de Hollywood en los Estados Unidos.
Este movimiento no es mujerista ni esencialista. No se piensa que las mujeres son superiores o, lo contrario, que son el “sexo débil” necesitado de la protección de los hombres y que por ser mujeres van a conseguir beneficios. Defender los derechos de las mujeres y denunciar el acoso sexual no es ser mujerista o esencialista, es ser feminista. Si la denuncia de cualquier abuso o discriminación en contra de las mujeres se considera mujerista, quizá entonces el feminismo es mujerista.
[1] Merry Macmasters “Es horrendo que criminalicen a los migrantes por soñar con algo mejor”, La Jornada, 5 septiembre 2025, p. 2ª.
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