Abrelatas: A la espera de un café

Por: Fernando Clavijo M.

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                                                                                                          Para Esteban

Gracias a esta columna sobre objetos y máquinas he visitado talleres, museos y algunos libros —porque escribir es la excusa perfecta para vivir— pero hay un objeto que tengo enfrente todos los días que recientemente se ha vuelto menos obvio y más urgente que nunca. Me refiero a mi cafetera, que me acompaña hace 26 años, y que hace unos meses presentó un desperfecto. Como suele suceder, solamente valoramos las cosas cuando dejan de estar a la mano.

Mi cafetera es una máquina muy sencilla. Tiene la gracia de ser manual, contrario a la mayoría de las máquinas de alto nivel como las Saeco y las Breville, por ejemplo. Ni qué decir de aberraciones como la Nespresso. Explico: el espresso es una extracción de café que se logra forzando agua caliente a través de café finamente molido. Para lograr la presión recomendada de 9 bares, la mayoría de máquinas tienen un pistón eléctrico, pero esta cafetera, conocida como La Pavoni Europiccola, tiene una palanca para forzar el agua a presión manualmente. Eso, y que es muy bella. Para quien no la conozca, puede verse brevemente en este video[1] en el que el James Bond interpretado por Roger Moore le prepara un café —muy mal hecho, por cierto, ya que añade leche fría a un café aguado y luego lo vaporiza en la taza— a M, de la película Live and let die (1973). La fábrica Pavoni se fundó en 1905 en Milán pero la máquina a la que refiero se inventó en 1961, pero yo la conocí gracias a la madre un amigo, en realidad ella misma una gran amiga a la que recuerdo con cariño y admiración, Nuria Balcells.

Mi cafetera empezó a sacar vapor y agua por el portafiltro sin que yo hubiese accionado la palanca. Esto fue el 3 de diciembre, la primera vez que dejó de funcionar correctamente. Como buen hijo de nuestro tiempo, lo primero que probé fue apagarla, encenderla y volver a intentarlo. Pero no funcionó. Así que procrastiné un par de días, y todo siguió igual porque la magia no existe. Pero luego empecé a extrañar mi café, de modo que la reparación se volvió indispensable. Busqué el teléfono del centro de servicio en la CDMX pero no lo encontré y no recordaba dónde era (creo que la Narvarte). También, debo confesarlo, tuve desconfianza de llevar mi máquina a reparar a otro centro de servicio —encontré uno en Chapultepec— porque mi máquina fue comprada en Italia y funciona con corriente europea (220), por lo que cuando vivía en Caracas le mandé a fabricar un transformador (para quien no sepa qué es esto, y como esta columna es sobre objetos y máquinas, diré que un transformador es un dispositivo eléctrico estático que modifica el voltaje y la corriente de la corriente alterna, elevándolos o reduciéndolos, basándose en la inducción electromagnética) para poder usarla de este lado del Atlántico, que utiliza corriente 110. El transformador es delicado y muy preciado para mí, costó una fortuna y no quiero dejarlo en ningún taller (es una maña, supongo, como no querer dejarle la camioneta al valet parking). Así pues, empecé a leer del tema y la fuga de presión me llevó a pensar que se podría tratar de un problema de empaques o juntas, así que busqué en Youtube hasta dar con este video[2], que explica el procedimiento y me dio información sobre exactamente qué piezas necesitaría.

Gracias al video entendí que necesitaba el kit número 4, pues contenía los empaques más sospechosos de requerir un recambio. Este contiene quince empaques circulares y piececitas de plástico para hacer un mantenimiento completo y cuesta $550 pesos. Tardó un par de semanas en llegar, y una vez recibido dejé pasar otras dos semanas en abrirlo porque se me vinieron encima las fiestas navideñas, lo que implica cocinar, beber, descansar y, como estaba mi hijo de visita en casa, jugar mucho tenis y futbol. El 30 de diciembre llevé a cabo el procedimiento, que es el que describo a continuación.

Lo primero fue retirar el portafiltro y ducha, es decir la palanquita en la que va el café, y darle una buena limpieza remojándolo en agua caliente con vinagre y darles una cepillada con un cepillo de dientes. Luego viene lo interesante, empezar a desmontar la máquina aflojando tuercas. Primero la palanca, que está unida al vástago del pistón por dos pasadores con arandelas (especie de “clips” circulares con una pequeña apertura) de retención a ambos lados. Estos se quitan con la mano, o mejor dicho con la uña, sin mayores dificultades. Luego puede retirarse la horquilla, que se puede limpiar y engrasar (con grasa de grado alimentario ­—es decir que se puede ingerir si es que llega a entrar en contacto con al café— que no es nada barata, dos tubos me costaron $545 en Amazon).

Una vez desmontada la horquilla, se deben quitar las tuercas que unen al grupo con la caldera. Estas tienen una medida que ninguna de mis llaves admitió, pues la que dice 3/8 (supongo que de pulgada) era muy chica y la 7/16 era ligeramente grande (con lo cual corría el riesgo de barrer la tuerca). Hube de asirlas con el perico para aflojarlas, lo cual fue menos difícil de lo que esperaba. Luego, se retira una tuerca que tiene arriba el pistón. Es una tuerca cuadrada con terminado redondo, cromada y muy bonita. Como suele estar bien apretada, hay que evitar la rotación del pistón introduciendo un desarmador en la ranura inferior para evitar que gire mientras se desatornilla la tuerca. Luego se puede sacar del cilindro o camisa, es decir la parte que acumula el agua caliente que se va a presionar a través del café con ayuda del pistón. Esta pieza tiene varias juntas plásticas y empaques, que suelen desgastarse con el calor y la presión.

Todas las piezas se remojaron en el agua con vinagre para desprender la acumulación de cal (aun usando agua de garrafón, que es mucho más suave que la de la llave, hay un gran contenido mineral) y luego fueron engrasadas cariñosamente. La cabeza del pistón, es decir la parte que entra justa en la camisa y que es responsable de empujar el agua hacia abajo —hacia el café y la taza— cuando uno baja el pistón manualmente, tiene dos aros de hule que hacen que agua y vapor no escapen por el minúsculo espacio que hay entre cabeza de pistón y camisa. Estos aros estaban estirados y jalados hacia abajo en un extremo. Me dispuse a cambiarlos por el par nuevo, cuando al retirar los viejos entendí la razón del desperfecto: los radios de las ranuras (o canales) que los mantenían en su lugar estaban rotos.

No tenía sentido ponerle piezas a nuevas a un pistón desgastado y roto, así que rearmé la máquina como estaba y me puse a buscar un reemplazo. Me enteré que el pistón había sido tradicionalmente de latón niquelado (“brass”), en la década de 1990 se experimentó con uno de “plástico”, en realidad un polímero técnico rígido. No era solo un ejemplo más de la plastificación y abaratamiento de la maquinaria mundial, sino que este material reducía la fricción y eliminaba problemas de corrosión, además de que era “food safe”. Pero, como constaté en carne propia, sufría de deformación térmica y desgaste mecánico. Así que alrededor de una década después se reemplazó una vez más por uno de acero inoxidable. Encontré uno de acero en eBay y lo pedí, por 35 euros más otro tanto de costo de envío, desde Palermo, Sicilia. Tardaría unas cinco o seis semanas en llegar. La entrega estaba programada para el 6 de febrero pero un correo de eBay me avisó un día antes que estaba retrasada debido a la mensajería contratada por el vendedor. Luego de varios correos agresivos entre Italia y un servidor, obtuve la pieza el día 11.

La espera se me hizo bastante larga. No porque no pueda tomar café de otros dispositivos, sin embargo, lo cual hice. Están la clásica italiana, también conocida como moka por la marca icónica Bialetti Moka Express que se popularizó en 1933, y también la prensa francesa. Esta última me socorrió en los casi tres meses sin mi cafetera, y hasta le retomé el gusto. El café que produce es muy aromático, y le hace justicia al café que cosechamos en Malinalco y tostamos con un barista que conocí en la UNAM cerca del CEPE. Como este café es un poco más claro que los Arábica de tienda —por la altitud, 1800 metros, y porque crece de manera silvestre—, el método francés funciona para obtener un sabor ligero cuya acidez se elimina con un chorrito de leche. Debo decir que este café no es el mejor, ni de lejos, pero creo que sería un tonto si no consumiera mi propio café.

A veces, también, visito una cafetería y me aventuro a pedir un macchiato o hasta un cappuccino, pero solo si lo voy a tomar ahí mismo y si tienen tazas de porcelana o cerámica, pues la idea de tomar un café en vaso de plástico o cartón con tapa me parece un despropósito. Además, la prevalencia del “latte-art” y de la fotografía digital para redes sociales ha puesto mucho énfasis en cómo se ve un café, más que en cómo sabe. Por ello, es raro que le vendan a uno un café con la textura correcta. La mayoría de las veces la espuma, aunque muy bonita, adorna la parte superior de lo que realmente es un café con leche, una bomba para el estómago. Como todo en el mercado neo liberal —desde coches hasta perfiles en redes—, la apariencia va antes que la esencia.

La espera de paquetes a domicilio es el equivalente actual a lo que fue esperar cartas cuando fuimos jóvenes. Recibir una carta, olerla y tratar de descifrar algo de la letra con la que estaba rotulada o la manera en que estaba pegado el timbre lamido por nuestra persona, para finalmente abrirla y pichicatearse cada línea para que no se acabe, eso era espera. La pieza de la Pavoni llegó, como ya dije, más de dos meses después de que se presentara el desperfecto, pero esta vez no aplacé la reparación sino que me robé esa misma mañana para hacer la instalación. Llevé a cabo el mismo procedimiento descrito más arriba, pero con la salvedad de que esta vez retiré la cabeza del pistón hecha del polímero y la reemplacé con la nueva de acero inoxidable. Es realmente una pieza bonita, y la admiré y engrasé antes de rearmar la cafetera. También herví agua con vinagre en la caldera un par de veces para limpiar el sedimento que se acumula y al vaciar esta agua vi que era bastante.

En ese mismo momento me hice un café y sentí la máquina como nunca antes la había sentido. Las piezas recién engrasadas se movían con facilidad, eso lo esperaba. Pero lo que no esperaba fue el gran aumento en presión, que hizo que el café saliera más rápido que nunca. Me imaginé cada tornillo y cada empaque, al propio pistón empujando el agua, y disfruté, disfruté, disfruté. Más que nunca aprecié a los inventores y fabricantes de este aparatito, y repasé cómo había acompañado mi vida en estos últimos 26 años, y recordé también a Nuria. Me tomé el café solo y esperé al día siguiente para hacerme el ansiado cappuccino en la taza roja que me regaló otro amigo y que tiene el tamaño perfecto (pequeño, el cappuccino no debe ser “grande” ni “venti”).

Mi máquina de café es parte de un ritual privado matutino que me llena de calma y presencia, lo que ahora se llama mindfulness. No solo por la belleza del propio objeto y por el gusto sensorial del producto final, sino por el acto de cuidado propio que conlleva el levantarse temprano, poner empeño en hacerse un buen espresso —intenso y sedoso, con esa espumita color avellana por encima que se llama crema— y luego jugar con el vapor en la jarrita de leche hasta lograr la micro espuma que, endulzada por el proceso de evaporación (lo que concentra la lactosa), corona perfectamente un shot de café ligeramente amargo y tostado.

Es algo que hace mis mañanas más satisfactorias y que añade algo de emoción al salir de cama, sobre todo cuando esta emoción es necesaria para compensar al frío y la oscuridad de la mañana. Así, al final, resultó que la magia sí existe, para parafrasear a Bertrand Russel: esta llena al mundo y solo espera a que nos hagamos consciente de ella. El tiempo y un poco de trabajo me devolvieron el asombro por algo que ya había dejado de ver, algo que ya había empezado a tomar por sentado. ¿A qué cree usted, querido lector, que me supo ese café?


[1] https://www.youtube.com/watch?v=Y0XeO66xXAs

[2] https://www.youtube.com/watch?v=crMJpBG20vQ

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