A day in the life

Por: Marcos Límenes
Compartir este texto
El chiste radica en mantener el ritmo de la respiración tomando el aire por la boca y expulsándolo por la nariz dentro del agua. Dos brazadas, cuatro patadas; cincuenta metros de pecho y cincuenta de crawl. Una vez establecidas las reglas y puestas en práctica no queda más que dejar al cuerpo hacer lo suyo mientras la mente vagabundea. De esta forma mientras en el carril de la derecha un veterano nadador podría estar pensando en la inmortalidad del cangrejo en el de la izquierda una esbelta dama se pregunta cuál sería la mejor estrategia para derribar al gobierno. Digo, podría ser.
Al concluir la tercera vuelta de mi recorrido me detengo de improviso ante la idea de que el Universo podría concluir sus días (¿días, horas o años luz?) debido al big freeze o al big crunch. Escuché la nota en el noticiero matutino así como las dudas de la comunidad científica. El cansado Universo se va a quedar finalmente sin energía, dicen los que defienden la teoría del gran congelamiento mientras que los otros pronostican que se va a comprimir hasta desaparecer. ¿Será? Porque una cosa es morirse y que el mundo siga girando y otra, muy distinta, que la nada se convierta en un absoluto. ¿Y luego? Un triste y melancólico vacío. La alberca también estará vacía dentro de poco tiempo. En un artículo publicado recientemente Ilán Semo nos recuerda que la población humana disminuye a una velocidad inusitada; los jóvenes no desean traer al mundo, a este mundo, más niños, con la sola excepción de Palestina lo cual no deja de ser un dato interesante habida cuenta del reciente genocidio en Gaza. Lo mismo ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial con los llamados Baby Boomers. Por lo tanto el Big Crunch de nuestra especie se encuentra a la vuelta de la esquina.
En las páginas interiores me topo con unos lobos que se escaparon del zoológico de León, Guanajuato, y devoraron a veinte borregos. Como si no fuera suficiente días más tarde un león se sirvió de un avestruz con todo y plumas. A continuación unos científicos sociales afirman, valiéndose de la inteligencia artificial, que uno solo de los platillos para la mesa navideña costará a las familias mexicanas alrededor de mil pesos. Dos brazadas más y llegaré a la orilla.
En el vestidor el veterano nadador me dice en voz baja que la guerra es inminente y que algunos mal informados culpan a los “fachistas” del desastre que se nos viene encima. Ante mis ojos de asombro concluye que, en efecto, el buen vestir ha desaparecido de las calles.
Uno nunca sabe a lado de quién nada.
Es diciembre y se cumplen 45 años del asesinato de John Lennon. Merry Christmas to you!




