
Por: Jesús Gómez Morán
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- Apuntes generales sobre so origen
Aunque ya han pasado varias semanas desde febrero, si de festividades se trata, a pesar de su cortedad ese mes es nuestra salida luego de un periodo de ayuno en enero, bastante árido en cuanto a este tema, para entrar después al que marca el calendario ritual cristiano con la llegada de la Cuaresma. Dentro del eje espacio temporal en el que nos toca vivir, febrero dio cabida al día de la Candelaria, que marca el arranque del ciclo agrícola mesoamericano, el Super Bowl (después de una Copa del Mundo el acontecimiento deportivo con mayor audiencia en el planeta), el día de San Valentín y el Año Nuevo Chino, curiosos estos últimos por privilegiar el color rojo, si bien en este (el Año Nuevo) se trata de una festividad ritual que ha terminado por mercantilizarse, en tanto que aquel, de tan mercantilizado que está, ya se ha convertido en un ritual también (el llevar flores chocolates o muñecos de peluche por ejemplo, como preámbulo a una cena íntima y de ahí lo que resulte).
Sin embargo hay uno más, de rancia resonancia, que hasta cierto punto se ha salvado de esta feroz mercantilización y de la manipulación mediática, quizás por acrisolar parte de los impulsos que le dan origen a los otros. Repasemos algunos rasgos distintivos: se puede parecer al Año Nuevo Chino (que por lo festivo bien puede valorarse como un carnaval oriental) porque no se limita a una sola jornada (lo que básicamente sí sucede con el Super Tazón y San Valentín), si bien existe el día grande (coincidente este 2026 en el caso de ambos): la entrada de la luna nueva febrerina y el mardi gras de Nueva Orleans. La distinción es que el año nuevo del Lejano Oriente festina eso, el cierre de un ciclo y el arranque de otro, mientras que el carnaval, aunque esté marcado por fechas y ciclos lunares, celebra la carnalidad en todas sus formas. A uno lo marca el ritmo de la naturaleza y el ser humano se reconoce sujeto a ella, mientras que en el carnaval es un prurito del ser humano, lo que obliga a establecer una periodicidad en el calendario para darle rienda suelta a sus instintos.
Ligado al calendario litúrgico cristiano, hunde sus raíces en las saturnalias y tal vez hasta en los ritos helenos en honor a Baco, antecediendo al periodo de la Cuaresma, y de modo funcional resulta ser un desahogo de los apetitos para enfrentar la temporada de abstinencia cuaresmal. A pesar de esta estirpe europea (siendo el más afamado el de Venecia), habrá de ser del otro lado del Atlántico (como muchas otras actividades culturales y lúdicas) donde el carnaval acrisole su realización más plena y acabada, si bien no está de más mencionar cómo, respetando las fechas consagradas, su adopción del ritual no ha impedido la integración de elementos que lo desbordan. En el caso de México los de más renombre (si bien ensombrecidos por la inseguridad imperante) se celebran en Mazatlán y Veracruz, pero circunscribiéndome al centro de la República se halla el de Tlaxcala, el cual siguiendo la característica vena subversiva carnavalesca, al menos desde el siglo XIX se ha enfocado en parodiar a los dominadores españoles por parte de los descendientes indígenas, a través la figura de los huehues (palabra de origen náhuatl que significa “ancianos”). En Chimalhuacán el rasgo distintivo consiste en su duración, pues los desfiles de comparsas cerrando las calles principales inicia a finales de enero y se extiende hasta principios de abril (en ocasiones después incluso de la Semana de Pascua).
Sin embargo, en términos globales es en Brasil donde se halla el foco neurálgico del carnaval y su momento cumbre lo constituye el desfile de las escuelas de samba (implementado a partir de 1932, siendo uno de sus promotores Mário Filho, director de un diario de deportes, curiosamente). Para la nación brasileira este acontecimiento no es solo la fiesta más importante del año, sino su fundamental rasgo identitario. A lo largo y ancho que es este país continente se realizan desfiles lo mismo en São Paulo que en São Salvador de Bahia y desde luego con su epicentro en el sambódromo carioca. En otras palabras, la tesis que en esta ocasión enarbolo para referirme al carnaval de Brasil es situarlo como una metonimia del mismo país, y así como el Amazonas desborda sus afluentes dentro de la exuberancia de su entorno, la dimensión de su noción carnavalesca resulta ser también descomunal. Sin embargo, frente a esa noción desbordante posee una puntual (y necesaria) reglamentación, por la cual se explica que sus participantes en su actividad central y la más vistosa pertenezcan a una “escola”, es decir, una organización creada para desfilar (incluso algunas acceden al título de “acadêmicos”, como los casos de Salgueiro y Grande Rio).
- Un epicentro para la batucada
Hace aproximadamente 100 años comenzó a cristalizarse la estructura del carnaval carioca (es decir, propio de Rio de Janeiro) tal como hoy lo conocemos. Durante el periodo de Getúlio Vargas, junto con la música do samba (palabra que en português es masculina), comenzó a promoverse de acuerdo a un criterio nacionalista, sin embargo con el paso del tiempo logró desprenderse de esos tintes oficialistas y evolucionar para convertirse en una plataforma de crítica social y así, por principio de cuentas, reivindicar al sector sometido por siglos (como en el ejemplo de Tlaxcala arriba señalado) la cultura de los esclavos de origen africano (véanse qué lejos estamos de la originaria idea carnestolenda occidental), lo cual se manifiesta por medio de varios elementos siendo el samba-enredo uno de los más destacados. Los rasgos de identidad carnavalesca que se presentan durante el desfile ya no son solo regionales (carioca, paulista, nordestinha, mineira, gaúcha, etc.), sino que se enfocan a los que decida presentar la escuela do samba, es decir, de acuerdo a una temática que se desarrolla tanto en la decoración de los carros alegóricos, como el vestuario, la coreografía y desde luego las letras que la batucada va entonando en su samba insignia, por así llamarlo.
Al igual que el mismo impulso carnavalesco, dichos sambas enredos en un principio eran improvisados, pero eventualmente terminaron divididos en dos partes, una libre y otra reglamentada, hasta que esta última terminó por imponerse, algo que se explica por el hecho de que la preparación de cada carnaval dura todo un año: es decir, luego de que en esta terça feira del 17 de febrero pasado culminaron las actividades del 2026, el día 18 (quarta feira de cinzas) iniciaron los preparativos para el del 2027, lo cual nos da noción de lo cuidadoso de todo su proceso. A modo de cierre para estas líneas, quiero abocarme a un par de sambas enredos del 2025 para medir las dimensiones que dicho elemento constitutivo ha alcanzado y vislumbrar cómo una festividad ligada a un ritual calendárico cristiano ha evolucionado a música de protesta.
“A nação do mangue” es todo un manifiesto insurgente (basta con citar que el final de la letra dice: “a revolução já começou”), que además de mencionar algunas deidades africanas de entrada, apela a la reactivación de la causa a la que precisamente los Acadêmicos do Grande Rio de forma posmoderna se adhieren refiriéndose, desde luego, a Paulo Freire, paladín de la educación y alfabetización en Brasil, pero también declarándose hijos de las periferias (como el manglar mismo), cuya oportunidad en un mundo libre está por comenzar:
Modernizar o passado é uma evolução musical
Vamos vestir o manifestó
Somos filhos das periferias
Nosso mundo livre começa agora!
Salve Nação do Mangue!
Salve Chico Science!
Arretada Grande Rio!
Freire, ensine um país analfabeto
Que não entendeu o manifestó
Da consciência social

Por lo que respecta a “Camaleônico”, de la escola Imperatriz Leopoldinense, abandera la consigna de reunirse al pulso primigenio mencionado al inicio de esta entrega, aludiendo para ello a la estirpe latina e inclusive acudiendo al antecedente de la Grecia clásica, pero no al que nos vendió la escuela racionalista alemana, sino la de su vena dionisiaca, a tal grado que pide dejarse llevar por un ímpetu felino y transformarse en un hombre lobo, quedando insertos en los ciclos de la naturaleza (“devoro para ser devorado”) y libres de toda culpa pues, en efecto, no hay lugar para el pecado al sur del Ecuador:
A voz que a cálida rosa deu nome
A força de Atenas que o mau não consome
O sangue latino que vira
Vira, vira lobisomem
Eu juro que é melhor se entregar
Ao jeito felino, provocador
Devoro pra ser devorado
Não vejo pecado ao sul do Equador
P.d. Uno de los más grandes representantes de la MPB (Música Popular Brasileira) y de la corriente tropicalista de los años 60 y 70, caracterizado por su activismo contra la dictadura instaurada, Caetano Veloso, quizás por un prurito de desviarse de su compromiso ideológico-artístico, durante mucho tiempo se resistió a interpretar un samba vinculado al carnaval pero, cuando al fin lo hizo, su aserto (por todas las características aquí señaladas) no pudo ser más exitoso al denominar al carnaval como “o maior show da Terra”: “a minha alegría atravessou o mar/ e ancorou (se ancló) na passarela,/ fez (hizo) um desembarque fascinante/ no maior (en el mayor) show da terra…
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