Un mundo raro

Por: Marcos Límenes
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Querido diario,
Hoy ha sido un día extraño dedicado casi en su totalidad, cómo decirlo, a la inmovilidad. Hubiera querido hacer muchas cosas -algunas de índole práctico como abastecer la casi vacía alacena- o concluir las declaraciones anuales de mis clientes (en efecto, he decidido ser, por tiempo indefinido, Contador público), pero las fuerzas que marcan nuestro destino hicieron corto circuito o puesto de otro modo, dejaron de funcionar por falta de pago.
En primer lugar la lectura de los periódicos y de las redes sociales consumió gran parte de mi valioso tiempo, el resto fue ocupado por el miedo. Temía que la fotografía publicada ayer en el Facebook pusiera en alerta a la policía cibernética y que tarde o temprano tocaran a mi puerta. Tengo que admitir que la utilización de las redes sociales como campo de juego es una completa tontería. La verdad, la mera verdad, es que fue Nicolás quien al calor de las cervezas propuso que difundiéramos la noticia de un supuesto ataque con misiles iraníes a nuestra ciudad. Dado que la línea entre las noticias verificables y las falsas es tan delgada la nuestra sería tomada en serio por al menos un nutrido grupo de adictos. En la marisquería todos los de nuestra mesa lo tomamos a broma pero la iniciativa fue cobrando forma con argumentos a favor y en contra. Unos se inclinaban a pensar que el conflicto se debía a una crisis civilizatoria mientras que otros afirmaban que se trataba de un simple negocio de los fabricantes de armas. Unos pocos argumentaban sobre la necesaria seguridad requerida por Israel -eliminando a su eterno rival- frente a los convencidos de la manifiesta patología narcisista de los protagonistas. Fue Nico que en ese momento gritó a todo pulmón ¡Qué viva la tercera guerra mundial! con la consecuente invitación a que desalojáramos el local.
El eco del agitado almuerzo me acompañó por un buen rato resonando en mi cabeza, sembrando confusión en mis certezas y convicciones. ¿Puedo seguir siendo políticamente correcto en un mundo tan cambiante? ¿En el río revuelto de la opinión pública en dónde quedan los buenos y en dónde los malos? ¿Es válido permanecer como agitador de café (o marisquería) o se debe pasar a la acción? ¿Acaso Nico tenía razón al afirmar que la caída del sistema ocurriría agitando aún más las aguas? Nicolás sabe mucho más que yo de estos asuntos; lee periódicos y revistas y no se pierde los noticieros importantes de la televisión. A mí me da lo mismo lo que ocurre en el mundo ya que estoy convencido de que este no tiene remedio (lo he manifestado en diferentes momentos en este diario) y estoy convencido de que al mal tiempo hay que plantarle buena cara. Lo que hice no fue más que una travesura inofensiva pero algunos de mis contactos se tomaron la molestia de compartir la fotografía (truqueada a todas luces) y no tardó en cundir el pánico y las compras de emergencia.
¡Qué tonta es la gente!
Por la noche traté de aclarar el origen de la imagen (publiqué en el FB que se trataba de un zeppelín publicitario captado durante las fiestas patrias) pero me tildaron de loco y tonto.
Esto es todo por hoy querido diario. Un mal día sin lugar a dudas


