Éxito de taquilla 2

Por: Marcos Límenes
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-Hombre de sesenta años, vive solo, por elección. Si tuvo o no familia es irrelevante aunque algunas fotografías borradas por el tiempo se encuentran pegadas con chinchetas a la pared descascarada. En el piso se pueden apreciar todo tipo de objetos: juguetes rotos, paraguas torcidos, botellas de plástico amontonadas. No es un hombre ignorante, dentro de su particular universo tiene dudas y opiniones; cierta elegancia y una legítima curiosidad por lo que ocurre en su entorno y más allá. En su día a día todo parece repetirse rutinariamente (cambiará la estación del año, algunos transeúntes con los que se topa, la venta de lo que pepena en la basura) hasta que un acontecimiento involuntario pone en jaque su destino.
A punto estoy de enviar la propuesta –a final de cuentas es una historia que permite explorar algo más humano que las habituales preocupaciones clasemedieras y ofrece posibilidades de ambientación y fotografía suficientemente sórdidas (ma non tropo)- cuando recapacito: es innegable el tufo a sociología barata además de que un personaje similar ya dio de sí en Amores Perros.
-Podría tratase de un escritor maldito, onda Rimbaud o Bukowsky, que desde un sencillo cuarto de hotel desafía al guionista, al director y al productor con un monólogo desgarrador. Quizás tuvo que abandonar su país natal por algún tipo de persecución (¿imaginaria?). Lee periódicos compulsivamente y está convencido de que la humanidad no tiene remedio.
Estoy frito, nada sensato se me ocurre y el plazo está por vencer. Tal vez debería hacerle caso al carnicero y asomarme a la cantina o rezarle a la virgencita en espera de un milagro (menos probable).
¿Qué pasó güero, qué le servimos?
Un tequila doble y alguna idea para que no me corran del trabajo.
¿Nos vamos a ir a michas o qué? – Vale, sírvame otro tequila.
Pues mire: un virus desconocido invade la Tierra y los humanos se vuelven como zombies. Lo interesante es que todos se encuentran conectados anímica, intelectual y sensiblemente además de ser irremediablemente felices. Si a uno le duele la cabeza, le duele a miles de millones y si siente placer, digamos, al comerse un taco de suadero, la humanidad entera se deleita. El detalle se encuentra en que 12 personas de todo ese mundanal universo son inmunes al dichoso virus, y allí ya viene lo bueno. ¿Qué le parece?
Por supuesto, fui despedido. Fin.
Con cariño para Z.
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