Presentación de Alfonso Reyes. Cartografía del espíritu y la palabra de Beatriz Saavedra Gastélum.

Por: Angelina Muñiz-Huberman
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Es un honor presentar el nuevo libro de Beatriz Saavedra Gastélum y que lleve mi prólogo y la introducción de Adolfo Castañón, así como la contraportada de Javier Garciadiego, todos ellos grandes conocedores de la obra de Alfonso Reyes.
Cartografía significa guía o mapas y sabemos que Beatriz pertenece a la Academia Nacional de Historia y Geografía, además de instituciones como la Capilla Alfonsina. Ha recibido premios y distinciones nacionales e internacionales y está traducida a varios idiomas. El presente libro editado en España por Sial Pigmalion recibió el Premio Internacional de Pensamiento y Ensayo Aristóteles, 2025.
Leeré algunos fragmentos del prólogo:
Beatriz Saavedra ha reunido en este nuevo libro ensayos sobre el espíritu de la palabra para Alfonso Reyes. Abarca 10 capítulos sobre el origen y las causas del escribir, las raíces y el exilio, el mito interpretado que adquieren una nueva cartografía. La palabra se extiende por inesperados derroteros. La penumbra se ilumina. La palabra reverbera y el tono se clarifica.
La estancia de Alfonso Reyes en España, de 1914 a 1920, fue una experiencia inolvidable. Le permitió convivir con intelectuales de la época y ser parte de la efervescencia cultural de esos años. Las tertulias, los cafés y otros puntos de reunión eran ideales para intercambiar pensamientos. Reyes conoció a Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno. En el Centro de Estudios Históricos, dirigido por Menéndez Pidal, trató a Américo Castro, Antonio Solalinde, Tomás Navarro Tomás, Federico de Onís. Es así como fue moldeando su carácter de escritor y su visión moderna de la filología. Cita Beatriz Saavedra a Alfonso Reyes: “En Madrid me despojé de nacionalismos fáciles y comprendí que la patria del escritor es la lengua”.
Es por eso que el exilio vivido y reflexionado dejará una impronta que habrá de distinguirlo del resto de los escritores mexicanos y, cuando llegue el tiempo, igualarlo a los españoles en el exilio mexicano luego de la Guerra Civil Española.
Menciona Beatriz Saavedra dos obras que son reflejo del exilio: El descastado (1914) e Ifigenia cruel (1924). En El descastado se expone la pérdida de pertenencia a cualquier casta con la adquisición, a cambio, de nuevas posibilidades que amplíen el mundo en derredor. Lo que parece negativo se convierte en una perspectiva diferente y en la necesidad de transmitir el devenir humano. Para Reyes salir al exilio, Francia y España, a causa del asesinato de su padre el general Bernardo Reyes en 1913 fue un renacer y el origen de su libertad intelectual.
En la segunda obra, Ifigenia cruel, aún se da un paso más allá. La protagonista se rebela contra valores religiosos, de poder y de linaje. Lleva en sí el conocimiento propio y el enfrentarse a los valores establecidos. El conflicto se interioriza y Alfonso Reyes es Ifigenia. En palabras de Beatriz Saavedra Gastélum: “En el caso de Reyes, la escritura misma es ese espacio de libertad e Ifigenia cruel es el lugar donde, al reescribir el mito, se reescribe a sí mismo”.
El exilio en España fue clave. En el Centro de Estudios Históricos amplió
su erudición y cosmopolitismo, entrelazó la cultura latinoamericana con la hispánica y la europea enriqueciendo su saber.
Una vez establecido el marco vital Beatriz Saavedra dedica un largo ensayo al análisis de la poesía y del sueño en la obra alfonsina. Temas necesarios de honda raíz histórica. Temas inseparables y fuente de conocimiento. Temas revelatorios unidos al fluir de la conciencia.
Después, el tema de la memoria es básico para su poesía, especialmente “La Oración del 9 de febrero”. Anota Beatriz Saavedra Gastélum: “Para Reyes la memoria y todo lo que envuelve -es decir, la nostalgia, la imaginación- redime un mensaje muy importante en el exilio”. Nuestra autora retoma el exilio desde varios enfoques a lo largo de esta obra como punto de partida aclaratorio. La Oración del 9 de febrero libera y redime.
Más adelante el estudio del exilio y de la influencia griega clásica emparienta a Reyes con María Zambrano con quien la relación epistolar es rica y da lugar a un intercambio de afinidades. Son también coincidentes en el exilio cuando llegó el turno a los españoles republicanos.
En el ensayo sobre “Los tres espíritus” Beatriz Saavedra continúa encontrando nuevas facetas. Ahora se centra en el poder de la escritura y sus elementos: el escritor, el texto y el lector. Aprovecha para enlazar la parte teórica de la obra de Reyes (El deslinde, La experiencia literaria) con el hecho de que en la Capilla Alfonsina se impartan, actualmente, talleres de escritura bajo su dirección. El agradecimiento a Alicia Reyes es, por lo tanto, primordial.
El género epistolar y la traducción fueron asuntos de orden mayor para Alfonso Reyes. Es notoria la cantidad de cartas que intercambió con María Zambrano, Victoria Ocampo, Juana de Ibarbourou, Émilie Noulet, Cecilia Meireles, Gabriela Mistral, Enrique Díez-Canedo, Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Diego Rivera, Pedro Henríquez Ureña, Xavier Villaurrutia, Jorge Luis Borges, Valéry Larbaud y otros escritores.
En cuanto a la traducción la consideraba un género imprescindible. En palabras de Saavedra Gastélum: “Traducir era también leer en profundidad, establecer un diálogo con el texto original y con su autor, al igual que con el lector en otra lengua y otro tiempo.” Reyes tradujo a Chesterton y a poetas franceses. Y, claro, fue traducido y dialogó con sus traductores.
Traducir es una forma de exilio lingüístico: recibir y trasladar las lenguas. La palabra que acerca a un nuevo origen y que lo aleja del primero. Conocer a fondo la otra lengua, pero sobre todo la propia. Buscar y rebuscar en los recovecos de la sinonimia. Hallar la palabra deseada. Incorporarla. Es, pues, creación y un arte.
A lo largo de los ensayos reunidos en la Cartografía del espíritu y la palabra Beatriz Saavedra ha logrado hallar el eje conductor de la obra alfonsina. Será el exilio con sus múltiples variantes, aportaciones y pérdidas, sustituciones y hallazgos el que determine el actuar y el crear de una prolífica trayectoria. El paralelismo con otros exiliados proyecta la figura de María Zambrano en su vertiente poético-filosófica. Reyes y la filósofa dialogan y encarnan la palabra para una mayor comprensión del mundo en sí. “Ambos comprendieron que el exilio es un espacio ambiguo: escisión y apertura, dolor y posibilidad.”
Sobre el exilio dice Beatriz Saavedra: “La vida en el exilio, marcada por el sentimiento de extrañamiento, se asemeja en muchos aspectos a una vida de ficción, donde las fronteras entre lo real y lo imaginario se difuminan”.
Por último, la Cartografía del espíritu y la palabra se cierra con una reflexión sobre la metafísica de la ausencia en torno a la amistad entre Borges y Reyes. Ambos, expertos en ausencias y admiradores de sus respectivas obras. Ambos coincidiendo en la sustancia de la poesía y el conocimiento. La imagen y la metáfora como proyección sugerente y apertura a la libre interpretación. La poesía como “una necesidad del alma”. La poesía en el ámbito de la revelación donde tiempo y espacio se superan.
La acertada manera de terminar Alfonso Reyes. Cartografía del espíritu y la palabra es con la transcripción del poema “In memoriam” escrito por Borges al ocurrir la muerte de Reyes cuyas líneas finales dicen:
No profane mi lágrima este verso
Que nuestro amor inscribe a su memoria.
Beatriz Saavedra ha logrado en la Cartografía del espíritu y la palabra un repaso ideal para proporcionar al lector una visión panorámica de la obra alfonsina. Gracias, Beatriz.
Texto leído el 29 de enero de 2026 en la presentación del libro en el Ateneo Español de México A.C.
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