El mundo, un fonema

Por: Andrés Bali Quintanar
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Podríamos comprender la totalidad del tiempo y belleza del rostro humano; podríamos comprender la forma del universo; la belleza del alma humana. El tiempo a regalado una forma de ver las cosas y de entender la belleza de mi cuerpo y de la existencia. Los ojos solo pueden ver más allá de la existencia humana y del cosmos, que siempre muestra la bella forma del pensamiento. Todo esto cabe en un fonema. Una bella forma de decir nuestro amor.
En el fondo las palabras descifran los misterios del cosmos y los pensamientos son el misterio que muestran. Son los astros meros pensamientos de cuerpos celestes a los cuales les otorgamos un nombre. Así, cada pensamiento surge en el pensamiento y le otorgamos la bella remembranza de un planeta, una estrella, una galaxia. El tiempo se encarga de hacer real la belleza.
En un pensamiento cabe el universo. En un solo momento cabe la belleza de todas las flores y la belleza de nuestro más profundo pensamiento. Podríamos recordar toda la belleza de la existencia en un solo pensamiento si pudiéramos comprender la belleza de las flores, de la embriaguez, del amor.
Creo que la verdadera forma de la existencia es más allá de la lingüística, más allá de nuestra comprensión. Donde el tiempo tiene otros modos de ser, una bella metáfora del atardecer. Son esas percepciones la razón de un poema que agranda la forma del lenguaje de encontrar bellas apreciaciones de este profundo y más entero fin de todas las cosas. En el fondo todo tiene un propósito que comprendemos en el latido del corazón.
La forma profunda va más allá de las palabras. Pero, decir aquello profundo que existe en mí es decir esa última y más profunda forma de la existencia, Los ojos pueden nombrar la profundidad del cráneo. La profundidad de mi corazón, que en el fondo es tan complejo como la forma profunda de las flores.
Somos una profunda reverencia a aquello que imagina la belleza de la existencia. Los instantes solo son bellas maneras de comprender el profundo existir de aquello que somos. Un bello modo de percibir la bella realidad del tiempo. Ese teatro que somos, donde somos personajes del teatro de nuestro corazón. Donde amamos y permitimos amar. Cuando penamos y permitimos el fin. Donde termina la historia que venia existiendo en nosotros. En la trágica manera en la que somos presa del tiempo y sus tretas. Somos actores de un tiempo particular, y la tierra y el amanecer solo existen como una escenografía de momentos perdidos en el corazón de un dramaturgo, necio en amar más allá del tiempo y la sabiduría es solo una forma de nombrar los ocasos y las noches que nunca terminan.
Podríamos en el fondo ser más que nosotros, pero, quien sabe porque somos solo ideas que discurren entre la mañana y la noche, tiempo, seres, existencia de cada momento que buscó ser nuestro. Que tiene por forma la noche y la tierra y los círculos, terribles conceptos que nos dan la bellas realización de que somos personas, licenciados en saber ese tipo de cosas. Esa marca de historia donde la tierra abrió la tierra a mostrar la forma sagrada del néctar divino. Una especie de embriaguez donde todo se revela y la risa es la solución y la belleza es el enigma. Donde los pájaros danzan un antigua y profunda verdad que todo tiempo existe.
Los ojos son las puertas donde se regocijan los árboles y las flores para sentir su existencia. Qué va más allá del tiempo ensoñado en todas las visiones del tiempo, donde los ojos son péndulos que marcan las bellas e inmaculadas horas donde cae la tarde y el cielo y nosotros somos la tarde que sueña ser tarde, ser visión, ser belleza.
Donde la tierra es solo una bella manera de entender la forma del tiempo y así le llamamos al tiempo, tierra, a sí nombramos nuestra verdad y nuestros más terribles fonemas. Tierra, la verdad, más antigua. Donde como astrónomos hemos escrito a través del tiempo la forma del universo, regalándole una forma a nuestros pensamientos. La tierra siempre aparece como un planeta, la noche invita a pensar los pensamientos como planetas, el cielo invita a pensarnos insignificantes y la verdad no está tan lejos.
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