Las Islas Marías y La Subcultura Carcelaria

Por: Nelson Álvarez Licona
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La Subcultura Carcelaria es una categoría teórica que proponemos y refiere una serie de prácticas realizadas por los internos en instituciones totales carcelarias, estas son: 1) No denunciar; 2) No inmiscuirse en asuntos ajenos; 3) Mostrar valentía en un momento determinado; 4) En el carácter sexual masculino presente en la interacción que se da entre los internos. Prácticas que están interrelacionadas y que giran en torno a la valentía a no tener miedo en las interacciones que se dan entre los internos, la cobardía en estos espacios expone al temeroso a vejaciones y abusos. Utilizo la categoría Subcultura Carcelaria ya que son referentes en la toma de decisiones que realizan los presos y se dan en espacios administrados por reglamentos establecidos para el funcionamiento de instituciones penitenciarias; no refiere subordinación, sino contexto sin el cual no podrían surgir; siendo así un entramado de redes de significado que tienen sentido entre los internos que experimentan las consecuencias de no cumplir con esto referentes que norman la vida entre los presos; además de referir que vienen de abajo, de los presos, que funcionan para los internos y no para el personal que labora en este tipo de instituciones totales.
La vida en las instituciones penitenciarias esta normada por los reglamentos de la institución y la por la Subcultura Carcelaria que guían la interacción entre los internos. En este tipo de instituciones la vida se realizaba entre dos grupos perfectamente establecidos y diferenciados: los internos (presos) y el personal (empleados de la institución). La Subcultura Carcelaria, como sistema regulador de la vida entre los presos, se explica en la medida en que se apoyan en acuerdos sociales no formulados que se basan en el interés propio (García, 1992: 400-411), estas formas de pertenencia construidas desde el nosotros generan a su vez mecanismos de auto sostenimiento que refuerzan actitudes y comportamientos.
Esta propuesta teórica surge de la investigación antropológica (Alvarez y Sevilla, 2012) realizada en las Islas Marías, que son un archipiélago formado por tres islas y un islote, que se encuentran en el Océano Pacífico, a 120 kilómetros del estado de Nayarit en México. En la Isla María Madre se encontraba instalada desde 1905 la Colonia Penal Islas Marías, con 9 campamentos alrededor de la isla, con una periferia de 50 Km; y uno más en el centro. Dejo de ser colonia penal en el año 2020.
El corpus de la investigación, de la que se desprende esta propuesta teórica, se formó con 30 entrevistas abiertas semi-dirigidas (aprox. 45 horas gravadas), en las que se busco cubrir la mayor diversidad en cuanto a las condiciones de vida de los internos. La parte más importante para la obtención de información consistió en el trabajo de campo realizado en esta colonia penal donde vivimos, la Dra. Sevilla y yo por un período de 8 meses, 5 de los cuales en un campamento de castigo (Matamoros), prácticamente aislados y junto con los internos castigados sin que hubiera un contingente de marinos encargados de la seguridad como en los demás campamentos y solo con un policía que casi nunca estaba, esto es relevante ya que nos permitió realizar un registro etnográfico fiable, los otros tres meses vivimos en otros campamentos terminando de realizar el trabajo para el que fuimos contratados y observar la vida cotidiana de los internos. 9 años después realizamos tres estancias de un mes cada una en el año de 1996, para terminar de realizar los registros etnográficos, en las que se hicieron las entrevistas mencionadas. En los primeros 8 meses hicimos los primeros registros etnográficos y con base a estos, regresamos a reconocer las características particulares de las formas de vida de los presos, ahora observando con marcos teóricos elegidos a partir del reconocimiento de las dos necesidades fundamentales de los presos que se obtuvieron en la primera estancia y que son la Seguridad y la Obtención de Recursos para la subsistencia.
El estudio de la territorialidad en esta colonia penal, nos muestra cómo siendo el control de espacio fuente de conflictos, es a su vez fuerza de cohesión social que adscribe a las personas al territorio donde se vinculan, produciéndose un tipo de identificación al compartir intereses particulares, que aparecen como intereses grupales que se establecen en función de objetivos que no se pueden cumplir sin la colaboración de los que comparten el espacio y la forma de integración a este. La vida al interior de esta cárcel se da entre dos normatividades: la que proviene de la cultura institucional y La Subcultura Carcelaria, que se genera de acuerdo a las condiciones de existencia. Estos acuerdos no formulados tienen un fundamento ético y práctico: ético al ser un compromiso grupal que cohesiona a los miembros; y práctico al ser parte de estrategias de adaptación en las que se busca la Seguridad y la Obtención de Recursos permitiendo una interacción no conflictiva entre los internos, de manera que este tipo de acuerdos sociales, no suscritos pero conocidos por los internos, son el soporte de la solidaridad que existe entre los presos, creando la conciencia de un nosotros, no siendo la lealtad, sino el interés, lo que está en el fondo de la cohesión que existe entre los reclusos.
Los internos son un grupo marginal, pues se es marginal en la medida en que se está al margen de la participación en determinadas áreas de la vida social, lo que puede ser por decisión o exclusión; ser marginal también incide en no coincidir con los criterios que rigen la conducta de los hombres dentro de la cultura institucional, en este caso carcelaria, pudiendo ser marginal por decisión propia al ser producto del sostenimiento de criterios a partir de los cuales se juzga la práctica social o se puede ser marginal como resultado de la falta de participación de grupos o individuos en los roles que les corresponderían de acuerdo a determinados criterios de la organización social; esta falta de participación en ocasiones es forzada, como el caso de la reclusión, dejando a los que se encuentran en esta situación compartiendo las interpretaciones de realidad propias de estos grupos marginales que las crean, reproduciendo prácticas relacionadas con sus condiciones de existencia. La Subcultura Carcelaria, como una serie de prácticas que entran en congruencia con un entorno hostil y peligroso, al que se adaptan los internos tomando decisiones que les permitan pasar el tiempo de la condena, saber tirar el tiempo, reglas que son válidas para los internos y junto con los reglamentos institucionales, regula la forma como interactúan los reclusos, permitiendo la integración o exclusión al grupo, exclusiones que podrían ser muy peligrosas al interior de una cárcel.
El cumplir con lo establecido en la Subcultura Carcelaria, facilita una interacción menos conflictiva, aunque en el momento de su ejecución implique riesgos e incluso situaciones de violencia entre los internos, y son precisamente los conflictos y las tensiones las que nos revelan la importancia de este tipo de acuerdos, que se muestran como normativos de la Subcultura Carcelaria al ser atenuantes de las fricciones constantes que hay en estas instituciones al dejar en claro la adscripción y la disposición del interno. El no cumplir con este tipo de acuerdos al interior de una cárcel puede ser muy grave, como sería el que un interno denunciara alguna infracción cometida por otro interno, lo que llevaría al denunciante a ser considerado como delator o chiva, el denunciar le es permitido a un empleado, pero no a un interno, el que no solo sería excluido del grupo social claramente establecido, sino que además serán objeto de agresiones y violencia por parte de otros presos, pudiéndole costar hasta la vida.
Entre los internos se crea la conciencia de un nosotros que en principio se da a partir de la existencia de los dos grupos presentes en todas las instituciones totales, que están integradas por los internos y el personal (Goffman, 1992: 69-75), lo que crea una conciencia de grupo que no garantiza la cohesión en el caso de los internos. En la colonia penal las Islas María la lealtad que debiera generar la conciencia de grupo era poco común, lo que privaba sobre la lealtad era el egoísmo, sobre todo dentro de una cárcel donde la carencia era la característica, de hecho uno de los recursos que los internos utilizan como parte del saber tirar el tiempo era tener claro que dentro de la prisión se está solo, que dentro de la cárcel uno ve por si mismo y lo prioritario es salir lo mejor librado posible, lo que no se contrapone con la idea de un nosotros, referente fundamental en la construcción de la identidad que se basa en la diferenciación que resulta muy aparente entre internos y personal, sin embargo la aspiración a que exista dicha lealtad era una constante, solo que continuamente era quebrantada en la práctica, aunque reiteradamente se hiciera mención a un nosotros y un ellos. La frecuente referencia a un nosotros y un ellos en el discurso de los internos muestra la existencia de una serie de características o atributos que comparte el grupo, estas características se adquieren en principio por el hecho de su adscripción como preso, pero se refrenda o no al compartir o no estos elementos culturales propios de la Subcultura Carcelaria. La ubicación otorgada en principio por la adscripción que se tiene en la institución, se refrenda en el mismo grupo, si no se toma la conversión (Goffman, 1992: 69-75) como estrategia adaptativa, pasando a ser parte del otro grupo, como es el caso de los delatores o los que colaboraban con el área de seguridad, que nos muestran la no observancia de estos acuerdos establecidos en la Subcultura Carcelaria, que son base de la solidaridad grupal y norma que rige, en gran medida, el comportamiento de los internos y el riesgo a que están expuestos quienes no los cumplen.
Es a partir de la observancia de la Subcultura Carcelaria, que tiene como propósito la consecución de metas, en la medida que resuelve o prevé problemas específicos, mediante la observancia de reglas de comportamiento que inciden sobre las decisiones que se toman y que se expresan como conciencia grupal, manteniendo la reproducción de elementos culturales de identidad colectiva y explican la territorialidad como generadora de conflictos y como cohesionadora social, por esto el ver, oír, no intervenir y callar, es característica de la práctica de los hombres que ven constantemente expuesta su seguridad al interior de las cárceles, el no participar en los conflictos que se generan en estos espacios les asegura una estancia menos peligrosa, se trata de pasar el menor tiempo posible y de la mejor manera en el encierro, saber tirar el tiempo.
Al ser comportamientos relacionados con la valentía el no denunciar y la conducta sexual que afirma la masculinidad, a los que transgreden estas normas de conducta quedan expuestos a vejaciones, violencia e incluso a la perdida de la vida. En un espacio donde las disposiciones del entorno primero son para los valientes, para los que no permiten ser objeto de abusos, por esto es que los homosexuales son maltratados entre los internos, a menos que enfrentes las vejaciones con valentía con lo que se ganan el respeto independientemente de su preferencia sexual. Siendo la cárcel un espacio donde abunda la carencia, los internos que roban dentro de los penales también son muy mal vistos e incluso puede correr peligro su vida si son sorprendidos y también quien no se defienda de los robos y los abusos de otros internos, muestran falta de valentía, es por esto muy común que las personas por medio de la violencia hagan respetar sus propiedades y derechos. Los internos más respetados son los que están recluidos por asesinato y esto se asocia a la valentía.
Este tipo de acuerdos no formulados, buscan la consecución de metas y permiten la resolución de problemas específicos al momento y a futuro, estos acuerdos de comportamiento propios de La Subcultura Carcelaria, que se pueden resumir en: 1) No denunciar. 2) No inmiscuirse en asuntos ajenos. 3) Mostrar valentía en un momento determinado. 4) En el carácter sexual masculino, que está presente en la interacción que se da entre los internos.
BIBLIOGRAFÍA:
Goffman, Erving, 1992; Internados; Buenos Aires: Amorrortu editores.
Alvarez, Licona y Sevilla González. Estrategias de Adaptación en las Islas Marías. México: Instituto Politécnico Nacional. 2012.
García, José Luis, 1992; “El uso del espacio: conductas y discursos”. en J. A. Glez Alcantud y M. Glez de Molina (eds); La Tierra: mitos, ritos y realidades. Barcelona: Anthropos.
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