La Dirección Federal de Seguridad en la Guerra Fría

Por: Soledad Lastra
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La DFS había sido creada en 1947 en la administración del presidente Miguel Alemán Valdés. En principio, fue un cuerpo policial encargado de vigilar y controlar a militantes de izquierda, obreros, extranjeros, periodistas; así como de investigar asuntos delicados y realizar operativos contra los opositores del PRI. Posteriormente la agenda de seguridad de la DFS se fue ampliando y diversificando. También cambió su lugar en el organigrama gubernamental pues pasó de ser un cuerpo de elite de la Presidencia a convertirse en una institución dentro de la Secretaría de Gobernación durante el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines.
Su rol no se limitaba a la gestión de la información. La DFS fue parte del entramado de violencia que desplegó el gobierno mexicano entre los años 60 y 80 para desarticular y aniquilar al que consideró un enemigo interno. Sus agentes y autoridades estuvieron involucradas directamente en violaciones a los derechos humanos que aún no fueron juzgadas. Detenciones, secuestros, torturas, muertes y desapariciones forzadas, que se produjeron en México en esas décadas, fueron resultado de la acción de la DFS.
Tener presente esta dimensión represiva puede contribuir a un mejor entendimiento sobre su accionar y sobre la importancia del tema de la vigilancia que aquí se presenta. Como señala Camilo Vicente Ovalle, desde mediados de los años 70 se fue consolidando un circuito de la detención-desaparición en México, en donde distintas instituciones del Estado mexicano, tanto de las Fuerzas Armadas como policiales, conformaron una estructura para la eliminación de los disidentes, especialmente de las guerrillas internas. Allí actuó la DFS. En 1976, por ejemplo, en el seno de la dfs se creó la Brigada Especial o Brigada Blanca, un grupo específico que fue responsable de la desarticulación de la Liga Comunista 23 de Septiembre, una coordinación de guerrillas mexicanas que, desde 1973, fue fortaleciendo su presencia y sus luchas en contra del autoritarismo estatal. Ese mismo año de creación de la Brigada Blanca, México abrió sus puertas a miles de exiliados políticos argentinos y sudamericanos que escapaban de la recién instaurada dictadura militar y que ejecutaba un plan desaparecedor similar al del PRI:
Los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo se caracterizaron por este doble rostro: entre la apertura y el asilo hacia afuera y la violencia y el control hacia adentro. Como señala Pablo Yankelevich, se trató de los últimos gobiernos que “apelaron a la herencia nacionalista de la Revolución de 1910, al imprimir a sus gestiones tonalidades progresistas”4 a pesar de que dejaron una gran cantidad de desaparecidos y de responsables sin juzgar.
La vigilancia de la dfs se fue organizando bajo distintos factores temáticos y la información producida fue ordenada de acuerdo con ellos. Una mirada rápida sobre el Catálogo General del Departamento de Archivo de la dfs refleja el lugar que los extranjeros y exiliados tenían en la matriz ideológica de la institución. Por ejemplo, el catálogo viejo5 está organizado bajo distintos ejes temáticos numerados, entre los que se encuentran asuntos administrativos y otros políticos: “6-Problemas internacionales”, “8-Antecedentes de delincuentes”, “12-Actividades subversivas”, “14-Agitadores sociales”, por nombrar algunos. La información recogida sobre los exiliados sudamericanos y latinoamericanos en México fue organizada bajo el sector “11-Comunismo” integrado por una enorme cantidad de subtemas, entre los que se encuentran: “11-161 Comité Organizador de los Brasileños Exiliados en México”, “11-225 Asilados argentinos”, “11- 237 Asilados chilenos”, entre otros. Allí están también las guerrillas mexicanas, como la Liga Comunista 23 de Septiembre (Factor 11-235) o la Unión del Pueblo (Factor 11-222). Esto indica que la dfs observaba a los exiliados y asilados recibidos en México en relación con su peligrosidad política y que formaban parte de un problema de seguridad nacional.
En plena Guerra Fría, los servicios de inteligencia consideraron que México era un territorio con fronteras débiles o de nula vigilancia ante la penetración de fuerzas de izquierda extranjeras provenientes de Cuba y de la URSS. Y que podía transformarse en un “trampolín” para que actores y “elementos” peligrosos pudiesen ingresar al territorio estadunidense o, al revés, para pasar a Centroamérica y realizar acciones de contrainteligencia.
En este escenario, la DFS creó un cuerpo especial de vigilancia en las embajadas, los Institutos de Intercambio Cultural y las “Casas de Amistad” en México. Estos lugares eran considerados como “pantallas” que agentes extranjeros podían utilizar para sus propias operaciones de inteligencia. Como se verá en este libro, esta infiltración fue prolífica pues generó una gran cantidad de informes, fotografías y recolección de información detallada sobre todos los exiliados sudamericanos.
Es difícil conocer cómo fueron en los hechos las dinámicas que siguió este cuerpo especial de infiltración. Su mismo carácter clandestino y la ausencia de mucha documentación oficial genera enormes vacíos. Sin embargo, algunas características presentadas en documentos operativos del grupo parecen bastante verosímiles. Por ejemplo, en diciembre de 1980, se establecía que una primera capa de la vigilancia la realizaran agentes “abiertos” cuyo propósito era “cubrir todos los actos públicos o semiprivados que organizan las Embajadas, Institutos y Casas de la Amistad de los siguientes países: la URSS, Cuba, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rep. Democrática Alemana, Polonia y Vietnam, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay”.6 Los infiltrados abiertos podían camuflarse como periodistas o trabajadores de medios de comunicación, entre los que figuraban la “Revista de Noticias”, un invento de la DFS para que sus agentes se acreditasen como personal de prensa en eventos y actos públicos.
Un segundo nivel o grupo de la vigilancia habría estado a cargo de “infiltrados activos”. Estos debían pasar los filtros de inteligencia y contrainteligencia de las casas de amistad o institutos culturales encubriendo su verdadera pertenencia a la dfs con otra actividad totalmente inocua. Su única tarea consistía en “informar de forma constante y periódicamente sobre todo lo que sucede en lo interno de éstas”.7
Por último, el documento mencionado establecía la presencia de “infiltrados durmientes”, que se habría tratado de agentes que lograban asimilarse en estos espacios como si fuesen un integrante más, llegando incluso a ocupar puestos de liderazgo en las organizaciones.8 Su rol se habría limitado a estar pendientes hasta que la DFS les ordenara actuar para “destruir, emigrar o desinformar a estas organizaciones, e influir o desviar las acciones de estas en beneficio de la Nación”.9 En consecuencia, la infiltración y el espionaje sobre los exiliados y sus organizaciones se planteó como una actividad de distintos frentes que, articulados, tenían como horizonte la neutralización de sus acciones en México.
Para alcanzar estos objetivos, los agentes debían informar todo lo que ocurría en las organizaciones; detectar si existían agentes extranjeros encubiertos en el país o extranjeros clandestinos; identificar si se estaban creando redes de inteligencia y contrainteligencia en los que estuvieran involucrados esos extranjeros; identificar qué políticos mexicanos tenían vínculos con “elementos extranjeros de izquierda”; ubicar los domicilios que funcionaban como máscaras para los encuentros políticos y reuniones secretas; detectar si había proyectos o actos que fueran en contra de los intereses nacionales e indicar quiénes eran las personas que colaboraban en las redes que la izquierda mexicana construía con los actores internacionales.10
Existía una idea-fuerza de esa vigilancia que consistía en “denigrar, destruir, desinformar o neutralizar”. 11 Y si bien este libro no puede dar cuenta de cómo fue ese accionar concreto de la vigilancia, en su lugar puede ofrecer un escenario amplio de cómo fue la mirada de esos agentes con respecto a lo que vivían los exiliados sudamericanos en México, qué aspectos de sus actividades cotidianas, políticas y culturales fueron examinadas por la DFS y cómo ponderaron en algunos casos sus acciones y su paso por México.
4 Pablo Yankelevich, Los rostros de Jano: vigilancia y control de los exiliados latinoamericanos en México (1960-1980), p. 169.
5 Cabe destacar que la información de la DFS se encuentra organizada en distintos catálogos. El catálogo viejo reúne información producida de 1953 a julio de 1979, mientras que el catálogo DFS, DGISEN y CISEN incluye información desde agosto de 1979 a finales de 1980. Los catálogos organizan la información por lugar, sector y tema. La información producida por la DFS se sistematizaba en expedientes y fichas o tarjetas de síntesis.
6 Documento de definición y presentación de objetivos de la sección especial de la dfs, agosto de 1980, p. 6. dfs, Caja A20 93/103, Exp. 009-005-043_L SD.
7 Idem.
8 Documento de definición y presentación de objetivos de la sección especial de la dfs, p. 5. dfs, Caja A20 93/103, Exp.009-005-043_L SD.
9 Idem.
10 Idem.
11 Idem.
Este texto es parte del libro: Espionaje y control en el país refugio La DFS frente a los exiliados sudamericanos en México. Coordinado por Soledad Lastra y editado por El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México (INEHRM) El libro es de libre acceso y se puede encontrar en Memorica parte del Archivo General de la Nación https://memoricamexico.gob.mx/swb/memorica/Cedula?oId=Yu5UuJQBDNYR_80G_C5V
o en el de propio INEHRM https://www.inehrm.gob.mx/recursos/Libros/2024_espionaje_y_control_CCM_01.pdf




