Cuestionario Mallarmé reloaded III

Por: Daniel Téllez

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A partir de aquel célebre juego confesional creado por Stéphane Mallarmé, ofrezco a cada invitado a este espacio, una versión única y posmoderna de la algarabía y el seso y el estupor que conforman las obsesiones, el estilo y el momento actual de su quehacer literario.

La invitada: Lucía Rivadeneyra (Morelia, Michoacán, 1957). Poeta y periodista. Desde 1981 es profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha ejercido el periodismo en medios de circulación nacional y colaborado en diversos textos de carácter académico. Ha obtenido los Premios Nacionales de Poesía Elías Nandino, Enriqueta Ochoa y Efraín Huerta. Autora de varios libros entre los que se encuentran RescoldosEn cada cicatriz cabe la vida, Robo calificado, Rumor de tiempos De culpa y expiación. En 2020, se editó la antología bilingüe In ogni cicatrice c’ è la vita, en traducción al italiano de Emilio Coco. También ha sido traducida al húngaro, purépecha, francés y griego. En 2023, recibió el Reconocimiento Sor Juana Inés de la Cruz que otorga la UNAM.

Una metáfora gitana: Mi angustia en el Sacromonte.

Golpe o caricia en el poema: Caricia violenta.

Herida o estocada en el amor: Herida, lo otro es vanidad.

Miguel Hernández: La intensidad precisa.

La tierra prometida: Mi casa.

Un verso del poeta jerezano: “…cuando trabes los dedos por detrás de tu nuca…”.

Un calosfrío ignoto: Un encuentro inesperado con un hombre que aún amaba.

Escribir a mano: Sí y con lápiz.

“Verde que te quiero verde”: ¡Ay, olé por García Lorca!

Hormigueo periodístico: Es la adicción a la adrenalina, la cual es extraordinaria.

Un poema de Gaspar Aguilera: “Con locura o lucidez de antología / lamo tu cuerpo de los tobillos a la nuca / y ya no eres la misma / después del dulce tatuaje de saliva”.

Marbella en tu vida: Mi madre, amor desbordado. Y Gaspar en mi vida: Mi padre, un hombre apasionado.

La más grande tentación: Una copa vacía a las 2 de la tarde.

Un pecado poético: Uno o dos que no quiero recordar.

Legado de Concha Urquiza: El erotismo en su religiosidad y la religiosidad en su erotismo.

Whisky o Martini: Martini seco con dos aceitunas y, de preferencia, ginebra Beefeater. ¡Ay, ya se me antojó!

Trinchera de la academia: Apostar por el discurso, basado en la teoría y en la práctica, para incitar al conocimiento, para emocionar y conmover. 

Culpa o expiación: Sin culpas

Mea culpa: Sin culpas, pero con rabia, mi indisciplina.

Cómo se talla la tristeza: En piedra de río o en roca de mar.

Un enamoramiento imprevisto: Los enamoramientos son imprevistos. Cuando nos damos cuenta de que estamos enamorados, ya no hay marcha atrás. De las veces que me he enamorado, hay dos brutales; la más imprevista fue durante la pandemia.

La vida está en otra parte: En todas las Bellas Artes.

Debilidad por el flamenco: Total y eterna.

La tauromaquia es arte: Por supuesto, más allá de filias y fobias, es danza, es música, es literatura, es cine, es arquitectura, es escultura, es pintura y es una pasión. Existe una cultura táurica. No es asunto de sí o no. Como dice un gran columnista: “Para ser antitaurino hay que saber de toros”.

“Vive de lujo hasta que muere en el ruedo”: Ojalá a todos nosotros nos pasara eso.

Verónica o Chicuelina: Verónica porque es para recibir.

Novillada o Rejoneo: Novilladas (temporada chica) y corridas (temporada grande). El rejoneo siempre y cuando no sea con “juniorcitos”.   

Torero favorito: David Silveti

Llama codiciosa de los celos: Sólo una vez, de manera indescriptible.

Contagiar conocimiento: Un reto clase a clase.

***

bonus track: 

Casa de empeño

Envuelta en alcanfor y avergonzada

llegó la argolla al Monte de Piedad.

La dejaron ahí para perderla

para olvidar dos décadas de absurdos

después de haber vivido 

muchos años guardada en el ropero.

Valuaron mal el peso de la joya.

No tomaron en cuenta

el plomo del rencor

ni el agua del silencio

ni el mercurio en las manos

ni el filo de los celos.  

Al fin sortija de oro,

luce en el mostrador su desamparo.

Jura ser inocente,                                  

tiembla y muere de frío.                                      

Padece un brutal miedo:

que descubran el nombre

grabado en su interior.

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