Musarañas 25

Por: Francisco Segovia

Compartir este texto

24.

History Channel : Traducción y educación ~

¿Por qué nadie protesta por las barrabasadas que cometen los traductores y locutores del History Channel en español? Hablando de los Habsburgo y la revolución francesa, dicen que sobre ella tuvo gran influencia la iluminación (en vez de la Ilustración) y que David presentó por entonces su gran fotografía de Napoleón (seguramente el inglés decía portrait, retrato). El programa “Roma: Auge y caída” deja ver que jamás han oído hablar de Galeno, Antioquía, los godos, los partos y los tracios, que ellos “traducen” como Galen, Antioch, góticos, partianos y tracianos. Estas calcas del inglés no sólo desautorizan a nuestros maestros de historia universal sino que dan a traste con el vocabulario tradicional de la cultura española entera, que es aquí el personaje más sufrido y torturado. ¿Qué clase de historia es ésta, que nos hace creer que en la historia del español no hay nombres para nombrar a Galeno, a Antioquía, a los godos, los partos y los tracios? Yo supongo que este desprecio por la cultura en español, por los maestros y alumnos que toman y dan clases en español, tiene en el fondo un motivo económico; el mismo, sin duda, que nos lleva en México a referirnos a ellos como pobresores y estudihambres, muestra de la insondable pichicatez de los canales culturales gringos.

Poesía de la lengua y poesía de la experiencia (en Píndaro y Baquílides) ~

Dice Píndaro (Olímpicas ii, 86 ss.): “Sabio es el que conoce muchas cosas gracias a la naturaleza; los que conocen, empero, por aprendizaje, cual dos fieros / cuervos graznen en vano con charlatana lengua / contra el ave divina de Zeus”. Es una idea que se repite aquí y allá, desde la antigüedad y hasta hoy en día. Algunos estudiosos oponen a la opinión de Píndaro los comentarios de Clemente de Alejandría y Teodoreto, que remiten, ambos, a un peán de Baquílides. Dice Clemente: “’Uno adquiere de otro la sabiduría, tanto antes como ahora’, dice Baquílides en los Peanes; pues no es en absoluto fácil ‘hallar las puertas de palabras nunca dichas’”. Si es verdad que estas palabras fueron una respuesta directa a Píndaro, entonces estaríamos tratando del conocimiento poético, no del científico (como nos haría suponer una primera lectura de los versos de Píndaro). Pero, vista bajo esta luz, la diferencia atañe a la forma de componer poemas. Píndaro escribe con lo que ve; Baquílides, con lo que sabe; el primero recibe la inspiración divina (“miradme a mí que, de parte de Zeus, vengo / con el fulgor otra vez de los cantos”, Ditirambos 75-83); el segundo sólo canta siguiendo el oficio aprendido (seguramente de su tío, Simónides). Uno busca la revelación dentro de sí (“De ti mismo sacas tú tu miel”, Partenio 97); el otro va jalando el hilo …

Palabras, no ideas : Ibn Jaldún y Mallarmé ~

Le decía Mallarmé a Degas que los poemas no se hacen con ideas sino con palabras. Algo parecido había dicho Ibn Jaldún muchos siglos antes: “El arte de discurrir en verso y en prosa no se aplica a las ideas, sino a las voces; éstas constituyen el objeto principal, en tanto las ideas son accesorias” (Introducción a la historia universal, vi. xlvii, Trad, de Juan Ferres, Estudio preliminar, revisión y apéndices de Elías Trabulse, México, FCE, 1977).

Formas de leer: Sheridan y Bachelard ~

Guillermo Sheridan detesta a Gaston Bachelard; y detesta, sobre todo, a quienes lo citan a la hora de elucidar un texto literario. Tiene seguramente razón, sobre todo porque sus seguidores no suelen explicitar el armazón que sustenta sus teorías —cosa bien difícil, por cierto. La mirada académica de Sheridan muestra que se puede leer poesía sin ponerse poético uno mismo, y que ése es justamente el privilegio de la crítica. Pero, para un poeta, que lee los libros de Bachelard hallando en ellos un manantial de imágenes, intuiciones y sugerencias —que no los lee, pues, como libros sobre poesía sino como libros de poesía—, leer un poema sin contagiarse de “lo poético” representa el fracaso del poema, o una manera de no leer de veras el poema, de no leerlo como poema sino sólo como pretexto para la crítica. Un poeta lee a Bachelard en busca de un poema; un crítico, en busca de la crítica…

Piña Chan, un clásico ~

Lo que me gusta del libro de Piña Chan sobre Quetzalcóatl es que parece relatar él mismo un mito genealógico. Primero había el cielo y la tierra, que los hombres enfocaron desde el punto de vista de la fertilidad: el cielo y el agua que cae a la tierra; el cielo (las estrellas) y la vuelta de las estaciones (el ciclo agrícola); el agua que corre y la germinación de las plantas, etcétera. Con el tiempo, cada uno de estos aspectos se convirtió en un dios particular, lo cual no es muy distinto de decir que para cada uno de los aspectos de las relaciones entre el cielo y la tierra se forjó un nombre específico. Más tarde se vio que estos nombres eran en realidad aspectos de una misma cosa y los hombres volvieron a contemplar la unidad primigenia, aunque esta vez ya con cierta conciencia teológica (y cierta conciencia empírica de los procesos naturales).

            Piña Chan no desecha la experiencia humana. La maravilla del hombre ante la naturaleza es al principio una especie de nostalgia; es decir, un sentimiento intenso pero vago, pues aún no ha sido nombrado. Luego se analiza y sus diferentes aspectos reciben nombres distintos. Finalmente, las partes analizadas se restituyen a la unidad original. Por eso puede decir que en Mesoamérica casi hubo un monoteísmo: todos los dioses del análisis eran un solo dios: Quetzalcóatl.

    Los investigadores posteriores han desechado la vieja visión de Piña Chan, pero ninguno ha descrito la genealogía de los dioses de una manera tan simple y poética. La mitología de Piña Chan no sólo es estudio de los mitos sino también fuente de nuevos mitos, lo cual es prueba, cuando menos, de un intenso poder narrativo, de un gran poder de fabulación. Leyéndolo, a uno no le importa que su relato haya sido “superado”, porque sigue siendo un hermoso relato. Esto es lo que hace de su libro un clásico. 

Las ruedas de las aves : Dickinson y Calvillo ~

Quizás el pensamiento sea como un gato —como un gato de Schrödinger, que está a la vez vivo y muerto en su caja hasta que la abrimos y, mirando dentro, lo forzamos a estar o bien vivo o bien muerto, pero no ambas cosas a la vez. Algo parecido ocurre con las palabras de Emily Dickinson en este libro de fragmentos: expresan ideas, sensaciones, pensamientos que están a la vez completos e incompletos, y que sólo adoptarán una forma u otra cuando el lector abra su caja dentro de sí mismo —si es que decide hacerlo, porque bien podría quedarse un paso antes de dar una interpretación a lo que lee; es decir, un paso antes de tomar una decisión sobre el significado de lo que lee.

            Creo que esto respondería bien a la naturaleza de Las ruedas de las aves, donde se recogen las palabras que Emily Dickinson (“la poeta más profunda de los Estados Unidos”) escribió aquí y allá en pedazos de papel, en sobres de cartas recibidas o sin enviar, en envolturas de chocolate y hasta en trozos desprendidos de papel tapiz; palabras que no alcanzaron a atildarse para posar en la página en blanco; palabras inestables, indecisas, rodeadas de ruido, de posibilidades e imposibilidades. Por eso creo que no estaría mal leer este libro, siquiera la primera vez, sin tomar ninguna decisión, sin abrirle la caja al gato, dejando que sus palabras se oigan como si fueran las de “la chica de al lado”, llegadas de la habitación de junto a través de la rendija de una puerta apenas entreabierta. Eso iría bien con algo que escribe Juan Carlos Calvillo en su Prólogo: “hacia el final de su vida Emily Dickinson no hablaba más que con una que otra persona a través de una puerta entornada en la habitación contigua”.           

Es sin duda así como la escucha el mismo Calvillo en su traducción, que no es sólo rigurosa en cuanto a los criterios académicos sino que —más allá de eso— se deja mecer por el ronroneo de ese gato que está diciendo algo dentro de su caja.


Te recomendamos:

INICIO
LIBROS
EVENTOS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *