Carta 24

Por: Angelina Muñiz-Huberman
Compartir este texto:
Querida Ardilla:
Ardilla ardillera, me encanta cuando ardilleas. Ardilla, arde la illa. Ardillera harpillera. Ardilla pedazo de astilla. Ardilla hecha de arcilla. Ardilla con botillas. Ardilla cósete la bastilla. ¿O irás a la toma de La Bastilla? Ardilla ve al campo y recoge las gavillas. Ar- dilla, ¿apagaste la bombilla? Ardilla, ¿se te ha ocurrido ser mari- sabidilla? Ardilla, me encontré una semilla. Ardilla, amartilla la cuchilla. Ardilla, refúgiate en una buhardilla. Ardilla en equilibrio en la barandilla. Así te quiero ver. Sin mancilla. Vámonos a la vi- lla. Ante todo, apostilla tus documentos. Recógete el pelo con una horquilla. ¿Te escondiste en una capilla? Esto empieza a ser una pesadilla. Ardilla, ¿qué hiciste con tu almohadilla? Toca la campa- nilla. Sé que te gusta la mantequilla y también alguna que otra pas- tilla. Y, sobre todo, las nueces de Castilla. Me parece que llevas una mascarilla. No se te ocurra ponerme una zancadilla. Y mucho me- nos asomarte por la ventanilla. Te he visto en equilibrio sobre una varilla. Por último, por si te acuerdas de la zarzaparrilla y un poco de la mazanilla.
Hasta mañanilla.
Esta carta es una de las 60 epístolas que forman el libro; Cartas a una ardilla y otros especimenes de Angelina Muñiz-Hiberman publicado por Bonilla Artigas Editores este año.
Te recomendamos:
Lenguaje inclusivo o no sexista
Cómo se atreve la vida
