El devenir, las almas, la luna y la muerte

Por: Juan Vadillo
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El siguiente es un fragmento y pertenece al libro Apuntes flamencos:
En la siguiente copla el tema se limita a la relación entre la luna y la muerte:
Una nochesita de luna
he visto ar sepurturero
cavando mi sepurtura.
Una de las virtudes de la brevedad es su potencial connotativo que estimula la imaginación del lector con una serie de zonas de indeterminación. Esta coplita es uno de los mejores ejemplos en este sentido. Si intentamos reconstruir la historia nos sorprende la cantidad de posibilidades sugeridas. Una de ellas nos deja imaginar que el personaje ya está muerto y que su alma está contemplando su propio entierro. Esta idea cobra especial sentido en cuanto la relacionamos con la luna. Pensamos en dos de los versos más bellos del Romancero gitano: “Por el cielo va la luna / con un niño de la mano (vv. 31-32)”,[1] que nos dejan inducir que el cuerpo del niño muerto está en la fragua, no obstante, su alma está con luna. Álvarez de Miranda (analizando el mundo lorquiano) refuerza esta idea cuando apunta que –en una serie de civilizaciones arcaicas– la luna acompaña a los muertos “de la mano” para llevarlos “hasta su mansión”.[2] En este mismo sentido, Mircea Eliade advierte que, en ciertas culturas (India, Grecia, Irán), “las almas reposan en la luna esperando una nueva encarnación”.[3] Con base en este simbolismo también podemos interpretar los dos últimos versos de la “Canción de la madre del Amargo”:
La cruz. No llorad ninguna.
El Amargo est. en la luna (vv. 9-10)[4]
En este remate se les pide imperativamente a unas vecinas que están viendo la ejecución del Amargo que no lloren, porque, aunque el Amargo está muerto, su alma está viva con la luna. De acuerdo con Álvarez de Miranda los muertos renacen en la luna, su muerte es “una forma perenne de resurrección”.[5] “La luna –advierte Mircea Eliade– es un astro que crece, decrece y desaparece, un astro cuya vida está sometida a la ley universal del devenir, del nacimiento y de la muerte”.[6] En los siguientes versos del poema “Dos lunas de tarde” el devenir lunar se asocia con la primavera, los chopos y el viento del sur:
La luna está muerta, muerta;
pero resucita en primavera.
cuando en la frente de los chopos
se rice el viento del sur (vv. 1-4).[7]
Las transformaciones de la luna también son asimiladas por la copla flamenca:
Aquí hay un malentendío,
¿que la luna que te traigo
no es la luna que has pedío?
La riqueza simbólica de la luna nos permite concluir que, eventualmente, el Amargo podría resucitar.
[1] Federico Garc.a Lorca, “Romance de la luna, luna”, op. cit., p. 91.
[2] Ángel .lvarez de Miranda, “Poesía y religión”, en Obras (tomo II), Ediciones Cultura Hisp.nica, Madrid, 1959, p. 89.
[3] Vide Mircea Eliade, op. cit., p. 166.
[4] Federico García Lorca, “Canción de la madre del Amargo”, en Poema del cante jondo, op. cit., p. 295.
[5] Ángel Álvarez de Miranda, op. cit., p. 85.
[6] Mircea Eliade, op. cit., p. 150.
[7] Federico Garc.a Lorca, “Dos lunas de tarde”, en Canciones de luna, op. cit., p. 554.
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