6ª Jornada de Artistas: un viaje hacia las raíces y el cariño de México

Por: Stephanie Rendón

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La libertad no necesita alas, necesita raíces

Octavio Paz

Cruzar las fronteras de un país implica no solo un paso físico sino emocional. Los que nos fuimos de nuestro país de origen soñamos con reconocernos en las costumbres y en la cultura del país nuevo que adoptamos o que nos adoptó. Me permito citar El emigrante, el microcuento de Luis Felipe Lomelí, con sus dos únicas líneas y cuatro palabras:

—¿Olvida usted algo?

—Ojalá.

Y el cuento se cuenta solo, no necesita más palabras, ni puntos, ni comas, porque la migración está hecha de una tela de ausencias, que pueden ser efímeras o para toda la vida, y de lugares oscuros o luminosos llenos de silencios y asperezas, de recuerdos, ronquidos del viento a través de ramas peladas y de eso que llega para reconfortarnos cuando metemos la mano en la niebla, cuando miramos lo dejado atrás, y que quizás, no sea otra cosa que la nostalgia. Como decía García Márquez, las cosas son como sucedieron pero también como las recordamos en la memoria. La tragedia del migrante es saber, casi con una certeza cruel, que no morirá en la patria que lo vio nacer, y al momento de partir, el corazón del migrante peligra, pues podría llegar a quedar condenado a vivir, para siempre, en otra parte, sin reconocerse en su país de origen, aunque volviera años después.

La Secretaría de Relaciones Exteriores a través del Instituto de Mexicanos y Mexicanas en el Exterior (IMME), invitó a 37 artistas de la diáspora mexicana repartida alrededor del mundo a participar en la 6ª Jornada de Artistas, que se llevó a cabo en la Ciudad de México, del 11 al 13 de junio de 2025. Casi salté de emoción cuando vi mi nombre en la lista de los participantes elegidos, ya que esto representa un honor muy grande. Lo diré de la manera en que debe tomarse un tequila, es decir, derecho: no tengo conocimiento de ningún otro país que se preocupe por los artistas que ya se fueron a vivir fuera del país, como lo hace México. Ahora sí vale la pena decir, que como México no hay dos. Fui elegida por mis proyectos literarios: libros publicados en México y Estonia, revista literaria Aksolotl y editorial Aksolotl Books. Tengo un doctorado en física, soy escritora, editora y traductora mexicana radicada en Estonia desde hace doce años.

Al llegar a la Ciudad de México desde nuestros lejanos lugares de residencia, que se extienden a lo largo y ancho del globo terráqueo, tales como: Singapur, Brasil, Irlanda, Bélgica, España, Chile, EAU, EU, y otros más, el equipo del IMME nos recibió de manteles largos y con una función de bienvenida en el Palacio de Bellas Artes, para ver el Ballet Folclórico de Amalia Hernández. Durante la función, las lágrimas de emoción no tardaron en resbalar por nuestras mejillas chapeadas por el calor húmedo de la ciudad que nos cobijó aquella noche. Sentimos añoranza, quizás nostalgia, de la buena, al escuchar los primeros acordes del mariachi y los sones jarochos que acompañaron las danzas con zapateado.

Al día siguiente, se celebró la ceremonia de inauguración de las jornadas con las palabras de bienvenida de Tatiana Clouthier. Aquella mañana los artistas respirábamos una esencia de entusiasmo, de ilusión y agradecimiento por haber sido invitados. El reconocido artista y promotor de arte huichol César Menchaca dio una plática inspiradora donde recalcó: “Hay que mexicanizar el arte en el mundo”. Por la tarde, hubo una mesa de diálogo con promotores culturales de distintos estados de la República, y pudimos convivir y compartir nuestros proyectos. Más tarde hicimos una visita guiada al Museo de Arte Popular, donde nuestro guía fue el director del museo, Walther Boelsterly Urrutia. Luego recorrimos el Centro Histórico hasta el Bosque de Chapultepec en el Turibús panorámico. Este recorrido me hizo pensar en mi infancia, cuando mi mamá nos llevaba a mis hermanos y a mí a pasear por Chapultepec para darle de comer a las ardillas, y encontré un parecido secreto, del otro lado de las cosas, en el tiempo y el espacio, donde pude ver desde lejos a una niña de cabello corto asombrada por la velocidad de una ardilla para llevarse la nuez de castilla de su mano.

Por la noche, en lo profundo y callado de mi soledad, asediada por los mosquitos que acechan cualquier vivienda del Valle de México en estos días veraniegos, y mientras me recuperaba de los ultrajes del desfase de nueve horas, recopilé en mi mente los fragmentos del día y pensé en lo maravilloso que es ser mexicana. Y no es que lo hubiera olvidado, sino que después de vivir tantos años en Estonia, aquella, mi mexicanidad, había quedado un poco abatida, adormecida y hasta arrinconada. Me quedó claro un mensaje desde aquel día: nosotros, los artistas que vivimos fuera de México, somos embajadores de la cultura de nuestro país en el extranjero, somos esa ventana que los de afuera ven y que transporta a México. Somos ese retrato que los extranjeros contemplarán y del que pensarán “ella/él es México”. Además, tenemos una tarea importante: conservar y difundir nuestras raíces a través del arte, en cualquiera de sus formas, allá, desde nuestras respectivas trincheras.

El tercer día de la 6ª Jornada llegó con intensidad. Fuimos testigos de un proyecto teatral extraordinario donde participan los reclusos en el Preventivo Varonil Oriente, encabezado por el talentoso autor y director teatral Arturo Morell. Convivimos con los reclusos, conversamos de corazón a corazón con ellos y tuvieron la amabilidad de convidarnos a comer tacos de carnitas con pápalo que sabían a gloria. Las historias, el talento y las voces de libertad de los artistas reclusos que conocimos aquel día nos conmovieron profundamente. Nunca olvidaré esta experiencia que me hizo revalorar lo que significa ser libre. Por la tarde hicimos talleres infantiles en la Utopía Tezontli de Iztapalapa con cincuenta niños. Para cerrar con broche de oro, aquel 13 de junio, el equipo del IMME nos sorprendió gratamente con una serenata especial del Mariachi de la Secretaría de Marina, quien interpretó canciones tradicionales solo para nosotros: un grupo de escritores, bailarines, actores, coreógrafos, pintores, fotógrafos, artistas visuales, plásticos, teatrales, entre otros. Las lágrimas corrían a chorros y por doquier. Yo no estaba segura de si lloraba de felicidad, de nostalgia o de tristeza porque el final de la jornada estaba llegando, y porque pronto volvería a irme de mi terruño natal, o por las tres cosas. Todo eso se agregaba a un caldo emocional que surtía efectos mágicos al escuchar el coro de “Canción mixteca” y al cantar a todo pulmón, abrazada a mis compañeros. Una sorpresa más llegó aquella noche: nos llevaron a ver la Lucha Libre en la Arena México.

Tuve la oportunidad de quedarme otra semana más en la ciudad y pude presentar mi último libro “The Journey From Mexico to Setomaa” y dar algunas charlas sobre Estonia en la Casa de las Humanidades de la UNAM y durante la Feria de la Bibliodiversidad en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Además, conocí a Armando Enríquez, director de nuestro ya muy querido y bien ponderado Artefacto de Letras. Además, pudimos platicar sobre Estonia durante la entrevista para el canal de YouTube de Mesa de Novedades.

Al final de este apasionante viaje me llevo bien llenito el corazón de haber conocido tantas personas interesantísimas, y de saber que no estoy sola en mi calidad de migrante, que me acompaña México, el IMME, la embajada de México en Finlandia y mis nuevos amigos los artistas mexicanos que viven en lugares lejanos.

No resulta baladí pensar en que dejar un país, dejar México, tiene esa condición de que lo que se dejó atrás, lo que se perdió, se agranda con la nostalgia. De este lado de la mar océana, en el decurso de esta noche perdida entre café y café, desde donde escribo esta crónica, regresaré a Estonia a identificarme con la nieve, el color gris y a convertirme quizás en un fantasma que añora México, más que nunca. Y entonces, amanecerá y medraremos, Sancho. Todo está dicho ya, es verdad, pero hay que seguir diciéndolo: ¡Que viva México! Nadie, ninguna alma, ni siquiera el alma vagabunda sin ley, y amorosa de un perro callejero que vuelve a casa, habría podido comprender la manera tan entrañable y vital, en que nos conmovió y tocó el corazón, el viaje de la 6ª Jornada de Artistas a la Ciudad de México. 

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