Cenicienta

Por: Marcos Límenes

Compartir este texto

Lupe ha encontrado al amor de su vida. Así, de repente, a primera vista. Llegó a la fiesta con dos amigas quienes se han desvanecido entre la multitud. Él le dijo que la esperaba desde siempre y ella casi se desmaya. Lupe está contenta, confundida, baila sola, casi flota con los ojos cerrados. Planea sobre la concurrencia, se eleva hasta el cielo y se posa sobre la rama de un árbol desde donde la noche estrelleda y las luces del pueblo forman un bello cuadro. Una mantis religiosa se posa en su frente y brinca luego a una hoja que despega como una alfombra mágica. La brisa es agradable y la luna menguante aparece en el horizonte. Lupe quiere regresar a la fiesta pero su cabello -¿dije que era largo y rubio?- se ha enredado y entre más forcejea más se entrevera con la melena arbórea.
Ay, la música llega a sus oídos pero ella está atrapada. El amor de su vida debe de estarla buscando, sus amigas también. Debería mandar un pájaro mensajero a pedir ayuda –se dice- pero todos están dormidos. Grita pero nadie acude en su auxilio.
Pasada la medianoche finalmente desciende ayudada por los cuervos que, asolados por sus gritos, cercenan sus mechones y la depositan en tierra firme. Todos se han ido, la casa, el jardín, las calles, permanecen a oscuras. La luna también ha desaparecido. ¿Y el amor de su vida? Ni siquiera sabe su nombre.
Tendida sobre el césped llora. ¿Cómo es posible que nadie se haya ocupado en buscarla? ¿Sus amigas, el apuesto caballero? ¿Habrán pensado que había huido del lugar, regresado a casa sin despedirse? Es hora de emprender la retirada. Desgreñada y sucia camina con paso acelerado por la vereda. De vez en cuando la luz de un automóvil alumbra el camino que, de por sí, es largo. Al poco tiempo una camioneta se estaciona frente a ella, baja el vidrio del copiloto y a la voz de ¡qué horas son estas de regresar a casa! su padre la increpa y la hace subir al automóvil.
Lupe no quiere salir ni siquiera asomarse a la ventana. Con una tijera se ha cortado el pelo y ha dejado de acudir a la escuela. Ya se le pasará, estoy seguro, y la luna seguirá allí, llena, con todo su esplendor.
En unos días le pedirá a su padre que le compre un hámster a quien le pondrá por nombre Nisim.

Te recomendamos:

INICIO
LIBROS
EVENTOS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *