Poesía mexicana y paternidad

Por: Alejandro Higashi
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Al hilo de los viajes y los descubrimientos, el cuarto de maravillas aparece en el Renacimiento para guardar y exhibir objetos nuevos, singulares o desconocidos del mundo. Este cuarto de maravillas es virtual y está limitado a rarezas poéticas.
Poesía Mexicana y paternidad.
“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre…” es indudablemente el comienzo más emblemático de la literatura mexicana y el que mejor ilustra los conflictos que rodean a este complejo (por no decir complicado) vínculo. Y la verdad es que hay muchos padres sueltos en el horizonte de la poesía mexicana, casi todos miembros de un club abominable. Esther M. García dibuja con trazos muy finos una paternidad abusiva en “Ella habla”, dentro de su Bitácora de mujeres extrañas (2014): “ahí venía mi padre como un lobo suelto en la noche de la luna llena […] y yo me quedaba inmóvil en la cama y orinaba el camino oscuro de mi destino”. En Silencio (2018), de Clyo Mendoza, un poemario tan crudo como sobrecogedor, Águeda es secuestrada por su propio padre y mantenida en una casa en obra negra; tiene derecho a una comida al día y a una esquina para orinar y defecar. La noticia de que Apolinar decide convertirse en Apulina Estrella será muy mal recibida por su padre: la golpeará primero y la desconocerá después, bajo el pretexto de que él crio a un hijo, no a una niña, en Dorsal (2022), de Nadia López García. En Quirón (2023), de Christian Peña, esta figura mitológica encarnará al padre que se parte en dos seres distintos para convivir con sus dos familias, sin reparar en el dolor que provoca a sus integrantes con esta decisión.
Ante tantos ejemplos de abuso o abandono, el papel del padre en la crianza ha pasado desapercibido para la poesía con muy pocas excepciones. En “Poesía y paternidad”, Manuel Iris se lamentó con razón de que Pablo Neruda, “capaz de escribir con belleza sobre calcetines”, no le hubiera dedicado ningún poema a la única hija que procreó, porque con ello “pudo haber cambiado la sensibilidad poética de la lengua”. Jaime Sabines sí escribió sobre su paternidad en Tarumba (1956), siempre como quien asistía a un espectáculo algo mágico, pero también algo lejano e incomprensible desde su condición masculina:
Quién sabe en qué rincón del trago,
a qué horas, pensaste
que la vida era maravillosa.
Te pusiste tu cara de idiota
y te alegraste.
Sentiste que ibas a ser papá.
Su vínculo con esa nueva vida procreada no sería directo, sino siempre a través de la mediación femenina; desde su torre de marfil patriarcal, el autor de Tarumba se mostraba impedido para entender ciertas sutilezas como el sexo de su bebé e hizo lo que le pareció más sensato: apegarse al saber ancestral de las comadronas (“Va a ser varón porque la madre tiene el vientre pronunciado / hacia delante”).
Para Carlos Ramírez Vuelvas, en Pies de foto para un ultrasonido, dentro de su libro Ha llegado el verano a casa (2016), su paternidad comienza en el momento exacto de la procreación, como ramificación de una relación de pareja de alto voltaje (“Tensa la guitarra en la noche, / en ocasiones, / lúbrica, / me regala el milagro de su sexo / cuando el silencio comienza a acecharla”); después, acompañará su paulatina formación (las falanges diminutas, su cuerpecito ovillado), sus misteriosos mensajes intrauterinos, el vientre crecido de la madre, el amor que le despiertan ambas compartiendo el mismo cuerpo… Sus ultrasonidos serán largamente contemplados en busca de un significado:
ESTA IMAGEN ES:
a) El universo visto
desde la mirada de Dios,
tres días después de comenzar sus trabajos
b) una constelación de sangre en la órbita del sueño.
c) Algo más tangible: un futuro de calcio/
el porvenir de una estrella/ el pasado
de una estrella/ una estrella,
d) que da forma a veces la ternura
la alegría el júbilo la furia la más hermosa cólera.
e) La fronda de carne viva
bajo la que descansa un corazón molido.
f) El latido, el embrión (la poesía) de todo lo anterior.
Vendrá el alumbramiento, la lactancia, sus primeras palabras… y el temido momento de explicarle que la violencia imparable de nuestro mundo suele no tener una razón.
Manuel Iris, fascinado por el instante que pasa y la memoria, documentó sus recuerdos en un diario poético, Lo que se irá (2021), donde conviven lo entrañable de ser padre y el respeto ante la eventualidad de no ser madre. Ahí atesoró varios recuerdos invaluables:
TESTIGO
Está bailando tu hija, dice mi esposa
y se toca la barriga.
Desde hace varios meses
soy testigo de lo que sucede ahí,
debajo de sus manos.
Mi esposa es una casa dentro de mi casa
y yo estoy fuera de mi propio corazón.
[…]
Y testimonio, con amorosa envidia
que un milagro tantas veces repetido
es un milagro
y nada menos.
Pedro Martín Aguilar, en Paternación (2024), asume su paternidad como un acto estético; después de revisar el canon patriarcal, encuentra que “no sé / qué poeta enseña a ser buen padre, / Neruda calla al respecto / y Paz testosteronamente”. El autor, en un acto temerario, ejerce su paternidad estética desde la racionalidad patriarcal y termina por apropiarse de una gestación que le es ajena:
Tiene que haber un útero en mi cráneo.
Tiene que haber un útero en mi cráneo.
del inquilino en mi pensamiento?
Esta apropiación, polémica, lo conduce a una construcción idealizada del embarazo, con náuseas que se convierten en “punzada del vómito auroral” o en la “resaca abstemia / de murmuraciones fólicas”. Al centro del poema, colonizando la experiencia de la gestación, aparece sorpresivamente el sujeto patriarcal. El libro avanza después hacia la genealogía del autor, pero deja abierto un debate muy interesante sobre la pertinencia de incluir dentro de la agenda de la tradición patriarcal una experiencia que pertenece única e inalienablemente a las mujeres gestantes, sólo porque es un tema poco tratado con anterioridad, o mejor se impone el silencio, la prudencia y el respeto, camino que siguen Jaime Sabines, Carlos Ramírez Vuelvas y Manuel Iris.
El tema promete más exploraciones. El año pasado, Daniela Sol publicó Habitar el Corazón, Antología Internacional. Poéticas y Nuevas Masculinidades (2024), donde reunió a 32 poetas de diferentes partes del mundo para hablar de su experiencia de ser hombre en el contexto de las nuevas masculinidades. Por supuesto, en cada poema aflora una circunstancia distinta y problemáticas y soluciones múltiples; la experiencia de la paternidad fue uno de los temas que inevitablemente afloró. ¿Cómo? Probablemente más como un deseo o una duda, que como una certeza. Creo que estos versos de Bruno Faúndez transmiten bien esta buena voluntad de construir un futuro, para quienes no tuvimos la fortuna de tener anécdotas de un pasado personal con un padre amoroso:
Mientras yo, un poco flojo y condenable
por mi pacto patriarcal, te observo sin ojos
sin quehaceres, pero preparándome
para tu bienvenida, mientras tomo la mano
de tu madre y tomo mi corazón
por el miedo iracundo a la condena de mis virtudes.
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