Artista zacatecana ecuménica

Por: Eli Bartra
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Prácticamente la única mosaiquista, una de las escasas muralistas mexicanas y la primera muralista zacatecana, Sonia Félix Cherit, es una artista visual, performancera y promotora cultural nacida en el corazón de la ciudad de Zacatecas (1961-) y en la actualidad ahí radica. Siempre recalca que nació en los altos de “La Esperanza”, primera fábrica de dulces de América Latina. A pocos metros de ahí, en la misma calle, fundó en 2010 el que dice ser el primer espacio independiente de arte feminista llamado “Casa de Engracia” y en 2013 se crea la Fundación Sonia Félix Cherit-Casa de Engracia A.C. que ella preside. El nombre de Engracia viene de la partera de tres generaciones que asistó a su madre cuando ella nació. La Casa albega exposiciones, talleres, conferencias y demás. Sonia Félix vivió dieciocho años en Alemania y tuvo la oportunidad de estudiar de cerca los mosaicos italianos. Regresó a Zacatecas a principios del nuevo milenio.
El 3 de abril de 2025 se inaugura una gran exposición de ella en el Museo Francisco Goitia de Zacatecas con 33 cuadros, dos esculturas y una instalación de diez piezas. Ella ya lleva muchos años trabajando, creando, y tiene una amplia trayectoria con decenas de exposiciones individuales y colectivas en el país y fuera. Unos cinco parques y lugares públicos y privados de la ciudad de Zacatecas han recibido sus espléndidos murales que requieren de sus esfuerzos de conservación, cosa que realiza siempre que tiene la oportunidad.
Sus obras en tanto muralista, espejean con las piezas más pequeñas. Es un vasto universo simbólico dominado por los marrones, los ocres, palo de rosa, colores de la tierra, los blancos y algún azul que podría evocar al mar, o más bien quizá a algún río, pero también nos recuerdan esos cielos tan azules del árido norte de México. Muy de figuras geométricas siempre su obra, en donde va alternando las líneas curvas y las rectas e intercala figuras humanas, rostros o máscaras, labios, lunas. Quizá sería posible decir que dominan las líneas curvas y los círculos, pero habría que revisar toda la obra para ver si esto es realmente así. La artista norteamericana Judy Chicago afirmaba en los años 70 del siglo pasado que en la plástica de mujeres dominaban las líneas curvas y los trazos circulares. Es probable que tuviera razón.
Dentro de esa geometría aparecen, como digo, figuras humanas, la mayoría femeninas, astros… y también echa mano de otros elementos. En su pieza Leona la espiona, que estará ahora en el Goitia y que es Leona Vicario, coloca en el centro una figura fuerte, perfilada con sus iniciales al revés, cual frente a un espejo, su torso y su falda apenas enunciada en relieve con una estructura de metal cual crinolina, también hay letras, algunas al revés, que hacen referencia a la tipografía con la que se imprimían sus artículos durante la guerra de independencia; integra una gran cantidad de objetos, cartas, vírgenes de Guadalupe, incluso exvotos pintados por ella misma, que conforman el universo de la luchadora por la Independencia de México todo visto desde la lente y la imaginación de Sonia Félix. Esta pieza, que ocupa todo un muro, fue expuesta en la Ciudad de México, pero ahora la completó con otros diez objetos que simulan las armaduras con relicarios de los Guadalupes (el grupo al que pertenecía Leona Vicario) con letras también en forma de medallón y sobres de hierro oxidado. Es una pieza extraordinaria. En la exposición también hay una composición musical de Juan Pablo Correa, músico mexicano nacido en Colombia, titulada “Chonis”, que se refiere a la vida y la obra de Sonia, desde los ruidos de las máquinas de la dulcería de su primera infancia hasta integrar los diversos ruidos que hace la artista al cortar y picar los materiales duros que utiliza. Esta composición está acompañando una instalación de diez piezas llamadas “Máquinas” que son la yuxtaposición de la naturaleza (madera labrada y cromada de verde y marrón, sellada con aceite de linaza) y el mundo industrial contaminante y destructivo del medio ambiente (metal, acero inoxidable) a base de ruedas y filtros para gasolina con incrustaciones de cristal y de piedra. En realidad, empezó como una crítica a la devastación ambiental.
Sus obras son totalmente abstractas unas y con figuración muy clara otras, pobladas, a veces, por finos paisajes urbanos y rurales. Aparece también la recreación de Venus paleolíticas, de cuerpos femeninos desnudos, de vulvas y úteros. Su trabajo es, a menudo, una verdadera alquimia por la combinación, nada caprichosa, de elementos duros, cortados artesanalmente, como metales oxidados, piedra, mosaico romano, de bola, mármol travertino, madera. Y son estas piezas geométricas yuxtapuestas las que producen significado. Lo que más le ha costado tallar ahora es la madera, más que la piedra. Cosa que me sorprendió pues yo hubiera pensado lo contrario.
El quehacer estético de Sonia es eminentemente político, potente, y su enorme interés es por las mujeres; su historia, su mitología, su corporalidad, la religión, su sensualidad, su poesía y las luchas feministas conforman el gran abanico de su imaginario.
Las violencias hacia las mujeres han atravesado su obra, como lo hacen a diario en el país, y ha creado instalaciones para denunciarlas. Me parece que la obra de Félix Cherit es eminentemente femenina y feminista en la medida en que denuncia violencias y exalta a las mujeres como presencias inefables.
Sonia Félix va alternando tiempos de remanso creativo con otros de vertiginoso frenesí por la premura en terminar los proyectos que debe entregar. Ha picado mucha piedra real y metafórica y ha amasado harta tierra, mucho barro. El luminoso y poderoso escenario de la plástica de Sonia, nos transporta gozosamente a otros mundos pasados y presentes. Es una dinámica voz artística solitaria con ecos del desierto zacatecano que se hermana con las voces colectivas de las mujeres en lucha. Es definitivamente una práctica artística en femenino.
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