Tres poemas

Por: Juan C. Bonet
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Laberintos
Perdido en la sombra de querer ser, desmadejando hilos
plateados por el camino.
Perdido en un espejismo invisible,
aletargado en el pensamiento.
Ir y venir sin huellas por un íntimo laberinto:
somos un poco Minotauro y un poco Ulises,
y al final un espejo que desdice las palabras
y despinta el espejismo.
Estertores
¿Qué puedo hacer con la arruga prematura,
las bacterias del alma,
los ojos caídos,
la arrogante tristeza fundida en la cara?
¿Qué hacer con la mañana y la mueca del otro yo
que se arruga en los cristales?
Operar en el silencio la epifanía de tu cuerpo,
derrotar en mi destierro la sangre del mío.
Se oyen murmullos de cosas calladas, presiento la nausea,
al muerto que respira.
Ya no hablo, no escucho,
cuento mis dedos, veo mis manos, me fumo el último
aliento… dormir… soñar… morir…
Asalto
La noche se arremolina en mi ventana,
salen al paso tus ojos
tus manos que acarician la atmósfera.
Llegan con el viento húmedo, la estructura de tu sonrisa,
y la ingravidez nocturna de tu voz.
te pienso cuando en el balcón,
te pienso y te quiero en todas partes.
La noche es profunda, el silencio me cobija;
pero la noción de ti que tengo en la panza… en la cabeza
me protege de todo,
me cura la premura de vivir.
Poemas del Poemario; Estertores y cenizas Obra reuenida
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