2024, El año del resurgmiento del haiku en México

Por: Jesús Gómez Morán

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Se dice que las coincidencias no existen. Marc Bloch cita con mucho tino en su Introducción al estudio de la Historia este proverbio árabe que a la letra reza: “Los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres”. Amén de sendos descubrimientos sucedidos de forma casi simultánea como el cálculo matemático (Newton y Leibniz), la corriente alterna (Edison y Tesla) o las impresoras de inyección de tinta (Canon y Hewlett Packard), sin olvidar la invención de la bomba atómica, en la que ya andaban cerca, además de los científicos del proyecto Manhattan, rusos y alemanes, en el campo de la cultura y la creación literaria podría decirse otro tanto. Octavio Paz al hablar de la tradición de la ruptura señala la dificultad de establecer una línea secuencial dentro de lo que se denomina poesía cubana, argentina, nicaragüense o mexicana, supeditada a un rango de geografía política, cuando (y en esto refrendan el proverbio árabe) dichas líneas de conexión es más fácil establecerlas entre autores coetáneos que entre los compatriotas.

             La certeza de esta aseveración sale a la luz cuando vemos el surgimiento del modernismo hispanoamericano de forma simultánea en autores que en persona no se conocían, pero que habían empezado a leerse entre sí: José Martí, Julián del Casal, José Asunción Silva y Manuel Gutiérrez Nájera. Hay una temperatura de la época, un contexto compartido que sirve de fermento proteico y convierte a dichos nombres en auténticos pararrayos, antenas capaces de aterrizar la señal que circulaba en el aire. Y en el caso de la llegada a Occidente de manifestaciones artísticas y culturales foráneas sucedió exactamente lo mismo: como lo apunta Paul Hazard en La crisis de la conciencia europea (1680-1715), de modo equivalente a las expediciones europeas que conquistaron y colonizaron el resto de los continentes, el temperamento estético de sus poetas y artistas comenzó a voltear hacia dichas latitudes orientales. Tal proceso fue paulatino y no terminaría de coronarse sino hacia la segunda mitad del siglo XIX, cuando el comodoro Perry, al frente de la armada naval gringa, obligó al imperio japonés a abrirse al comercio mundial.

            Por lo que respecta al haiku, Basil Hall Chamberlain propicia su difusión en Europa a través del libro Cosas de Japón, y posteriormente tendremos las primeras colecciones traducidas por William George Aston (inglés), Paul‑Louis Couchoud y Michel Revon (francés). Las condiciones pues estaban dadas para que, eventualmente, plumas diversas como las de Ezra Pound, Guillaume Apollinaire, Jules Renard y, por supuesto, José Juan Tablada, incorporaran dicha influencia oriental a su escritura. Todo esto obra (sostengo) del temperamento de una época, lo cual cobra énfasis cuando estudiosos como Josep M. Rodríguez, en su artículo “El haiku en lengua española: historia y didáctica”, han controvertido al poeta mexicano como su introductor en idioma castellano, presentando a modo de prueba una paráfrasis al español de Arakida Moritake, realizada por Enrique Díez-Canedo en 1907. Sí, una paráfrasis, y además no más de una que, si bien pudieran haber más, no podrían competir con una colección de haikus originales, o de poemas sintéticos como Tablada subtituló su libro Un día… (1919). “Una golondrina/ no hace verano/ ni hace nada”, me atreví a publicar en Epigramas sin épica (¿acaso antihaikus?) de 1998.

            Más relevante que acreditar a nombre de alguien la introducción del haiku en tal o cual tradición poética, me parece adecuado entender que las condiciones fueron dándose pausadamente para que el formato del haiku encontrara rápida resonancia, proceso que ya ha cumplido más de una centuria, digamos, desde que se aclimató a nuestro entorno lírico. Sin embargo es claro que de un tiempo a la fecha, nuestro país está a la zaga de naciones como España en cuanto al cultivo y promoción activa del haiku. En tal sentido puedo dar fe de la loable labor para mantener viva su llama efectuada por varias figuras, principalmente mujeres, que van desde Aurora Reyes, Norma Lorena Wanless, Gabriela Rábago Palafox y otros personajes más de quienes a continuación haré alguna referencia.

Piedra que traza el camino, si bien el 2024 comenzó con la lúgubre noticia de la muerte de la haijin Juana María Naranjo, el primer acierto para consagrar este año como el del resurgimiento del haiku fue de la editorial Tintanueva de Federico Corral Vallejo (en sociedad con Arde Editorial de Chihuahua), al lanzar el concurso de esta forma poética (pionero en su rama, pues no conozco otro a nivel nacional), honrando el nombre de la maestra Naranjo, quien en su asedio al trabajo del haiku alcanzó a publicar libros como Mariposas de luz o Privilegios del alba. Por ello, fue un orgullo, y yo lo asumo como un sentido homenaje a ella, que en esta primera edición pudiera compartir mis haikus con autores de distintos puntos de la geografía nacional como Mirta Luz Pulido, María Cruz, Laura Ocaña y Alejandro Pimentel.

Posteriormente, a modo de coordenadas que en astral conjunción se sincronizan, en abril del año pasado la editorial Hiperión sacó a la luz El sentido del haiku, continuación de Seis claves para leer y escribir haiku de la Dra. Seiko Ota, el cual, aparecido en 2020 durante plena pandemia, no pudo tener la resonancia esperada, debido a que, como dice su subtítulo, está pensado para aproximar al lector hispanohablante a la preceptiva del haiku japonés. El secreto del haiku lleva como subtítulo la sugerente propuesta de “dejar hablar a las cosas”, o sea, integrar en la escritura el kibutsuchinshi para, a través del entorno y de los objetos que nos rodean, transmitir por medio de ellos un particular estado de ánimo, todo esto a fin de exteriorizar nuestra enunciación poética, demasiado centrada, a mi parecer, en una visión egocéntrica y yoizante. Respecto a ambos libros, fui afortunado de haber podido revisar con la Dra. Ota tanto el contenido como sus versiones al español, teniendo muy en cuenta el facilitar su comprensión, no solo entre los interesados de habla hispana, sino en especial los de nuestro país.

Y como cereza del pastel, la maestra Hortensia Carrasco tuvo a bien lanzar la invitación, también en abril del 2024, para reunir en un mismo foro a los creadores del haiku en México, muchos de los cuales no se conocían entre sí, en un semestral Festival del haiku, y en el que, sin ser exhaustivo para enunciar su nómina, hemos podido constatar la variedad nutricia de tendencias que van desde el Haiku-Scify de Eduardo Verhaeren, o los Haikusismos (especie de kukai, esto es, un cónclave de haijines), composiciones que han aparecido publicadas principalmente en Facebook, y la escuela de Haikai de México encabezada por Ángel Acosta, en la que, además de cultivar esta forma poética, se buscan establecer los kigos (palabras que aluden a una estación del año) correspondientes a la geografía, el clima y las festividades de México, punto que también viene trabajando desde años atrás la maestra Cristina Rascón a través de la impartición de talleres de modo semejante a como en su momento lo hizo Saúl Ibargoyen (difundiendo entre nosotros la preceptiva rioplatense del haiku), y cuya labor tallerista será continuada a su vez por Angélica Santa Olaya.

A manera de colofón, considero necesario mencionar la solidez y constancia de estas acciones a partir de la continuidad de las mismas, pues el Premio Juana María Naranjo está por publicar su nueva convocatoria, en tanto que el festival semestral de haiku tendrá su tercera emisión en primavera de este año. A todo ello se suman las iniciativas simultáneas a verificarse en dos puntos del Valle de México este 26 de febrero (fecha que podría proclamarse como el día nacional del haiku): 1) el Festival de Haiku Rey Poeta Netzahualcóyotl, coordinado por Coral Chamuari en el Centro Cultural Bicentenario de Texcoco, con una sesión de lectura y análisis por parte de espléndidos autores y dirigida a estudiantes del Estado de México; 2) el taller de haiku “Estaciones de la palabra” que estaré impartiendo también el miércoles 26 a mediodía y dirigido a todo público, dentro de las actividades programadas para la 46 Feria del Libro del Palacio de Minería. Y en cuanto a las siguientes publicaciones de la Dra. Seiko Ota, en un futuro próximo tendremos nuevas noticias al respecto.

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